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Archivo para abril, 2013

Heroica Rebelión: 70 años del levantamiento del ghetto de Varsovia

bigw03Por Nicolás González Varela

El pasado 19 de abril se cumplieron 70 años del levantamiento del ghetto de Varsovia, salvajemente reprimido por destacamentos especiales de las SS. Se realizaron conmovedores homenajes y actos de memoria histórica en el lugar arrasado donde se erigía el ignominioso lugar de concentración. Se ha aprovechado la ocasión para inaugurar un Museo sobre Historia de los judíos polacos. Al exterminio que los nazis iniciaron en 1940, rodeando con un muro de 2,5 metros 800 manzanas en las que vivían hacinados 380 mil judíos, le siguió la aniquilación sistemática llamada eufemísticamente Grossaktion en la sofisticada “Lingua Tertii Imperii” del Nacionalsocialismo. Se inició el 19 de abril de 1943, comandada por un nuevo comandante, Jürgen Stroop (su nombre era Josef, pero como muchos alemanes se lo cambió por uno más ario). Según su informe minucioso, la operación se realizó con un núcleo duro de 85o comandos, penetrando el ghetto en dos secciones, que fueron reforzadas por SS Panzergrenadier, tropas de caballería, SS y regimientos de policía, tropas de apoyo técnico, SD, ingenieros de la Wehrmacht, incluso Trawniki-Männer del campo de entrenamiento Trawniki, además de policía polaca. Hasta el 16 de mayo arrasaron una veintena de manzanas, matando a más de 65 mil personas. La mecha que encendió la rebelión fueron las deportaciones masivas del año anterior y el estado cada vez más crítico de la población más débil. Heroica rebelión, digna como ninguna, los pobres y famélicos soldados judíos del ZOB (no pasban de 750 hombres y mujeres con disparatado armamento) resistieron más tiempo que la gloriosa Francia en 1940. Recordemos que las primeras acciones militares fueron contra la propia policía judía del ghetto, dependiente del “Judenrat”. [...] Continuar la lectura

Georg Cantor

Gallina[Hablemos de los fakes. ¿O somos hablados por ellos? ¿Alguno en particular? Si se es hablado por un fake universal, ¿es Él en estado político transimaginario? ¿En qué medida la red social twitter revaloriza el enunciado mitológico del muerto regresado? ¿“Red social” es el uso real o una aparente designación intuitiva? ¿Lo social está en lo virtual? ¿Quién come viruta de bits? ¿Un loco o un tonto? Y así, cuando el infinito se debate por cuál estrella es el último referente espacial (en caso de que un concepto filosófico tome independencia del emisor), adviene el texto breve, en broma, o sin humor, sépase al leer, al invocar. El derecho a la cita no está contemplado en ninguna constitución, salvo que se borre el nombre del padre. El cuento que sigue está intervenido lateralmente por una discusión (el simposio) sobre la identidad virtual profanada: que un otro se enuncie como otro. Ser diciendo lo que otro. Ser un texto falso, ¿pero hasta qué punto? ¿Los puntos definen la falsedad? Y de ser falso, ¿importa? ¿Hay billetes virtuales que admitan falsificación? Está Vonnegut, el homenaje. Está y no lo está. En sí, no hay nadie. Mientras J. Maggi (¿Es en algún dimensión? ¿Existe?) redactaba la ficción, el intercambio en twitter recrudecía: un usuario encontraba el nombre de la pieza literaria, otros tironeábamos del hilo para que el autor emitiera más juicios al respecto. No sé si realmente la escribí –pues sentí un abismo en el debate–, pero la siguiente frase resulta extraña: “El fake no tiene ADN sino cadena lingüística...” Bien, que nadie pida traducción o explicación alguna, carece de importancia. Mientras tanto, decretemos la muerte fake de Žižek, ¿o no la merece? OG.]

