La capacidad para tomar decisiones oportunas, firmes y claras es una característica esencial del directivo, pero el tipo de decisiones necesarias variarán según las circunstancias. Ser positivo, ser resolutivo no significa tomar medidas de manera improvisada.

Aunque algunas veces puede ser necesario ante una emergencia, y ocasionalmente deseable por otros motivos, por ejemplo, si la decisión correcta es evidente, la definición correcta de “resolutivo” es “positivo”.

Un buen directivo ha de abordar las decisiones con seguridad, ser consciente de lo que hay que tener en cuenta y tener el mando del proceso. Comprenda el tipo de decisión exigida, y no tema modificarla si las circunstancias cambian.

Tomar decisiones rápidas es importante evaluar si una decisión puede tomarse con rapidez o si se puede esperar. Por ejemplo, si un buen cliente exige un descuento inmediato, tendrá que decidir en el momento si debe concederlo para no perder el negocio ni la buena voluntad del cliente.

Sin embargo, si está considerando un programa para rebajar los precios por propia iniciativa, podrá decidir qué hacer cuando esté preparado. Los buenos ejecutivos suelen tomar decisiones instantáneas, pero después evalúan lo que supone a largo plazo. Si una decisión falla, tome medidas rápidamente.