Ingreso

Archivo para mayo, 2012

Crónica de un viaje en ascensor

Por APG

Tendría once o doce años yo y dos menos una de mis hermanas cuando juntas, motivadas por la noticia de remate de mercadería al costo de un quiosco vecino de cierre inminente, caminamos –provistas del total de los ahorros que dos niñas pueden acumular gracias a  reservar la semanalidad durante meses a fuerza de caminar ida y vuelta a la escuela, esquivando el costo del transporte (digamos, que nuestra fortuna ascendía al equivalente a doscientos pesos actuales, más de treinta años después)–; decía: caminamos media cuadra desde la puerta de casa hacia la esquina de la calle Ecuador, y la cruzamos; repetimos la acción con Valentín Gómez: la cruzamos, y ahí estábamos las dos frente al quiosco de la farmacia de la esquina, frente a ese  universo dulce que nos llamaba, que nos tentaba, que nos invitaba a ser arrasado. La cosa era así: en vez de la disposición habitual y prolija de los productos, que conocíamos puntillosamente, estaban, sobre la vitrina del exhibidor, las cajas contenedoras, desbordadas de golosinas a granel; cartelitos artesanales versaban las ofertas: dos al precio de uno, tres al precio de uno, cinco al precio de uno, todo al precio de uno. Eso hicimos. Cargamos con todo a un valor ridículo para el mercado y sacrificado para el capital que dos niñas pueden ostentar. Hicimos el camino inverso de regreso, muñidas por pilas de cajas de todo tipo que desequilibraban nuestro andar y que apenas nos permitían asomar la vista para cerciorarnos de que ningún auto nos arrollara al cruzar.

Qué manera barroca de retardar ese instante. Qué artilugios absurdos permite el relato para evitar llegar al momento inevitable: el conciso, el del suceso propiamente dicho, el del dolor que duele, que revuelve las tripas. Un viaje en ascensor es la clave: se te hace imperioso  recorrer, otra vez, el trayecto de cinco pisos que distancian –a tu hermana y a vos– de la planta baja. [...] Continuar la lectura

Indignados en México

indignados-mexicoPor Ely Grajeda

El movimiento de los indignados en México, lleva claramen­te el sello del nuevo milenio. Es una ácida crítica a la sociedad moderna que contiene una carga moral poderosa. El desarrollo económico y la riqueza acumulada se basan en una promesa no cumplida: hay un amplio sector de la población que ha sido mar­ginado en medio de la prosperidad y no encuentra la posibilidad de vivir una vida digna. Pero en los países atrasados como México todavía se lucha por alcanzar plenamente la modernidad y el peso de la población en condición de miseria es tan abrumador que aplasta las quejas de quienes han podido cultivar la dignidad y la sienten amenazada. La masa de población pobre está tan ex­hausta con las tareas de supervivencia que no ha podido generar una cultura de la dignidad. Por ello, no se indigna, aunque sufre terriblemente una condición muy poco digna. La dignidad crece con la igualdad y se desarrolla en la vida civil cuando la mayoría de la gente está convencida de que merece un lugar en la sociedad: un espacio donde trabajar, vivir y gozar libremente. La dignidad impulsa una especie de, digamos, meritocracia igualitaria que per­mite una convivencia civilizada en una sociedad capaz de generar suficiente riqueza. Hay que despojar la idea de dignidad de toda connotación teológica; es una idea que sustituye en la vida moder­na la vieja idea del honor, y que crece con la igualdad. [...] Continuar la lectura

Un Marx desconocido: la Deutsche Ideologie de 1845 (VII)

Stalin_and_the_Muses[Para leer los artículos anteriores de la serie, clickear aquí.]

Stalin y Marx

Por Nicolás González Varela

“Stalin es el 18 Brumario de la revolución.”

(Saguidulin, dirigente bochevique, 1937)

“Tu espíritu, Stalin, es más luminoso que el Sol”

(Zozulia, poeta ruso, 1937)

“Stalin, y no añado nada más. Todo está contenido en ese nombre inmenso. Todo: el partido, la patria, el amor, la inmortalidad. Todo.”