Por J. Maggi

Todavía Fogwill no había terminado de escribir «los pichiciegos» que ya al colimba lo habían hecho bailar sobre la mierda del establo. Hasta llegó a pasar un buen tiempo hasta que Fogwill terminase la primera versión del borrador para que suceda la charla entre el pastor evangélico y el colimba arriba de una chata en dirección a Buenos Aires. El viaje entre Campo de Mayo y Buenos Aires se sucedia por caminos que parecían haber sido mantenidos por un ejército de boqueteros. El pastor evangélico le fue explicando tranquilamente cómo las balas de los ingleses iban a ser desviadas por Dios, el colimba le preguntó como lo sabia y el pastor evangélico respondió que Dios se le había aparecido en el desayuno señalando una higuera infectada de hongos en donde encontró un corazón que decía “Argentina”. Al colimba le pareció todo un poco dudoso y le preguntó por qué infería que el corazón en que decía Argentina estaba relacionado con la guerra, con las balas del enemigo. Dios todo lo sabe, le respondió el pastor metiéndose los dedos en la nariz y, después, señalando el cielo como si en las nubes, de golpe, fuese a aparecer la explicación que al colimba le era incomprensible. Por un momento pensó en pedirle que lo dejase ahí en medio de la nada e irse caminando hasta el basural de Operación Masacre, detenerse en el punto preciso donde los dos árboles se conjugan para conformar uno, «ilusión óptica» o algo por el estilo había escrito Walsh en el libro, algo sacado de Chesterton, agrega un poco más adelante, tal vez no diga nada y todo esto lo haya inventado el colimba en ese momento y, en vez de dos árboles, uno viese todos los árboles del mundo proyectados en uno solo, una especie de portal.

El fake es la oficina de bromatología de todo óvulo. Los condenados a muerte suelen decir a sus psicólogos que son fakes esperando la redención. En el tomo cuarto de «Relatos de pre-muerte» de la editorial Argonauta, se pueden leer frases como: «lo he dado todo y sin embargo nunca me he sentido completo, ni siquiera en la muerte del otro»; «desperdicié muchos años de mi vida con la esperanza de verlos a ustedes muertos y, sin embargo, nada de todo ello me fue posible»; u otras tan incomprensibles como: «el terreno es fructifero de noche»; «no hay elemento que se equipare a la pérdida de un ojo»; «la escenografía es eficaz cuando alguien la difunde», entre otras. Si todos fuésemos capaces de comprender, aunque sea una sola vez que hemos sigo alguien y, que ese alguien, alguna vez, fue otro de otro, un fake provisorio por sobre todas las cosas, seríamos felices. [...] Continuar la lectura

Catástrofes inevitables del ser

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[Tormentas, Juan Zorraquín, Mardulce, 184 páginas, Marzo 2013.]

Por Omar Genovese

“Yo habría querido petrificar mis sentidos y que la lluvia continuara eternamente”, escribió José Eduardo Wilde en su breve relato La Lluvia. Para cualquier reseñista este libro tiene un problema: el prólogo de Luis Chitarroni persuade de cualquier inscripción canónica, exalta el rumor de una paz en armas literarias. Por ello resulta sumario ver qué borde de los cuentos milimétricos constituyen el tipo de artefacto que funciona. El mecanismo en sí: un plano horizontal que remite a las cuatro ubicaciones de la brújula, otro vertical desafiando la gravedad, y el último, indicando la profundidad por apnea, el fin del buzo, su silencio nupcial con la muerte en la oscuridad, con toda la masa líquida como tumba dinámica. Cómo adhiere la lectura, ahí la destreza, con qué se alimenta y llega la urdimbre de destellos, los relámpagos de ese imprevisto natural que nos mece como pasto seco, sin importancia. Pero antes, repasemos: incurable (la fe en la letra, al extremo de ambicionar la eternidad mientras sea posible leer), dolor (ante la pérdida de un libro, la desesperación por la cita como temblor febril), desasosiego (cuando nada se puede hacer ante lo irreversible de la muerte, un texto inacabado, un escritor que pudo ser universal y se perdió en la deriva del abandono), tristeza (ante el mecanismo del cuerpo que envejece, como la enciclopedia en los estantes, las páginas amarillas desmenuzándose por la humedad de la atmósfera). [...] Continuar la lectura