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Archivo para agosto, 2012

Presentación “Mi Buenos Aires querido”

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Mi Buenos Aires querido

Entre la democratización cultural y la desigualdad educativa

Compiladora: Ana Wortman

La oferta cultural de Buenos Aires revela una ciudad vital y creativa. Nadie podría decir que no sabe qué podría hacer en su tiempo libre. No alcanza el tiempo para hacer y disfrutar todo lo que se ofrece. Espectáculos musicales en bares, en la calle, en las plazas, en espacios abandonados, conferencias, presentaciones de libros, charlas, debates en librerías que son también bares, o en casas, renovación permanente de locales, barrios que se ponen de moda en un contexto de nueva oferta y de valoración de objetos de la vida cotidiana incluida la vestimenta a partir de la expansión del diseño. Estos fenómenos conviven con el crecimiento del consumo de nuevas tecnologías de la comunicación y de la participación de la gente en redes sociales. Si, por un lado, podemos hablar de una extendida democratización del acceso a la cultura, tanto como productores como consumidores, con la educación constatamos el sentido inverso, una creciente fragmentación educativa, que expresa límites más duros en el orden social. Allí está la paradoja de nuestra sociedad contemporánea, que atiende en Buenos Aires.

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Presentación: “La máscara sarda”

Invitación 4 Sept 12

Novela de Luisa Valenzuela.

Presentación el martes 4 de septiembre, 19 hs.

Cúspide Libros Recoleta Mall

Vicente López 2036

“Cierto negro brasileño leproso” un sueño político-filosófico de Spinoza (II)

SueñoSpinoza(1)[La primera parte del presente artículo puede leerse clickeando aquí.]

Por Nicolás González Varela

“Los hombres son enemigos por naturaleza. Pues, para mí, el máximo enemigo es aquel que tengo más que temer y del que debo guardarme más.”

(Baruch Spinoza, ‘Tractatus politicus’, 1677)

“No hay nada más terrible que un Estamento bárbaro de esclavos que haya aprendido a considerar su existencia como una injusticia.”

(Friedrich Nietzsche, XVIII, ‘Die Geburt die Trägedie’, 1872)

“Los pueblos modernos de Europa no han hecho más que encubrir la Esclavitud en sus propios países y la han impuesto en el Nuevo Mundo.”

(Karl Marx, ‘Misère de la philosophie’, 1846)

“El Sueño es absolutamente egocéntrico.”

(Sigmund Freud, ‘Die Traumdeutung’, 1900)

“Sirva de ejemplo la ciudad de Amsterdam, la cual experimenta los frutos de esta libertas en su gran progreso y en la admiración de todas las naciones. Pues en este Estado tan floreciente (florentissima Republica) y en esta ciudad tan distinguida (urbe praestantissima) viven en la máxima concordia todos los hombres de cualquier nación y secta: y para que confíen a otro sus bienes, sólo procuran averiguar si es rico o pobre, y si acostumbra a actuar de buena fe o con engaño…”[1] La utopía concretada, la única libera Republica es para Spinoza exclusivamente  Amsterdam, amada y venerada metrópoli, la nueva Atenas de Occidente. El alma burguesa de la Republiek der Zeven Verenigde Nederlanden,[2] era en la mitad del siglo XVII la sede estratégica mundial del negocio de trata de esclavos, los viles contratos mercantiles de venta y entrega de esclavos africanos se elaboraban en ella y en ella tenían sus oficinas la mayor parte de las nuevas multinacionales esclavistas europeas.[3] Además de ser el gran centro del Capital, del transporte marítimo moderno y de la primera banca pública capitalista,[4] Amsterdam fue la gran factoría de Europa occidental; a ella llegaban todos los productos necesarios gracias al intercambio combinado y desigual generado por el comercio de esclavos: telas y paños de muchas naciones, oro, armas, perlas, cobre, hierro, brandy, tabaco y muchas otras materias primas. Amsterdam, era la principal ciudad de las Provincias Unidas, una “Federación muy descentralizada de siete miniestados-provincias, que a su vez eran federaciones descentralizadas de ciudades y pueblos.”[5] Los barcos de esclavos procedentes de países extranjeros, sobre todo de Inglaterra, ponían como fin de travesía Amsterdam con el fin de adquirir mercancías para el comercio africano. Era una Mecca del nuevo Republicanismo comercial. Unos años antes, su maestro Descartes se había sorprendido del extendido materialismo y el fervor por la ganancia, el nuevo Esprit capitalista que imperaba en la ciudad: “En esta gran ciudad (Amsterdam) en que me encuentro, como todo el mundo está ocupado en el comercio excepto yo, cada cual se halla tan atento a su provecho que bien podría permanecer aquí toda mi vida sin ser jamás visto por nadie.”[6] Spinoza le recordaba a sus lectores la enorme suerte de hallarse en una ciudad-estado como Amsterdam en plena libertas integra; tanto él como sus contemporáneos poseían “la rara dicha de vivir en una República, donde se concede a todo el mundo plena libertad para opinar y rendir culto a Dios según su propio juicio, y donde la libertas es lo más apreciado y lo más dulce (dulcius)…”.[7] Nos resulta extraño que la libertad que se goza en la mercantilista Amsterdam le resulte a Spinoza dulcius, dulce, pero veremos que es una exacta concordancia ideológica con la visión del primer Liberalismo, el llamado Doux Commerce. Viviendo en ella, Spinoza ha tenido una pesadilla, que le ha conmovido de tal manera que se la confiesa a uno de sus corresponsales y compañero de militancia liberal, el comerciante Peter Balling. Una imagen queda retenida, por la fuerza de la imaginación, en su retina: cujusdam nigri et scabiosi Brasiliani quem nunquam antea videram, la de un negro y leproso brasileño que jamás había visto antes. [...] Continuar la lectura

