En un mundo en que la necesidad de la relación se manifiesta a través de todos los niveles y en las actividades más diversas, el tema de la comunicación ha adquirido extraordinario relieve. La vida de los hombres en sociedad se puede esquematizar por la multitud de relaciones que vincula a unos con los otros.

En esa diversidad de relaciones a que aludimos hay que observar dos aspectos primordiales: saber transmitir las ideas y saber hacerse comprender por los demás.

Ese universo actual a que nos hemos referido, con su enorme capacidad de comunicación masiva, ha creado una “costumbre” de información que inevitablemente, ha influido en la vida misma de las multitudes, obligando, donde quiera que por cualquier suceso se reúnen hombres para el cumplimiento de fines determinados, a adoptar un sistema de comunicación.

La habilidad de quien comunica, como en el caso de los líderes o dirigentes, no consiste solamente en dar órdenes al amparo de la autoridad que se ostente, sino en situar a los receptores del mensaje en condiciones de aceptarlas o cumplirlas, más por la convicción y el razonamiento, que por la jerarquía de quien la emite.

Para que esto se logre es preciso controlar continuamente los canales de comunicación.