Ingreso

Archivo para abril, 2012

Un pueblo sin nombre

Por Eduardo Montes-Bradley

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Había sacado fotos del lugar en otras oportunidades. No que estas se presenten con frecuencia. El caserío dista 83.7 millas de mi cueva en el condado de Albemarle. De no mediar otros puntos de interés, el trecho podría salvarse en una hora y cuarenta minutos. Sin embargo, no todo es previsible en estas latitudes. [...] Continuar la lectura

Cinco pruebas sobre la posible existencia de una novela

Can Solar[Sobre Can Solar de Carlos Godoy, colección literal/imaginaria, 17 grises, abril 2012.]

Por Omar Genovese

Hay una urgencia en Godoy para que la oración tenga su ensamble límpido en secuencia. Son pocos los poetas que saltan a la prosa con gesto de despedida, y algo de eso pasa con Can Solar: más que la imagen de la representación es la búsqueda de los mecanismos donde se encubre. Cinco cuentos progresivos que van de la timidez y modestia, al deseo interno de arrancar la ficción de cuajo. Seamos cardinales: el norte de Godoy es la apuesta por el ritual incómodo del personaje al borde de lo siniestro. Siguiendo la paginación, los tres primeros cuentos, a saber, Es preferible tener suerte a ser inteligente, Erasto y HCI, plantean una geografía de lo posible, parecen enunciar la llamada de ficción pero, también, circunvalan la atención en algunos detalles de la prosa. Suscinto, Godoy prefiere acotar y cerrar el universo en los sucesos, y es porque el cuarto cuento, el eje de la promesa narrativa, es el que compone al personaje central de una ausencia, toda la protonovela que asoma sin aparecer, como un parpadeo atónito. [...] Continuar la lectura

“A nadie parece interesarle el estilo”

P1200373Por Omar Genovese

A días de haberle sido concedido el Premio al Editor del Año otorgado por la Fundación El Libro en reconocimiento de su trabajo y su compromiso con el mundo de los libros, Luis Chitarroni (novelista también) habla de manera sucinta sobre su paso por Sudamericana junto a Enrique Pezzoni, y del desembarco como responsable editorial en La Bestia Equilátera, donde se desempeña actualmente.

Después de 25 años como editor, ¿qué reflexión merece el oficio? ¿Qué era ser editor como fue tu antecesor en Sudamericana, Enrique Pezzoni, y qué queda de ello?

Poco, muy poco, creo. Tengo que aclarar que el cargo que ocupaba Enrique Pezzoni  (y que después ocupé yo) es hoy un anacronismo: “asesor literario”. En las novelas policiales de los cuarenta y los cincuenta –las de Nicholas Blake, por ejemplo– el asesor literario es a menudo el principal sospechoso, una especie de mayordomo transportado a esas mansiones de corto alcance denominadas “casas editoriales”. La función del asesor era la de darle un marco literario a la producción de la empresa editorial, una especie de maquillador de cadáveres. Hay uno en Cortázar, ajeno al policial: Lonstein. La otra era elegir, con las restricciones pertinentes, el material que se publicaría. Enfaticemos “restricciones pertinentes”. Empecé en pleno periodismo de denuncia de la época de Menem, de modo que mis primeras responsabilidades, menos que misiones literarias fueron campañas de vacunación alfabetizadora. Resultaba muy difícil contratar algo bueno, que los españoles no nos madrugaran. El hecho puede observarse  en catálogos muy “sofisticados” que se armaban simultáneamente en España, como el de Siruela: se hacían observando los nuestros de la década del cincuenta. Por suerte,  la colección de Planeta que hacía Juan Forn ayudó a que nos alineáramos. Y yo pude sostener en Sudamericana, Narrativas argentinas. [...] Continuar la lectura

Estética ideológica desmadrada

Tapa Cancio´n-ALTA[Sobre Canción de la desconfianza de Damián Selci, Eterna Cadencia, 160 pág., marzo 2012]

Por Omar Genovese

Fórmulas. La formalidad de las formas hacen fintas en formol, contemplan los occisos moldes en frascos el ámbito del laboratorio, ovillados, esperando sin sentimiento ser convocados para el acto de la realización absoluta: recombinar las materias carnales en engendros de voz, pequeños lloriqueantes que ilusionarán madres desaforadas de vientre. Un nuevo país luce agazapado.