Ensayo de Sombras

plancha mujeres libro saezPresentación

Un libro de Claudio Saez.

Martes 21 de agosto, 19 hs.
Café Tortoni.
Av. de Mayo 825, CABA.

***

La otra condición de lo humano

El_club_de_los_optimistas_incorregibles[Sobre El club de los optimistas incorregibles de Jean-Michel Guenassia, El nuevo extremo/RBA libros, 656 páginas, Noviembre 2010]

Por Omar Genovese

Esta novela es un intento de reconstrucción [toda ficción es intento, pues se acerca a su objeto sin agotarlo por completo, por eso el límite en la extensión de páginas] de la geografía social parisina en el período comprendido entre 1959 y 1964. La autorización temporal a la que recurre el autor se ubica en un presente que ya es pasado: el cortejo fúnebre de Jean Paul Sartre en abril de 1980. En esas páginas iniciales, Michel Marini, ya hombre, encuentra a un viejo refugiado político del Este desatando el devenir de la memoria. Y, recurriendo a la tradición novelística francesa (Balzac, Stendhal), nos dice: vamos al pasado, al que nunca volverá y del que somos un resultado aparente. Con múltipes tonos de distintas primeras personas, Guenassia expone un paralelo histórico: el destino de Sartre evoca al de Víctor Hugo, pero en las contradicciones de una izquierda desencantada del estado –a pesar de su histrionismo ideológico, al que vapuleara Céline con efectiva crueldad–, mientras la Guerra de Argelia actúa como el suceso social traumático al estilo de lo que fuera La Comuna de París para el dramaturgo romántico. Así, existencia y amor serán las claves: amor por la inquietud adolescente (del metegol a la fotografía y el cine, de la lectura al ajedrez, del desarollo físico al enamoramiento); existencia en un grupo de idealistas que rodean al hermano mayor, y en el espacio paralelo –el pequeño universo de la tragedia humana–, que es la trastienda del bar, sede de El Club, en donde Michel conocerá tanto el valor de la amistad, como el de la ira, tanto la pasión de los hombres como el rencor más avieso y triste. Ese todo opera en el envés de una París que mansamente promueve el bienestar consumista para olvidar la guerra. Pero es en la familia Marini donde se anuncia el conflicto de época. Un padre ex prisionero de guerra de apellido italiano, casado con la heredera de un negocio de electrodomésticos de rancia estirpe francesa (Delaunay), quien no soportará la prosperidad económica generada por el ingenio comercial del esposo. La competencia intrafamiliar devela el racismo, el desprecio de clase y la sabiduría en el dolor de un padre que renunciará a la convivencia. [...] Continuar la lectura

