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Archivo para marzo, 2012

Fuga de cerebros

URaul_Baragiola-28n cerebro en fuga tiende a seguir en fuga

Por Eduardo Montes Bradley

[Advertencia: Esta nota iba a ser publicada en Perfil. Durante seis meses durmió el sueño de los justos en alguna parrilla. Habiéndole fijado fecha de caducidad para estos días, procedo a su publicación en el único medio independiente que queda en la maltratada Nación Apache.]

El gobierno promueve la idea de una política dirigida multiplicar la repatriación de científicos. La cruzada tiene un lema deleznable: “Ciencia con Cristina”, Sin embargo, y a juzgar por el sitio dedicado  al engendro (www.cienciaconcristina.com), la Ciencia parece no haberse percatado de la gesta. La página viene encabezado por un logo de inspiración soviética en el que la silueta de Fernández pareciera mirar hacia otro lado, y el estarcido monocromático unifica groseramente la estampa del monarca sobre los colores patrios. Una lectura fugaz (no cabría otra) indica que al menos 800 han sucumbido a los encantos de una política diseñada por los peores diagramadores gráficos. Esto huele a curro, y si todo sale bien no habrán de faltarnos nerds a la hora de las milanesas, la merluza y las pantallas planas.

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Albert Schlageter, un héroe de ficción

34pi5pl[Vidas breves]

Por Omar Genovese

En 1923, a pocas horas del fusilamiento de Albert Schlageter a manos de las fuerzas francesas que ocupaban la región del Rhur, su cadáver fue secuestrado de la morgue en Düsseldorf y trasladado a la zona alemana por un comando de las SA (camisas pardas) comandado por Victor Lutzke, futuro jefe de las mismas tras la purga de 1934 (eliminación de Ernst Röhm y su séquito en La noche de los cuchillos largos). La operación se completó con el asesinato del supuesto delator, un maestro de 64 años, Walter Kadow, a manos de Martin Bormann (más tarde, secretario de Hitler) y Rudolf Hoess (luego comandante de Auschwitz), ambos fueron condenados por esto pero cumplieron penas irrisorias. El nazismo ya tenía a su primer héroe, listo para el ritual de veneración que en los próximos dos años se vería impulsado por una serie de libros aplicados a describir sus virtudes y valentías. En Mi Lucha (1925), Hitler lo menciona canonizándolo más allá de la liturgia. Años más tarde, Goebbels publica un libro que será bestseller, donde lo muestra como modelo del patriota alemán. Se agrega a esto los miles de actos en recordación del día de su fusilamiento, 26 de mayo, que servían como propaganda política para la reafirmación del ser nacionalsocialista. Schlageter tuvo su monumento, pines, condecoraciones con su nombre, un film. [...] Continuar la lectura

Un Marx desconocido: la Deutsche Ideologie (V)

RiazanovequipoIME1930[Los artículos anteriores puede encontrarlos aquí.]

Por Nicolás González Varela

“Manifestaba una perfecta indiferencia respecto a sus obras publicadas. Cuando le hablé de sus obras, me dijo: ‘Si quieres tenerlas, vete a ver a Lassalle, él las ha coleccionado todas. Yo no tengo ni un ejemplar’. Y esto era cierto: muchas veces vino a mi casa a pedirme prestado cualquiera de sus libros de los que no conservaba ni un solo ejemplar. Marx nunca hizo ruido alrededor de sus libros.

(Friedrich Lessner, 1893)

“Yo no soy un bolchevique, no soy un menchevique, no soy un leninista. Soy solamente marxista, y, como marxista, soy un comunista”

(David Riazanov, 1924)

