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Archivo para febrero, 2012

Encuentro de hombres notables: el diálogo Lukács-Sacristán

ArnalentreclasicosA propósito del libro Entre clásicos: Manuel Sacristán&György Lukács,

de Salvador López Arnal, La Oveja Roja, Madrid, 2011

Por Nicolás González Varela

“Hie Formalismus! –Hie Inhaltismus!

Das ist doch zu primitiv und zu metaphysisch!”

(Bertolt Brecht, ‘Über Realismus’, 1971)

Se entiende por clásico a aquella obra que puede soportar infinitas lecturas. De alguna manera, el tiempo no puede con su ser. Se trata de obras (autores) que pueden sobrevivir a las caprichosas variaciones de la perspectiva humana sin sufrir banalización, decadencia, corrupción y olvido. Salvador López Arnal, profesor de filosofía y de matemáticas en la UNED además de prolífico historiador de la historia intelectual del marxismo español, precisamente nos recuerda que un clásico es “un autor que tiene derecho a no estar de moda nunca y a ser leído siempre.” A veces, los hombres, como los libros, llevan sin conocerlo su tortuoso destino, ocurren entonces maravillosas casualidades: dos autores clásicos, sin ser conscientes de portar la sagrada categoría, entran en contacto, se conocen, establecen afinidades electivas, respetan sus respectivos desarrollos espirituales, combaten entre líneas y nosotros podemos ser testigos de todo ello. Podemos recordar aquí muchos de estos acontecimientos que hacen coincidir las parábolas autónomas de grandes clásicos: el furtivo encuentro entre Spinoza y Leibniz; la amistad juvenil de Hegel, Hölderlin y Schelling; la desastrosa vivencia entre Hume y Rousseau; Nietzsche y su ambivalente intimidad con Wagner; el primer desencuentro entre Engels y Marx preludio de un lazo inquebrantable; Ezra Pound y su amistad-mecenazgo con Eliot; el productivo e intenso encuentro de Robert Graves con el trágico Wilfred Owen; la relación amor-odio de Heidegger con su maestro Husserl; el raro diálogo cuasi místico entre Benjamin y Scholem; el violento choque positivista lógico entre Wittgenstein y Popper. Todos estos nimios hechos individuales, privados, no tienen valor per se sino porque de alguna manera modificaron los a [...] Continuar la lectura

Los bellos durmientes

Por APG

Corro entre durmientes. No consigo precisar en qué punto de la Pampa Húmeda. Da lo mismo, el paisaje es igual: una vía de ferrocarril con pastizales a los lados y yuyales en el adentro, olvidada en el tiempo. Mis piernas se debaten entre dar dos trancos cortos de pisada irregular o una zancada exigida entre durmiente y durmiente. Es un tramo de dos kilómetros que fatiga y quema las piernas castigándolas, después vendrán veinticinco kilómetros a campo traviesa y caminos de tierra. Se trata de resistir. Estar yendo es casi más importante que llegar, y la mente casi más importante que el esfuerzo físico. Tranco largo entre durmiente y durmiente. Quebracho colorado: madera noble, firme, rústica, perdurable. Y bella. Modigliani fue el primero en percatarse. Su condición de vida precaria no daba chance para hacerse de materiales, entonces, el joven artista, robaba durmientes del Ferrocarril de Paris para dar rienda suelta a sus manos tallando la madera hasta conseguir sus primeras esculturas. Se dice que ese es el origen de la forma espigada de las figuras en sus cuadros: conservan idénticas proporciones que los durmientes.
El caso local es bien distinto: es Argentina. Los durmientes quedan “pipí cucú” en casas de campo y  de countries. Quebracho colorado, madera noble, perdurable. No hay como el quebracho colorado en forma de durmiente. Es un bien preciado y en extinción;  por ser un bien preciado y en extinción, nació un mercado negro, parecido al de los adoquines en la ciudad. Se desmantelaron vías de ferrocarril que ya no comunican pueblos, que son sólo un recuerdo que atraviesa yuyales. Los antiguos vagones de madera corrieron igual suerte: ya no ruedan: son pintorescas casas: sé de una en Cariló; otra en Tandil, en la finca de René Lavand (“No se puede hacer más lento”), incluso, hay uno devenido en restaurante en un punto impreciso del Barrio de Caballito. [...] Continuar la lectura

Una noche en la morgue de Buenos Aires

Por Hernán Zin

Corresponsal 20minutos.es

Ayer a la tarde Buenos Aires parecía tener un pulso diferente, menos febril y convulsionado que de costumbre. La gente se sumaba a las largas colas en espera de los autobuses – pues el servicio ferroviario tardó en restablecerse en la línea Oeste – casi sin hablar, con expresión ausente. Los coches que se embotellaban en la avenida Córdoba no pitaban tanto, no se agredían, según suele ser habitual en esta urbe de sonido y furia en sus horas punta.