¿Habrá quien quiera jugar a ser Selci? Ya, ya va, no golpeen los goznes de las celosías literarias. Nadie guarda un secreto mucho tiempo, al fin, los egos gotean por la falla ecléctica: hay que mostrar lo escrito antes de ser póstumo. Ciertos sectores de la lengua argentina permanecen a la sombra, no en la cárcel de la educación, tampoco al amparo del voceo coloquial; hay tejidos de lenguaraz como cuero en estacas, que esperan un lector, un oído voraz. ¿Cómo acceder a dichas capas de sentido escurridizo? ¿Alguien recuerda la silenciosa nada que seguía a las reuniones dogmáticas, soterradas, que a los ilusos por otro mundo sin crueldad envolvía en un estado de iluminación vanguardista? Abandono, es lo que siguió al discurso revolucionario de la extrema izquierda. Como en una plaza luego de una pelea entre facciones de un mismo interés: jirones de ropa, manchas de sangre, cuadernos con apuntes, un zapato… Y sobrevino el silencio cómplice, un período silente sin fin: es la educación normada en el prepago. Yo pagué para que la cría fuera normal, fuera un ejemplo, fuera de serie. Pero números traen números, y las secuencias repiten la condena: pensamiento alineado, seres preformados, del sentido de clase al sinsentido sin casta. [...] Continuar la lectura

Retrato de un idiota

Por Eduardo Montes-Bradley

Vienen de visita los parientes del profesor Uriarte. Entre ellos Dora, una prima del campo donde los Uriarte tienen familia. Dora que se encuentra de paso por Charlottesville, y por lo que pude entender, este es su primer viaje a los Estados Unidos. Dorita, como le dicen los de su tribu viste de manera aniñada y es la única que lleva los labios pintados. En Charlottesville las mujeres se visten de manera muy discreta, y el lápiz labial está reservado para ocasiones especiales: no para un asado informal en casa de los Montes-Bradley, pero Dora no tiene porqué saberlo. También me resultan extraños esos jeans tan ajustados, y las botas cortas de goma que hacen que Dora parezca mucho más corta de estatura. Las mujeres de menos de un metro setenta y cinco no deben abstenerse de usar botas y llamarlas botitas. Ahora que lo pienso, ese tampoco es su color de pelo. Pero no vengo aquí a comentar la visita de Dora, la parienta del campo del profesor Uriarte, sino lo que pensé a partir de un hecho que paso a narrar: Cada vez que Dora apuntaba su flamante Nikon Coolpix hacia alguna persona, el destellar del flash venía precedido de un “Say Cheez!” con el que esperaba arrancar una sonrisa del retratado. Dora le sacó fotos hasta a las plantas, literalmente: – “Son gardenias?” click!

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Epígrafe: Fernando y Jorge Guillot Ziegler. Archivo familia de Montes-Bradley.

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Sobre destinos equivocados

244_9789876581226.jpg[Sobre Un publicista en apuros de Natalia Moret – Colección Literatura Mondadori – RHM – 400 páginas – Febrero 2012]

Por Omar Genovese

¿Hay una genealogía del yuppie argentino? Para qué, será la respuesta, si existen embruteciendo el horizonte cultural con sus modas, superfluos, efímeros. Un publicista en apuros remite a las leyendas urbanas sobre ciertos popes, jóvenes emprendedores que supieron brillar entre Menem y De la Rúa –una época de tantas cavilaciones como resultados nefastos–, y para los que Rodolfo Fogwill fue algo así como el Alex Ginsberg del mensaje breve. Muchos escritores argentinos han medrado en la publicidad, la publicidad tiene ése cálido manto de seguridad económica que puede cobijar el ansia de supervivencia haciéndose de todo el tiempo, esclavizando. La publicidad es una madre vampiro. En esa red del mal, en esos círculos negados al común de los mortales, Javier Franco está en la cima, pero del pico más alto y en el medio de una terrible tormenta. Pierde sus sentidos por la cocaína (y agregados), pierde el amor, los estribos y la conciencia misma. [...] Continuar la lectura

Lento y minucioso

Por Marta Kapustin

A sugerencia de un lector del blog estaba dispuesta a incluir una historia de buenaventura mas necesito compartir lo que acabo de escuchar.