Uno de los grandes méritos de David Riazanov, no el menor, fue el haber sido el alma mater de la gran empresa editorial de las primeras obras completas críticas de Marx y Engels, la mítica MEGA (1), publicadas simultáneamente en la Rusia bolchevique y en Alemania entre 1921 y 1931,[1] Anticipándose a su trabajo de difusión, ya en 1913 y 1919 se habían publicado traducciones al ruso del capítulo contra Max Stirner de la Die deutsche Ideologie, “III. Sankt Marx”, seguramente por su utilidad en la lucha ideológica contra las diferentes vertientes anarquistas en Rusia, aunque textualmente era el mismo que había reproducido como editor el poco confiable ex secretario de Engels, el revisionista Bernstein, en 1903.[2] Precisamente fue Riazanov quién, después de establecer el texto del Manuskripte de La ideología alemana con una rapidez asombrosa, publicó por primera vez parte de DI íntegra en ruso en 1924 y en alemán en 1926,[3] se trataba de la primera parte, incompleta, atribuible con certeza a la pluma de Marx. Esta sección, titulada “I. Feuerbach”, que en realidad no habla casi nada del filósofo jovenhegeliano Ludwig Feuerbach, pero dedicada sobre todo a su concepción de la historia, a su materialistische Geschichtstheorie, contiene la primera exposición de la teoría que Marx había elaborado en el transcurso de dos años de estudios filosóficos, históricos y económicos, que comenzaron en Kreuznach en 1843 con el estudio de filósofos políticos clásicos (Montesquieu, Maquiavelo) e historiadores de las revoluciones burguesas (Chateaubriand, Ranke, Hamilton), lecturas que luego definirán el hilo rojo de Ariadna de sus propias investigaciones. Además se acompañaba con las Thesen über Feuerbach, que ya había publicado “editadas” Engels en 1888. No es raro que privilegiara para publicar este Manuskripte maldito de la etapa intermedia de Engels y Marx, ya que Riazanov valoraba las obras perdidas, inéditas u olvidadas de Marx de igual importancia que las ya conocidas, lo hacía públicamente y sin miedos, pudiendo afirmar con temeraria sinceridad ante un auditorio público en 1924 que las obras escritas por Engels y Marx entre 1845 y 1847 “hoy ciertamente han envejecido… pero no más que las obras de Plejanov o de aún de Lenin. Tómese un libro cualquiera de Plejanov apaecido en 1883, o de Lenin en 1903, y el lector joven no comprende casi nada sin un buen comentario.” Riazanov incluso, sabiendo desde el interior de la SPD las manipulaciones y arbitrariedades cometidas en el Nachlass marxiano, ponía en duda hasta el mismo papel de Engels como albacea literario y editor póstumo de Marx. [...] Continuar la lectura

The man who shot Liberty Valance

Por Marina Califano

En la habitación todo es de madera: las paredes peladas, los bancos, las cajas apiladas junto a la puerta. El cajón donde descansa el cuerpo de quien desde hacía tiempo había abandonado su arma. Por detrás, una ventana mal tapiada deja ver unas plantas y algo de claridad. El hombre gordo y desaliñado atesora la sombrerera a rayas que apoya sobre sus piernas al sentarse junto a la mujer de riguroso luto. A su lado, el hombre de color mira el sombrero arrugado entre sus manos hasta que un gesto llegado a través del tiempo lo saca del ensimismamiento. A su izquierda, el señor Stoddard – ahora senador – toma su brazo como señal de condolencia e intimidad. Sobre ellos, el sol que entra por otra ventana se proyecta en líneas y repite sus sombras.

Tres periodistas irrumpen en la habitación. Amparados en su oficio, reclaman la responsabilidad de conocer la razón por la que el importante político llega desde tan lejos sólo para enterrar a un hombre. Ante la respuesta esquiva y esperada, el editor del Shinbone Star insiste: tiene el derecho de conocer la historia.

El senador duda pero termina por incorporarse; los dos hombres y la mujer en el banco a su lado, por primera vez desde que su recogimiento fuera interrumpido, alzan los rostros y lo observan. A la espera del consentimiento, el senador mira a su esposa: apenas un gesto basta para decidirlo. Atraviesa la habitación con dirección a la puerta donde lo esperan para escucharlo. La mujer con delicadeza se estira para alcanzar la caja de sombreros que sostiene el hombre a su lado, la coloca en su regazo y con litúrgica parsimonia se dispone a abrirla. [...] Continuar la lectura

El feminismo forzado o la autoayuda

el-verano-sin-hombres-9788433975768[Sobre El verano sin hombres de Siri Hustvedt – Anagrama – 224 páginas – Noviembre 2011]