Densa acumulación de tedio

volpiPor Oliverio Coelho

Resulta difícil hablar de un libro que no ponga al lector en ningún tipo de aprieto emotivo o sensorial. Parece innecesario escribir sobre un libro cuya sinopsis puede resultar impecable a la hora de ser vendido en una feria pero que en su ejecución, como sucede en muchos de los textos que circulan en el mercado literario internacional, termina siendo deficiente. De hecho sería redundante discurrir sobre una novela fallida –que no es necesariamente una novela mala– si el autor del libro no fuera Jorge Volpi, un estereotipo de escritor latinoamericano que  uno tendería creer está en extinción: diplomático, respetuoso de la alianza entre elite cultural y clase política que en la república de las bellas letras mexicanas sellaron Octavio Paz y Carlos Fuentes.

Desde hace tiempo, tal vez desde su celebrada novela En busca de Klingsor (1999), la devoción de Volpi por fórmulas asimilables por el mercado es inversamente proporcional a su inversión literaria. Esto no es en sí un valor negativo ni positivo; esta desinversión o retroceso estaría justificada si el autor lograra un best seller a partir de la revitalización de sus propios lugares comunes. Hay escritores comerciales -Stephen King, sin ir más lejos-, en quienes la misma fórmula desata un estilo inconfundible. Para lograr esto, sin embargo, hay que saber tramar; también un best seller exige talento y, sobre todo, eficacia en el procedimiento narrativo. No alcanza con un asunto seductor. [...] Continuar la lectura

Cada mujer en su crisálida de dolor

los_hombres_te_han_hecho_mal_planeta[Sobre Los hombres te han hecho mal de Ernesto Mallo, novela, 208 pág., Planeta, Julio 2012]

Por Omar Genovese

Si hay algo que nos acerca a la infamia humana es la novela negra. El paradigma social argentino aporta al género un fuerte verosímil a evocar: testigos falsos, complicidad policial, corruptela política, y la madre de todas las batallas, el ejercicio contumaz de la hipocresía. Tal complejidad es el telón tras el cual los impunes perduran. Ernesto Mallo, atento a la escandalización de la sospecha, hace foco quirúrgico en una serie de sucesos que exponen la trama como un guión cinematográfico contra el sentimentalismo, con diálogos sin guiones, casi continuo de la prosa pero en bastardilla, evocando la escucha temerosa a escondidas. La tercera persona omnisciente de Los hombres te han hecho mal, la voz puesta a tejer la compleja lógica del tiempo que progresa, es una tenue sombra dicotómica, alguien que podría pensarse como cámara absoluta registrando sin pudor a la vez que, como un dios tímido decepcionado, reniega de su creación. En los contrastes situacionales –evitando diatribas morales culposas–, Mallo va con cuidado. En el fango de los márgenes, el Perro Lascano (su alter ego notario) está en peligro, solo, dependiendo de cierta habilidad para detectar a la bestia agazapada, al hombre capaz de cualquier cosa para lograr su propio disfrute. [...] Continuar la lectura

“Cierto negro brasileño leproso” un sueño político-filosófico de Spinoza (I)

SueñoSpinozaPor Nicolás González Varela

Estos negros –dicen los holandeses– son feroces, pérfidos, infieles a  los tratados, e irreconciliables.”

(Barón de Bessner, ‘Mémoire sur les negres fugitifs de Surinam’, 1777)

“Spinoza, el primer judío liberal.”

(Carl Schmitt, ‘Der Leviathan in der Staatslehre des Thomas Hobbes’, 1934)

“Las contradicciones de un autor son significativas porque contienen problemas que, ciertamente no resuelve, pero que revela contradiciéndose.”

