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Archivo para febrero, 2014

Aventuras en el abismo del futuro

[Sobre dos primeros libros de Cave Librum Editorial: Los manuscritos del monte Richardson de Diego Aristi López (96 pág., febrero 2013) y Mataderos dixit de Gustavo Genez (96 pág., febrero 2013).]

Por Omar Genovese

Un editor de cierta publicación cultural argentina se ufana de no publicar artículos sobre primeros libros de escritores. Para refutar semejante prurito, la presente página se ocupa de los primeros libros de dos escritores en una reciente editorial, Cave Librum. Doblemente parturienta, la literatura seguirá naciendo y renaciendo, a pesar de la falta de críticos con voluntad de lectura. Vale decir, aquí se apela a los lectores, se intenta dialogar con el estilo de los escritores, pero siempre a la sombra del fracaso, única constante intelectual evidente. Fracaso no es lo mismo que derrota: en la derrota hay lucha, mientras que el fracaso puede llegar por abandono, darse por vencido, aunque Sarmiento reclamara un segundo esfuerzo sin lógica. Leer también es un fracaso, por eso de dejarse llevar sin más, para que nada importe, aunque en nuestras manos palpite el último libro posible.

De la derrota y el fracaso tratan Los manuscritos del monte Richardson de Diego Aristi López y Mataderos dixit de Gustavo Genez. Ambas nouvelles tensan entre sí la idea de que no hay vencedores y que todos hemos fracasado, aún sin saberlo. Nadie resiste a semejante acusación frente al espejo. ¿Son estos textos especulares o reflejan al lector el espanto que encarna? [...] Continuar la lectura

Buenos Aires, laberinto de soledades

Portada[Sobre La ciudad alucinada, Rafael Toríz, Junio de 2013, 145 págs., Conarte, Premio Nacional de Ensayo Alfonso Reyes 2012, México.]

Por Mariano Vespa

El tacto de la ciudad se percibe por los pies dijo alguna vez Martínez Estrada. El diario  que presenta Rafael Toríz se inicia a las corridas: mientras busca la casa de Xul Solar,  esquiva los disparos que se producen en el traslado de los restos de Perón a la quinta de San Vicente.  La experiencia de este joven escritor mexicano, afincado en Argentina gracias a una beca, es pura piel: “La ciudad es la Matrix y sus ciudadanos somos, en su espesa mayoría, meros transeúntes inconscientes de su lugar, su poder y su injerencia en el acontecer de la urbe.”

El desborde citadino exige un cambio de perspectiva: en palabras de Michael De Certeau se puede ser mirón o caminante. Vista en perspectiva o desde el corazón mismo, Buenos Aires proyecta sombras, infunde grados de sospecha. Los pliegues porteños como el teatro under, el rito del choripán o el halo de nostalgia hacia el Citroën 2CV son algunas de referencias que toma el narrador a la hora de trazar comparaciones con espacio heterogéneo, vital y fantasmagórico como lo es la ciudad de México: “A Buenos Aires, por fortuna, se la penetra. El Distrito Federal, por el contrario, nos devora sin digerirnos”. [...] Continuar la lectura

Juan Gelman, el poeta estatal

Por Pablo Farrés

Cuando uno se pregunta quiénes fueron nuestros “grandes poetas nacionales” o  “Grandes Poetas Estatales -del Estado, por el Estado y hacia el Estado-”, no encuentra demasiados. Hace poco murieron Zelarrayán y Leónidas Lamborghini y no hubo un solo día de duelo. Ni Juan L. Ortiz, ni Viel Temperley, Perlongher o Joaquín Giannuzzi, fueron poetas estatales. No es fácil transformarse en poeta estatal, básicamente porque al poeta estatal no le importa la poesía. El único caso que se me ocurre es el de Lugones, aunque a Lugones sí le importaba la poesía. Y claro está, la muerte de Gelman es el corolario de un largo proceso que tuvo como fin el mismo artificio lugoniano. Los dos tuvieron su “hora de la espada”, los dos supieron armar la mitología del poeta guerrero. Cambió el contexto, la política parece haber exhumado el cadáver de lo común para dedicarse a la mera administración de cuerpos y de bienes, pero la necesidad estatal de una narración épica de su propio poder, por medio de su poeta estatal, sigue en pie. No importa el contenido ideológico, lo que importa es cómo el poeta estatal define un adentro y un afuera, un nosotros contra ellos, y de qué manera, en esa misma traza, determina los modos de exclusión del horror con respecto a la sana conciencia moral, dándose el lujo de una pureza cuasi mística –“mi dolor que es el dolor de todos…”. [...] Continuar la lectura