Por Omar Genovese

La responsabilidad de un novelista con el proceso de escritura es producto de varias convenciones con las que acuerda, pero también, resultado de cierta exigencia del texto que lo hace demandante, entablando una relación osmótica y hasta geométrica en lo especular: cuánta referencia autobiográfica, cuántos miedos íntimos se filtran a pesar del supuesto dominio de la trama. La prosa de Siri Hustvedt vacila entre la seriedad de acudir a la memoria (que se diluye en la duda existencial) y la reflexión ensayística que pasa por la condición psiquiátrica, intelectual, poética, erótica –y hasta sentimental– de la primera persona que narra: una mujer sumamente depresiva, temerosa, haciendo crisis en la menopausia luego del abandono del cónyugue, un tal Boris de fantasmática y difusa presencia o valoración. He ahí el primer conflicto: ¿el abandono por otra, más joven, fue el origen del síntoma para que Mia sufriera una internación? Como la base del desarrollo elegido propone un verosímil de escala etaria, a mitad de la lectura es claro que el tedioso científico merecía una fiesta de divorcio más que un luto traumático. Pero, también, a página 35 irrumpe el diario íntimo sexual que quedará abandonado como el recuerdo de una lluvia en el entresueño: tendencia rítmico-temática que acude a la cita, el diálogo o una apelación al lector [para qué, es la incógnita, y surge la sospecha de que Hustvedt busca complicidad, más por inseguridad que por solvencia en la factura del estilo], como la que sigue: “Un libro es producto de la colaboración entre el lector y el texto…” El ir y venir, con sus olvidos de desarrollo, o lagunas de ideas, encuentran cierta interrupción en el texto. Se trata de unas viñetas, unos dibujos infantiles de una mujer, tal vez la protagonista, que le dan un tono de diario íntimo. Pero, ¿qué leemos entonces? El verano sin hombres es narración interrumpida, avasallada por cierta impericia y pobreza de un lenguaje literario al borde del romanticismo, y con un dejo (a veces guiño) de feminismo forzado hacia la autoayuda. Las frases cortas, la materia misma que utiliza la escritora, conspira contra una anécdota que más que forzada, tiene una exposición inocente y premoldeada. [...] Continuar la lectura

Un Marx desconocido: la Deutsche Ideologie (IV)

Deutscheideologie(1)Por Nicolás González Varela


“Hay que interpretar a Karl Marx sin partituras”

(Louis Althusser, 1980)

Si existe un libro maldito en el pensamiento occidental, tanto en su aventura editorial como en su malograda recepción y difusión, una tortuosa vicenda singular y misteriosa, esa obra es Die deutsche Ideologie escrita por Engels y Marx a lo largo de 1845. Ya desde su mismo incipit: su título es falso, desconocido para los dos autores, atribuido azarosamente por necesidades editoriales para su primera edición completa póstuma en 1932 en la URSS. No hay en ninguna parte del manuscrito original tal magno título. La ideología alemana hacia referimiento, no sabemos si fue una idea del notable editor y marxólogo de Marx, David “Riazanov” Goldenbach, a una definición polémica realizada por Marx en su polémica contra el socialista verdadero Karl Grün en 1847 a propósito de su libro anti-Proudhon: “La recensión constituye un apéndice del trabajo escrito conjuntamente por F. Engels y yo, sobre la ‘ideología alemana’ (crítica de la moderna Filosofía alemana en sus representantes: Feuerbach, B. Bauer y Stirner, y del Socialismo alemán en sus distintos profetas).” [1] En el mismo texto, Marx explicaba otra versión de la causa que el Manuskripte no hubiera sido publicado: “las circunstancias, que han obstaculizado e impedido la publicación de este manuscrito, incluso tal vez contribuyan a la descripción del ‘estado actual de la prensa en Alemania’, como le explico a la audiencia en otro lugar” y denomina a DI como el grueso libro “que duerme el sueño de los justos”. También es sintomático que Marx declare que el libro nonato, sin embargo, no puede reducirse a una mera descripción de la “literatura insulsa e insípida del Socialismo alemán.”Incluso en un año tan tardío como 1847 Engels y Marx intentaban encontrar un editor para el grueso Manuskripte, lo que significaba que su contenido era plenamente actual y operativo para la polémica contra el dogmatismo en el campo de la izquierda alemana. Porque, y este es un dato muchas veces olvidado por una exégesis “geocéntrica”, más religiosa que marxista, la idea comunista en Engels y Marx se desarrolló, como precisamente puede comprobarse en las obras de los años 1843-1847 y en especial en Die deutsche Ideologie, en completa oposición y confrontación impiadosa con la gran mayoría de los socialistas y comunistas de su época. La idea comunista de Engels y Marx no se identificaba, de ninguna manera vis-a-vis, con el espacio ideológico de la “izquierda” de mitad del 1800’s.[2] Tanto la expresión deutsche Sozialismus como la de deutsche Ideologie, muy comunes en esos años, tienen en Engels y Marx una clara valencia negativa y anti-idealista, de momento negativo frente a la formación de la idea comunista. Este aspecto, la polémica interna al campo de la izquierda, incluso siendo secundario, le daría relevancia a la obra. Es obvio que el texto maldito tiene una vital y decisiva importancia en el Denkweg marxiano, a pesar de las declaraciones a posteriori de Marx en su famoso “Vorwort” de 1859 a su Zur Kritik der politischen Ökonomie, donde mencionando el Manuskripte de 1845, afirmaba que se trataba de un ajuste de cuentas con su anterior consciencia filosófica (philosophischen Gewissen) bajo la forma de una crítica de la filosofía posterior a Hegel, y que debido a problemas combinados de censura y carencia de un editor confiable, finalmente entregaron el libro a der nagenden Kritik der Mäuse,  a la crítica roedora de los ratones. [...] Continuar la lectura