Por las necrológicas supe del fallecimiento de la madre de Javier. Admiro a Javier por su descorsetarse como analista y esa forma de enunciar lo justo. Llamé para darle el pésame y blandí frases de rigor. No recibí comentario alguno, pero al intentar despedirme musitó fue un alivio para todos, y sin darme respiro, robótico, desapegado, contó.

Viví en puntas de pie porque a mamá le molestábamos; llegaba de la escuela y ella en su cuarto, a oscuras; ordenó que nadie la importune. Qué importa: espero: quizás se levante, quizás quiera tomar la merienda conmigo en la cocina o – si no hay mucho sol o polvillo ni tufo alguno – bajo la pérgola cuando el jardinero humedezca el pedregullo. El jardinero omnipresente: el parque era grande y él viejo, lento y minucioso. [...] Continuar la lectura

El fotógrafo no tiene quien le escriba

Por Eduardo Montes-Bradley

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El 9 de diciembre de 2011, La Nación publicó una reseña de Elba Pérez sobre una muestra de fotografías de Silvio Fabrykant. El título de la reseña fue “Memorias Visuales”, y el objeto de las fotografías las columnas que distinguen el complejo arquitectónico de la Universidad de Virginia, en Charlottesville. Estas columnas son un testimonio, también el argumento de una discusión interminable que no viene al caso. Lo cierto es que Fabrykant fue a Charlottesville, sacó unas fotos muy interesantes que tan pronto son exhibidas dan lugar al elogio de la crítica. Aquí mis reparos, porque poco y nada dice Pérez sobre las fotografías y los que muchos entienden como halagos no deja de preocuparme. Veamos: Pérez dice que Ana María Shua es una “sabrosa escritora” aunque en Castilla debiera decirse al revés. Pero llegado el caso da igual porque me resulta difícil pensar en esos términos. Supongo que más de un compañero del Nacional debió suponer que la proto-escritora era un budinazo, pero de ahí a suponer que era sabroso sin mediar la probadita de rigor es todo un acto de arrojo por parte de la cronista. Uno devora libros, es cierto, suele decirse. Hasta puede que se juegue a saborear un párrafo contundente. [...] Continuar la lectura

Homosexuales y troskos

que viva mexico imagen[Upton Sinclair y la mano de Stalin manipulando a Serguéi Mijáilovich Eisenstein]

Por Demian Paredes y Omar Genovese

Hace algunas semanas, el escritor Juan Forn publicó en el diario Página/12 una de sus habituales notas que combinan el género del cuento (o relato) con la historia. En el caso al que nos referimos, el personaje es el gran cineasta, dramaturgo y teórico soviético Serguéi Mijáilovich Eisenstein (SME, siglas con las que lo identificaremos en más de una vez). Forn siempre utiliza conocidos personajes políticos, del arte y la cultura, develando “conexiones”, relaciones y encuentros poco conocidos, y anécdotas varias. Sin embargo, en este caso, hay mucho más para contar (y aclarar). Comencemos con nuestro “cuento”.

Forn dice que SME “quiere filmar El Capital, de Marx, y que para eso necesita conocer el mundo capitalista”, y que con semejante pretexto habría logrado burlar a la autoridades estatales soviéticas. Sin embargo los hechos no sucedieron de esa manera: Eisenstein, que tenía peso propio en el mundo del arte y la cultura –e incluso en la política– de la URSS, contaba con la venia del gobierno para difundir el cine soviético y, a la vez, observar las formas de producción capitalista en torno al cine (más que nada para que explorara la técnica y método en el uso del cine sonoro). No necesitaba “conocer el mundo capitalista” en sí, sino las expresiones artísticas afines con la historia del arte, los museos europeos, por ejemplo. Pero eso tenía más que ver con su formación enciclopédica, que puede considerarse hasta renacentista, ¿acaso su relevancia con el método del montaje de atracciones no es comparable al uso de la luz que hizo Caravaggio? En esa línea es que se entrevistó con James Joyce en París, como bien afirma Forn, pero hay otra versión del encuentro: que el escritor irlandés le hizo escuchar un disco de pasta con su propia lectura de capítulos del Ulises, que no se entendieron en absoluto, y que, frustrado, SME salió apesadumbrado hacia su hotel, con la única certeza de cuáles eran las profundas diferencias prácticas entre cine y literatura. [...] Continuar la lectura