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Archivo para noviembre, 2013

Describir la propia monstruosidad

25388-320-0[Sobre El Reglamento, de Pablo Farrés, nouvelle, Letra Viva, marzo 2013.]

Desde hace algunos años –y casi en secrecía–, Pablo Farrés viene construyendo una obra anárquica, original, potente y absolutamente delirante. Con algunos ecos estilísticos de Libertella, Di Paola y sobre todo Osvaldo Lamborghini, Farrés se planta con su último libro ante la tradición argentina.

Por Omar Genovese

¿En qué momento el escriba Farrés puso a un lado el tiempo personal y lo sacrificó en el teclado? ¿Con qué fin explora el tiempo que le instaló su lengua en crecimiento? El lenguaje puesto en discurso cíclico arrasa con el tiempo de lectura, lo toma por el cuello y lo sumerge (como en el viejo mito), con el objeto de limpiar la mirada. Pero no a la manera sacerdotal para volverse probo, no. El lector que mira es la propuesta de El Reglamento, es el fin último de su intención. Sacar el ruido discursivo de lo indigesto, la conexión orgánica entre la boca que enuncia y el ano que clausura; en el atrevimiento, la confusión también alude a lo fantástico. Ahora, la fantasía es ése tiempo que construye el relato relatándose a sí mismo, primer bucle imaginario. Luego, la mutación del discurso, la duda en construcción. Qué es verdad, o si la verdad no es más que la enunciación inacabable. Y ahí el corte, lo subterráneo en el lector: hay capas de relato, codificaciones léxicas, puestas en marcha contra el sujeto que “habla-escribe”, el run run letrado indetenible, flujo en el líquido que instala la imago última de un sacrificio ritual y secuela del deseo desplegado. Porque el que habla-escribe, tiene deseo de transformación, la mutación inervada.

El director del Instituto, prolífico escritor apreciado por el Régimen –figura que remite a Robert Walser y su Herr Benjamenta en Jakob von Gunten (1909)–, comienza su diatriba sobre el pedido del Ministro para redactar El Reglamento, despotrica razonando ante la imposibilidad de redactarlo, pero a la  manera de Franz Kafka, agotando toda lógica en la geometría de cierta inmovilidad que angustia. [...] Continuar la lectura

Rapiditos

rapiditos - joe newtonPor Dan Savage

¿Nos resolvés esto, Dan? ¿Cuál de estas opciones significa pedir más: un solo trío por única vez en la vida o sesiones sadomasoquistas (complejas) habituales?

Encuesta Necesaria Para Fallo Privado

Dejame adivinar: a tu pareja le gusta el sado y a vos no. Hiciste el trabajo difícil de atar a él/ella/algún-otro-punto-del-espectro-de-géneros durante años… y ahora la pareja por la que te esforzaste tanto para satisfacer (y refrenar) considera que tu pedido de un solo trío por única vez en la vida es demasiado para él/ella/AOPDEDG.

Mi fallo: las sesiones sadomasoquistas intensas y habituales demandan más en términos de tiempo y esfuerzo —sobre todo si adiviné mal, ENPFP, y vos sos la persona a la que están atando sin que le guste el sado— pero un trío, incluso una única vez, para la mayoría de la gente implica más demanda en términos emocionales. Mientras que la primera opción requiere paciencia y resistencia, la última obliga a un repaso de los sentimientos sobre la monogamia, sobre compartir a tu pareja con otra persona, etc. Demanda menos tiempo y esfuerzo, sí, pero requiere saltar una valla mucho más alta en términos sentimentales.

Soy un hombre hétero soltero. Tuve una amiga con beneficios varios meses hasta que empezó a salir con un tipo nuevo que le pidió que dejara de hablarme. Es como una bandera roja. Una cosa hubiera sido que le pidiera que dejáramos de coger, pero pedirle que corte completamente la amistad me parece una señal de alerta de un controlador. ¿Estoy exagerando? ¿Debería decirle algo a ella?

No Puedo Entender Pérdida De Amante

Aislar a un novio de su familia y de sus amigos es una bandera roja —y una jugada típica de abusador—, pero pedirle a una chica con la que acabás de empezar a salir que la corte con un amigo que se está cogiendo hace meses no es de abusador. Si, además de cortarla con vos, le está pidiendo que la corte con amigos sin beneficios y familiares, entonces sí hay bandera roja y deberías hacerte esuchar. Pero si sos vos solo quiere decir que es inseguridad común y corriente por parte del novio nuevo. Decile a tu ex amiga con beneficios que esperás que puedan restablecer su amistad cuando su novio nuevo se sienta más seguro o esté fuera del cuadro —lo que venga primero—.