L’avventura

Por Marina Califano

El camino se extiende en una curva que al elevarse prolonga la explanada desde donde la silueta de la mujer se asoma para asegurarse de que el hombre aunque reticente la persiga. Hay algo de juego infantil en los movimientos, como si una personalidad no fuera más que la repetición en el tiempo de los mismos gestos y sólo las ocasiones, en su variación, realizaran una adultez. (Pies casi desnudos acariciaban dinero.)

Mientras espera ser alcanzada, la mujer se cuida de no mirar los restos del campanario que velan el paisaje; la fachada obscena repite el pasado abominable y reduce su cuerpo a una figura nerviosa y soslayada. El viento que despeina la cabellera rubia estremece el follaje, y si bien Claudia no tiene nada de una heroína de Faulkner, después de todo esas hojas pueden volverse tan dramáticas como palmeras salvajes.

El hombre se asoma, la busca pero al divisarla halla en la corteza de un árbol la forma de demorar el encuentro. [...] Continuar la lectura

Apuntes Sarmientos

IMG_4650Por David Wapner

Fotografías: Mabel Castro Murillo

[Estos apuntes fueron extraídos de los cuadernos de viaje que utilizamos Ana y yo durante nuestras visitas a la Argentina en los años 2009 y 2010-11. En este último viaje, entre octubre y enero, coincidimos durante un mes con nuestros amigos colombianos, fotógrafos ambos, Mabel Castro y Luis Fernando Jaramillo. Mabel, en especial, motvaida por el escenario del Sarmiento, tomó cantidad de fotografías a trenes y estaciones, algunas de las cuales se incluyen aquí.]

1. El Tren Bala del Oeste

El tema “Tren Sarmiento” es siempre una escala obligada para nosotros, por uso intensivo que hacemos de él para viajar desde Castelar a Capital, o a Morón, y viceversa. Para Ana, en particular, el Sarmiento significa incluso más que la calle en donde pasó su infancia y adolescencia. El Sarmiento es su calle móvil:

Ahora estoy en el tren. Estoy en el tren de mi mamá Guillermina, y escribo ésto a ritmo de tren. Este ritmo lo ubico en mi infancia y entonces puedo sentir mi vida en aquellos años y también la vida de quienes me acompañaban como en un vaivén contínuo, el vaivén que produce este tren en marcha: el tren como punto de partida y llegada constante, intermitente. El periódico del hombre que se sienta adelante mío me cuenta que murió en Londres la última sobreviviente del Titanic. Y yo me pregunto si alguna vez un diario anunciará la muerte del último pasajero del tren Sarmiento.

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Bu San

Por Marina Califano

Luego de un titubeo acompasado, las luces terminan por revelar la sala vacía; el chillido de la cortina al abrirse ahoga y luego somete el silbido obstinado de los focos que sí lograron encenderse. De la mujer, en un principio, sólo se oye un trajinar algo metálico y, algo más lejano, el roce de sus ropas.

Un impacto seguido del leve crujido de la suela al arrastrarse, amplificados por ese espacio al volverse una caja de resonancia. Cada vez, al adelantar un pie, el resto del cuerpo debe contorsionarse levemente para permitir al otro alcanzarlo; una inclinación precisa, arreglada para suplir aquellos movimientos que le fueron negados. En esa dificultad, la unidad no es el paso como elemento discreto sino el conjunto de maniobras impensadas que, al converger, definen un avanzar tímido y torpe. [...] Continuar la lectura