La niñez es un período donde la fantasía y la realidad se funden. Los niños están abiertos al mundo y lo maravilloso se puede vivir en el sencillo movimiento de un globo de colores que se acerca a las nubes.

Lo más sencillo puede estar empapado de magia y color. Suele pasar con cuentos sorprendentes, las historias antes de irse a la cama, las fábulas con animales; en escasas palabras, con la literatura infantil. Esto es un error clásico entre los adultos que se han olvidado de la energía pura del mundo infantil.

En nuestro apuro por ordenar y dirigir el mundo, a los humanos nos gusta clasificarlo todo. Así, la literatura une apreciaciones casi perdurables: literatura de misterio, de amor, de aventuras, de ciencia ficción; pero, si conversamos de niños, lo único trascendental es tocar la fibra de su imaginación por medio del misterio de las palabras.

Es un entretenimiento, la literatura, es sustancial y se debe conocer sus pautas básicas, si siembran las palabras y se crea un decorado, la historia crece en el interior y en algunos casos permanece eternamente y el hombre que ha cumplido con estas pautas siempre caminará con alma de niño.