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El Testamento de Lenin. Verdad y manipulación

Portada_550[Este texto es un fragmento del libro La historia falsa y otros escritos, que acaba de publicar la editorial Capitán Swing, con traducción de Inés Campillo Poza, Antonio Antón y Regina López Muñoz.]

Por Luciano Canfora(*)

Entonces Focio, tras haber plagado el escrito de innumerables mentiras con las que sabía hacer feliz al que las escuchase, lo transcribió en hojas decrépitas y en caracteres alejandrinos, imitando una escritura ya desusada. Lo recubrió entonces con una encuadernación antiquísima y lo volvió a colocar en la Biblioteca de Palacio.

Nicetas, Vida de Ignacio, 568A.

Los testamentos de los grandes protagonistas son, por así decirlo, una carta a la posteridad, además de a los coetáneos. Para los continuadores tanto como para los adversarios. Esto explica el cuidado que algunos grandes constructores de nuevos regímenes han tenido a la hora de protegerse contra intrusiones póstumas en su voluntad.

Tal es por ejemplo, el objeto de la meticulosa puesta en escena prevista por Augusto (14 d. C.) con el fin de regular todo lo que por deseo suyo debía ocurrir y leerse ante el Senado, convocado en sesión esencialmente conmemorativa para escuchar sus últimas Palabras [18]. Por ello, la custodia de éstas, y en especial de ese sorprendente texto que resultó ser el Index rerum a se gestarum, le fue confiada a la clarividente consorte, Livia, pero también al colegio de las Vestales [19].

Obviamente, un “testamento” es de por sí un hecho histórico. Y lo es también cuando ha sido manipulado (o también creado ex nihilo).

A finales de enero de 1976 la agencia japonesa Sankei Shimbun publicó un Testamento de Zhou Enlai, primer ministro chino desaparecido algunos días antes, el 8 de enero de 1976. La sospecha de que se trataba de una falsificación comenzó a circular de inmediato. Los temas tratados eran, en el mismo orden y a menudo con impresionantes coincidencias verbales, los desarrollados por Zhou en la última entrevista que concedió a Edgar Snow. Además, reflejaban de manera precisa el esquema de la intervención de Deng Xiaoping en la sesión especial de las Naciones Unidas sobre materias primas, en 1974. Encajada en el conjunto, brillaba también una frase sobre el “papel del Partido” que se encuentra, idéntica, en el informe leído por Zhou en la tribuna del X Congreso del Partido Comunista Chino. Una sola inserción resultaba completamente nueva en el plano conceptual: la necesaria prioridad de la industria pesada en el nuevo plan quinquenal chino. ¿Para qué este montaje y en beneficio de quién? Una ausencia proporcionaba, quizá, la clave: la ausencia de cualquier referencia a las relaciones ruso-chinas, tema en los años previos y en el periodo tardo-maoísta, lleno de durísimas polémicas. Una explicación plausible del nada refinado pastiche era que se pudiese leer como mensaje de la facción de Deng (muy leal a Zhou), entonces en trayectoria ascendente dentro del Partido Comunista Chino, dirigido al interior y al exterior y también a la URSS. De hecho, pocos días antes (24 de enero) el elogio de Zhou Enlai en la televisión soviética había sorprendido a todos, después de años de ataques. El falso testamento funcionó como un auténtico acontecimiento, a todos los efectos. [...] Continuar la lectura

Vender elixir donde no hay remedio

Por Omar Genovese

La literatura no mejora a los humanos. Caso contrario bastaría con obligar a leer a todos y cada uno de los seres con tendencias a la manipulación, el genocidio, el dominio del otro, rasgos que encabezan una larga lista con las abominaciones más variadas para este desconcertado escriba. Como nadie mejora por la lectura es de esperar que sí empeore por el mismo acto. Un profesor universitario de latín, meses atrás, me dejó angustiado con la siguiente frase: “La culpa de todo la tiene Gutenberg”. Y no se refirió a la difusión de la palabra sagrada, sino a la otra, a la de la tabla de la ley. Legislar es una manera social de regir el futuro, algo que la literatura hace es imaginarlo. De por sí, un legislador es el peor enemigo de la creatividad: lo que no está contemplado en la letra de la ley carece de castigo. Mientras que lo literario siempre será castigado porque su intención es del orden del placer, como eludir toda ley. [...] Continuar la lectura

Lecturas

Por Jeremías Maggi

Hay una diferencia sustancial entre las lecturas del lector y las lecturas del escritor.

¿Acaso no es el lector un escritor desinteresado? Sí, todo lector es un escritor que se encamina por los registros propios y abdicativos, registros que le son indelebles a la vocación de culminar las lecturas. El lector es un ser que ha optado por el sacrificio de lo leído en pos de lo posible, una vocación bastante sensata para seres dispuestos a penetrar hasta el fondo de lo posible de un texto.