(Prokofiev, poeta ruso, 1936)

Excursus: la relación de Stalin con la herencia literaria de Marx

Ya hemos dicho que el Manuskripte maldito tenía poco valor salvo, como ya lo señalamos, como anticuariado, cantera de materiales inconexos y pieza nostálgica. Tanto en la URSS como en el mundo cultural de la socialdemocracia europea si bien se reconocía el valor genealógico de Die deutsche Ideologie, en el fondo se la pasaba de alto en su contenido completo, en su valencia política y filosófica, centrándose exclusivamente en el texto canonizado ad autoritas por Engels, exclusivamente las tesis sobre Feuerbach y poco más. Increíblemente, en este punto coincidían tanto los revisionistas de la socialdemocracia alemana (tanto en el ala izquierda, Mehring; como en el ala derecha, Bernstein) como la nueva ortodoxia stalinista cristalizada en el Dia Mat, auténtica ciencia de la legitimación. Existe una inveterada tradición de hagiógrafos e incluso los críticos de Stalin en considerarlo un homo faber, una eminencia gris, un animal maquiavélico, con una razón instrumental y una naturaleza poco dotada para la grand Theorie. ¿Stalin era la encarnación del desdén absoluto de las ideas y del empirismo permanente? En la Unión Soviética existió un tiempo donde el nombre de Stalin se había situado no sólo junto al de Lenin, sino un poco más adelante que el de Engels y Marx. Stalin era una de las fuentes seminales y autorizadas del ya maduro pensamiento comunista en la etapa superior (y decrépita) del Imperialismo y en la consolidación del Socialismo. Además era un (EL) intérprete autorizado del sentido histórico y universal de la doctrina bolchevique en el tiempo y en el espacio. Se editaron sus obras completas en dieciséis volúmenes bajo el prestigio y la prestigiosa cobertura filológica del Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, de la cuales se imprimieron trece hasta el día de su muerte. Se tradujeron en casi todos los idiomas importantes. A pesar de todos estos antecedentes ilustrados, sin embargo ha sido habitual entre los enemigos faccionales y detractores de Stalin (una contrahagiografía inaugurada por su Némesis, Trotski: “no es un filósofo, ni un escritor, ni un orador”) hablar con desprecio de su talento como teórico, subestimar su talento literario o sus conocimiento de Marx o los teóricos del socialismo europeo. El erudito Bujarin, protagonista de la anécdota histórica que narraremos, decía que su característica esencial era la flema, llamándolo “un Gengis-Khan que, aunque había leído a Marx, no lo había comprendido en absoluto”; Smirnov y Kamenev lo consideraban una mediocridad provinciana; Krestinisky decía que era un hombre inquietante con ojos amarillentos y nada más; Trotsky afirmaba que era la más eminente mediocridad del partido bolchevique; Sverdlov decía que era un buen chico, poco culto pero demasiado individualista. [...] Continuar la lectura

La lengua hace mesura

getcover.ashx[Sobre Perros de la lluvia de Ricardo Romero – Grupo Editorial Norma – Colección La otra orilla]

Por Omar Genovese

Las versiones de la soledad humana remiten a cierta cartografía infinita de una memoria que se construye desde el primer hombre (si es que existió un yo inaugural) y que, durante miles de años, registra la suma de actos y consecuencias, en incierta locación imaginaria. Dicha región hace materia en ciertos capítulos de la literatura, a saber: las novelas. Ricardo Romero deja al lector suspendido en tal origen, y al comenzar a leer Perros de la lluvia ya estaban instaladas todas las soledades, pensándose y errando, en acción definitiva, más allá de la apariencia simultánea. Por eso comienza en la parte 9, para decrecer hasta un final en el 1: nosotros –ya embebidos por la trama– llegamos con la parte 10, movimiento del pasado, recuerdo de lecturas fragmentadas por el metrónomo del tiempo íntimo. Esto se logra por un corte en bruto o desencuadre de instantes disímiles, en personajes distantes y a la vez cercanos, sumando pensamientos espaciales y observaciones laterales. Con habilidad y agudeza, Romero selecciona las piezas del puzzle, nos hace dueños del desamparo existencial que atraviesa Paraná en una noche cerrada por tormentas, lluvia, intenciones, culpas, temores y angustias. [...] Continuar la lectura

Los galgos y la inutilidad del destino

Jugador OK[Jugador de Alexander Baron – Traducción de Teresa Arijón – La Bestia Equilátera – 304 páginas – Marzo 2012]