(Karl Marx, ‘Theorien über den Mehrwert’, 1861–1863)

Spinoza, el “hombre ebrio de Dios”, el “marrano de la Razón”, el “judío subversivo”, aquel que el filósofo cortesano Leibniz describió como “un hombre de tinte oliváceo y algo de español en su semblante”, fue sin dudas un pensador radical para su época, ligado a los ríos, a los canales y al océano. Su corta pero profunda reflexión se encuentra indeleblemente marcada por el surgimiento del nuevo imperialismo, la emigración, la persecución, la precariedad, las travesías inciertas, el riesgo mercantil de la desafiante burguesía y el cosmopolitismo más moderno.[1] Impresiona su dimensión total, al mejor estilo de un hombre del Renacimiento: metafísico y moralista, pensador religioso y filósofo político, exégeta crítico de la Biblia, crítico social, pulidor experto de lentes, comerciante multinacional, físico y cosmólogo, hereje hasta el final de sus días. Podríamos decir que era español, ya que la familia de Spinoza, como su nombre lo indica, provenía de la ciudad castellana de Espinosa de los Monteros, provincia de Burgos, en el límite cantábrico, y porque era costumbre en los judíos sefaradíes portugueses el hablar portugués pero escribir en español;  hispano-portugués, porque sus padres fueron emigrantes forzosos de formación católica no-judía, los Anusim, o “marranos” (los antepasados judíos de Spinoza vivían ya en España en tiempos de Cartago y Roma); era judío, porque fue recibido en la comunidad de Abraham y recibió estudios tradicionales talmúdicos, y contribuyó económicamente con su sinagoga; era portugués, ya que esa fue durante toda su vida su lengua materna y primigenia (los poetas ibéricos eran sus preferidos, tanto que firmaba con naturalidad con un “D’Espiñoza”); era holandés, porque nació en Amsterdam, en un barrio que se encontraba entre el Río Amstel y el puerto, Vlooienburg (hoy se llama Waterlooplein), en una casa espaciosa alquilada, y porque murió en La Haya, porque estaba ligado a Rembrandt por la misma cultura, pero por destino Spinoza seguirá siendo un outsider, un intempestivo, un hombre póstumo, un inactual.

Su situación es excepcional, generará una filosofía imposible de reducir a una religión, imposible de cooptar por la peste nacionalista, pero al mismo tiempo bien anclada en las relaciones materiales de su tiempo y atenta a la tradición política. Pero a pesar de sus esfuerzos, la Ideología holandesa de la burguesía vivirá a su pesar enroscada entre líneas, incluso entre sus sueños. Fueron varios los motivos de la emigración masiva de judíos de España y Portugal, y no fueron exclusivamente religiosos: el anacrónico imperio español (al que Marx calificaba de ser una forma tardía de “despotismo asiático”) estaba en decadencia económicamente desde su nacimiento, con unas relaciones de producción basadas en la conquista territorial, el privilegio fiscal y el monopolio real, mientras que Holanda ofrecía el inicio de una nueva forma de imperialismo militar&comercial centrado en el espíritu del capitalismo gracias a la mediación ideológica del Protestantismo (Calvinismo). Holanda fue el primer pueblo en toda Europa que realizó con éxito una revolución burguesa, al emanciparse del despotismo español. El Calvinismo, con toda su filosofía política liberal, es aquí el creador de una nueva forma de estado. La comunidad portuguesa en Amsterdam y en Rotterdam, unida por el idioma y el terruño, se consideraba a sí misma una nación exiliada, constituida por una élite comerciante e industrial, para quienes la religión no es una realidad sino un problema. Aquí entre los Sefardim no domina, como en el caso de los judíos del Este (Ashkenazíes) los dogmas absolutos, la intolerancia étnica y la Cábala, sino la gran tradición humanista del judaísmo ibérico: Crescas, Gebirol, Halevy, Hebreo, Herrera, Ezra y el gran Maimónides. La comunidad no lo tuvo fácil en su nueva patria: periódicamente los sectores más conservadores de la alta sociedad holandesa, los Predikanten, pedían la expulsión de los “mercaderes portugueses”.[2] En primer lugar, sería un grave error suponer que antes de finales de siglo XVIII las ideas modernas acerca de la Igualdad entre razas había echado raíces en los Países Bajos. La Tolerancia, muy famosa en los Países Bajos, no se basa en los principios modernos, sino en consideraciones crematísticas&prácticas, que permitan a una población que era (y sigue siendo), profundamente escindida sobre asuntos religiosos, a convivir juntas. Las minorías religiosas, católicas y judías, fueron discriminadas y excluidas de los cargos públicos. Spinoza mismo se vio obligado a firmar su obra más política de manera anónima, tuvo que falsificar la ciudad de edición y temía por su vida, sus obras fueron prohibidas en 1674, junto con el Leviathan de Hobbes.[3] [...] Continuar la lectura