En cambio el escritor es como un mariscal derrotado que arremete continuamente contra una obra ajena para comprender la propia; en el fondo las guerras son eso, búsquedas de identidades en el vacío del lodo. Un rasgo del buen escritor es su cualidad para leer, pero ese rasgo no es indemne, el escritor no lee como el lector, lo hace de otra manera, lo hace perforando los pliegues que dejan las palabras que no le son propias, lo hace golpeando y marcando un ritmo dentro de una construcción propia. En el fondo las cartas de Fitzgerald a su hija marcan ese ritmo, esa forma de limitar las lecturas, de marcar aspectos propios que sirvan para leer la propia obra; Fitzgerald no le escribe a su hija, se escribe a sí mismo, no porque sea egocéntrico, sino porque está leyendo su obra como un producto mayor, propio y ajeno al mismo tiempo. El escritor es performático en su obra, en su proyecto, es por eso que puede terminar leyendo cosas que le son lejanas y extensas, obras que ya nadie leería o solo frecuentadas por especialistas de otra materia. Muchas veces he leído cosas que nadie en su sano juicio las leería por placer, lo he hecho solamente para buscar una frase, un párrafo, una idea, una excusa, una forma de limitar a un personaje y, ese acto, solamente serviría para catalogar a otros en un círculo de demencia absoluta. Las lecturas del escritor son lecturas propias, ajenas y olvidadas. [...] Continuar la lectura

El malestar en la cultura francesa o el cinismo en el tocador

Onfray Filosofar como...[Filosofar como un Perro, Michel Onfray, Capital Intelectual, 2013]

Por Manuel Di Leo (aka Luciano García)

Onfray se lleva muy mal con los otros mêtres filosóficos y best sellers de nuestra lejana patria filosófica y literaria –Francia, natürlich-. Lo testimonia este libraco acaso entretenido acaso plomizo a lo largo de sus casi 400 páginas. Por ellas podemos pispear algo de las míseras rencillas entre estos muchachos que a nuestras pampas arriban como paquetes abultados de ideas fijas-de autor para sobrellevar los avatares. Los mercaderes de ideas y los acaparadores universitarios –según la doble rotulación dadaísta de Tristan Tzara (y yo hoy soy dadaísta, por lo menos mientras tipeo estas letras)- son como los maníacos si no fuera que son, nomás, sinécdoque o nosequé, una mercancía del consumismo cultural (Y yo al libro lo pagué). Apostrofes de acá y de allá contra las otras marcas, Alain Badiou, Glucksmann, Luc Ferry, Finkielkraut, Debord, Sollers, Robbe-Grillet, Debray, y charlistas más figurones menos. Pero el enemigo número uno es el sartreano gentleman Bernard Henri-Levi (BHL para Onfray).

Así Debord es un sacerdote inquisidor de su propio fondo de comercio, organizador de su propia invisibilidad mediática por interés mediático. Debray deja al Che por los sacramentos, Sollers “besa la pantufla papal”, los rebeldes de Mayo se hacen yuppies, y los filósofos críticos famosos se hacen chupacirios. Si hay que elegir entre Bernard Henri-Levi y Badiou, bajemos la persiana ahora mismo, dice el autor. Ni neoliberalismo ni neomarxismo. Ni Sarkozy con Ségolène Royal ni Mao con Platón dice. Badiou –“defensor de los crímenes maoístas”-, Ranciere, Agamben, Zizek, Sloterdijk son “los retóricos sublimes para un futuro invisible”. Y si Heidegger era nazi, Sartre estalinista (El retrato dietético de ese filósofo cara de batracio que había hecho en El Vientre de los Filósofos ya había sido más que lapidario.).

Por qué acá Onfray apareció como un filósofo-gourmet, como un nuevo referente insignia de la nueva cooltura palermitana (ampliamente detallada en The Palermo Manifesto, sin que esta cita signifique aval o condena a nada), es un poco un misterio. Cierto que a Onfray mismo le gusta oscilar entre los cirenaicos los epicúreos y los cínicos, apareciendo como un nuevo espécimen de anarquista que se da los gustos en vida, de buen comer y buen vestir, o como un dandi de la izquierda “denuncista” –por usar el conflictivo epíteto de González-. Por el contrario, acá critica a “la izquierda caviar”, según se lee, los Mayo 68 devenidos yuppies. En esta recopilación de artículos –publicados en la revista del sanguinolento humorista gráfico Siné- que integran tres libros –inéditos y editados- compactados en uno, se puede contemplar la vertiente denuncista del franco filósofo. [...] Continuar la lectura