Por Omar Genovese

A qué juega Harryboy Boas, primera persona y gentil voz que narra su visión de una Londres de postguerra atenuada en la actividad para superar el dolor, y más: un barrio en sí, el suburbio del corazón y en donde la lengua se funde con una actitud esquiva a la resignación con nombre de dos palabras, East End. Qué escribe Alexander Baron, de qué manera pone un objetivo de máxima para sostener el carácter superlativo de un estilo. El mojón no se hace esperar, y en la segunda página, con cortesía de promesa escribe: “Los seres humanos llegamos a la tumba navegando por un arroyo muerto de días y de noches.” A partir de allí el tono del relato establece territorio donde el juego (perder o ganar en las carreras de galgos) es la reincidencia de la inutilidad del destino: pregunta Baron-Boas, ¿qué hay para vivir sino una desdicha tras otra? [...] Continuar la lectura

Un Marx desconocido: la Deutsche Ideologie (VI)

Engels&MarxLondon

[Los artículos anteriores puede encontrarlos aquí.]

Por Nicolás González Varela

“Estos marxistas ‘profundos’ se han olvidado del ABC del Socialismo.”

(Rosa Luxemburg, 1918)

“Corremos el riesgo de conocer a Luxemburg o Lenin de la A a la Z, e ignorar los escritos del propio Marx.”

(David Riazanov, 1924)

“Marx y Engels hablan tanto, y tan bien, que uno termina por creerse uno de sus íntimos.”

(Louis Althusser, 1965)

Die deutsche Ideologie, la obra maldita de Engels y Marx que compone una de las “obras de la ruptura” (Althusser), era presentada en la autocomprensión de ambos como una obra importante coyunturalmente, que enfrentaba, desde el momento negativo de la crítica, sus propios y novísimos puntos de vista (que denominaban materialistische Standpunkt) con la concepción ideológica dominante en la filosofía política de la izquierda alemana. Además, Marx la consideraba un ajuste de cuentas definitivo con su anterior conciencia filosófica (philosophischen Gewissen).[1] Al mismo tiempo en el mismo prólogo de la Kritik de 1859, Marx no explicaba las razones últimas de haber abandonado su publicación, salvo por causas coyunturales o misteriosas, aunque también sospechamos de razones políticas desde afuera, en especial la omnipresente censura del estado prusiano y, lo más curioso, desde dentro del campo de la izquierda alemana. Marx le confesará a Annenkov a fines de 1846 que el Manuskripte de La ideología alemana estuvo de alguna manera vetado: “no puede usted imaginarse las dificultades que una publicación de este tipo (es decir: Die deutsche Ideologie, NGV) encuentra en Alemania, tanto por parte de la policía como por parte de los editores, que son representantes interesados de todas las tendencias que yo ataco.”[2] Y todavía más: Marx le reconoce a Annenkov que tanto La sagrada Familia de 1844 como La ideología alemana de 1845-1846 han sido obras polémicas que incluso han llegado a irritar a los propios miembros y amigos de su círculo comunista por su ataque sin medias tintas a las “utopías y declamaciones” de los ideólogos alemanes. Hemos señalado con anterioridad que tanto Engels como Marx siguieron intentando, incluso hasta el año 1847, no sólo ampliar el manuscrito original con nuevas aportaciones, sino esforzándose en encontrar un editor confiable en Alemania. [...] Continuar la lectura

Vivre sa vie

Por Marina Califano

La marquesina anuncia la película pero omite la pasión y el proceso. Rostros intermitentes se recortan sobre la oscuridad; del abrazo que la mujer acepta obligada y complaciente sólo se distingue la mano al posarse. El hombre se acerca, engrandecido por el hábito, alzada la mirada hacia un punto indeterminado. Por detrás, otro hombre y una viga que señala el vértice, de otra forma imperceptible, en la juntura de los muros blancos. La mujer eleva la mirada, el pelo cortado al ras, el lunar bajo el ojo izquierdo y la huella de una lágrima que amontona las pestañas, intensifican la sombra bajo los ojos, las cejas tupidas casi tan pálidas como el rostro desnudo, los pómulos altos, labios prominentes que apenas se estremecen en el eco de un rictus al oír el veredicto: una voluntad tendida en perpetuidad para los más simples gestos, la renuncia al gesto simple, una fatiga sorprendente y central, una suerte de fatiga aspirante. [...] Continuar la lectura