Un Marx desconocido: la Deutsche Ideologie de 1845 (VII)
[Para leer los artículos anteriores de la serie, clickear aquí.]
Stalin y Marx
Por Nicolás González Varela
“Stalin es el 18 Brumario de la revolución.”
(Saguidulin, dirigente bochevique, 1937)
“Tu espíritu, Stalin, es más luminoso que el Sol”
(Zozulia, poeta ruso, 1937)
“Stalin, y no añado nada más. Todo está contenido en ese nombre inmenso. Todo: el partido, la patria, el amor, la inmortalidad. Todo.”
(Prokofiev, poeta ruso, 1936)
Excursus: la relación de Stalin con la herencia literaria de Marx
Ya hemos dicho que el Manuskripte maldito tenía poco valor salvo, como ya lo señalamos, como anticuariado, cantera de materiales inconexos y pieza nostálgica. Tanto en la URSS como en el mundo cultural de la socialdemocracia europea si bien se reconocía el valor genealógico de Die deutsche Ideologie, en el fondo se la pasaba de alto en su contenido completo, en su valencia política y filosófica, centrándose exclusivamente en el texto canonizado ad autoritas por Engels, exclusivamente las tesis sobre Feuerbach y poco más. Increíblemente, en este punto coincidían tanto los revisionistas de la socialdemocracia alemana (tanto en el ala izquierda, Mehring; como en el ala derecha, Bernstein) como la nueva ortodoxia stalinista cristalizada en el Dia Mat, auténtica ciencia de la legitimación. Existe una inveterada tradición de hagiógrafos e incluso los críticos de Stalin en considerarlo un homo faber, una eminencia gris, un animal maquiavélico, con una razón instrumental y una naturaleza poco dotada para la grand Theorie. ¿Stalin era la encarnación del desdén absoluto de las ideas y del empirismo permanente? En la Unión Soviética existió un tiempo donde el nombre de Stalin se había situado no sólo junto al de Lenin, sino un poco más adelante que el de Engels y Marx. Stalin era una de las fuentes seminales y autorizadas del ya maduro pensamiento comunista en la etapa superior (y decrépita) del Imperialismo y en la consolidación del Socialismo. Además era un (EL) intérprete autorizado del sentido histórico y universal de la doctrina bolchevique en el tiempo y en el espacio. Se editaron sus obras completas en dieciséis volúmenes bajo el prestigio y la prestigiosa cobertura filológica del Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, de la cuales se imprimieron trece hasta el día de su muerte. Se tradujeron en casi todos los idiomas importantes. A pesar de todos estos antecedentes ilustrados, sin embargo ha sido habitual entre los enemigos faccionales y detractores de Stalin (una contrahagiografía inaugurada por su Némesis, Trotski: “no es un filósofo, ni un escritor, ni un orador”) hablar con desprecio de su talento como teórico, subestimar su talento literario o sus conocimiento de Marx o los teóricos del socialismo europeo. El erudito Bujarin, protagonista de la anécdota histórica que narraremos, decía que su característica esencial era la flema, llamándolo “un Gengis-Khan que, aunque había leído a Marx, no lo había comprendido en absoluto”; Smirnov y Kamenev lo consideraban una mediocridad provinciana; Krestinisky decía que era un hombre inquietante con ojos amarillentos y nada más; Trotsky afirmaba que era la más eminente mediocridad del partido bolchevique; Sverdlov decía que era un buen chico, poco culto pero demasiado individualista. [...] Continuar la lectura