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José Pontiroli busca a su hija frente a la Morgue Judicial de Buenos Aires (Foto: Hernán Zin)

Ayer por la noche a muchos porteños, y seguramente a otros tantos argentinos, se les hizo difícil conciliar el sueño debido a las imágenes de horror que los informativos repitieron a lo largo del día – los jóvenes atrapados entre el metal retorcido de los vagones, sin poder salir – y a la certeza de que aún había personas que bajo la lluvia intermitente recorrían los hospitales y las morgues en busca de noticias sobre sus familiares. [...] Continuar la lectura

La elocuencia indescifrable

Expresión y comunicación en Theodor Adorno

Por Gabriel Muro

“Nada existe, si algo existe no es cognoscible por el hombre; si fuese cognoscible, no sería comunicable”

Georgias de Leontini

El expediente de la muerte del arte es retomado de tanto en tanto por jueces y  peritos varios ansiosos por clausurarlo en forma definitiva. No es que el arte haya muerto fehacientemente, ya que su cadáver nunca fue encontrado. Quizá el primer forense en esta historia fue Hegel, cuando a principios del siglo XIX, convencido de que el arte había llegado a su fin, recapitulaba su historia para explicar las causas de su fallecimiento. Como en otros tantos finales hegelianos solo realizados a medias, el asesino debía ser el Saber Absoluto.

De acuerdo a la hipótesis de Hegel, la filosofía, llegado el momento de despliegue final del Espíritu, se haría cargo de toda forma de auto comprensión del hombre, deshaciéndose del arte como si este hubiese sido un mero accesorio, una suerte de módulo espacial desechado por el Espíritu una vez reingresado a la atmósfera terrestre, realizando de esta forma la museificación definitiva del arte.

Pero quizá lo que Hegel quiso y no pudo expresar estaba más cerca de la proposición con la que abre la Teoría Estética de Adorno: “Ha llegado a ser evidente que nada referente al arte es evidente”. Esta perplejidad paradójica es la marca del arte moderno y también de la modernidad en su conjunto. Cuando Hegel profetizaba acerca del fin del arte estaba pensando en el final del arte evidente, lo bello ya-dado fundado en el mito o en la celebración de la divinidad. Pero el arte en la modernidad no busca producir placer participando de “lo Bello”, sino provocar al juicio y la inteligencia. A la caída de los ídolos que le hacían de sostén, el arte interroga al contemplador acerca del propio acto de contemplar un objeto “inútil” no producido por la naturaleza.

Aún a riesgo de pervertir su literalidad, el fin del arte hegeliano es en verdad el anuncio de la transmutación radical del arte, caracterizada por la conquista de aquello que recorre todo el pensamiento estético de Adorno: la autonomía del arte. La obra abandona el tutelaje monárquico, se autonomiza de toda regla cortesana, se hace pobre en Van Gogh, urbano en Baudelaire, anti académico en Cézanne y loco en Artaud. Al autonomizarse y poner en cuestión toda forma evidente de legitimarse, la experiencia artística estalla, y con ella sus espacios tradicionales de consagración y celebración. [...] Continuar la lectura

¡Viva la lucha de los trabajadores y el pueblo griegos!

La Asamblea de Docentes, Intelectuales y Artistas en el Frente de Izquierda y los Trabajadores expresa su más profunda, completa e incondicional solidaridad con la lucha que están librando los trabajadores, los estudiantes y todo el pueblo de Grecia para revertir el ajuste genocida que el gobierno viene descargando sobre las masas
Grecia se ha transformado en el eslabón más débil de la crisis histórica que atraviesa el capitalismo global. Este desastre económico, político y social no se produce por la corrupción del gobierno griego en complicidad con Goldman Sachs ni por un plan económico defectuoso, ni por la maldad del neoliberalismo (todas cosas efectivamente existentes). Esta crisis es la consecuencia inevitable de la de la lógica del capitalismo mundial en su fase actual, que no tiene ningún “rostro humano” que ofrecer y que no encuentra en ningún libro la receta para desarrollar un “capitalismo serio”.
Grecia no es más que el ejemplo visible del modo en que pretenden resolver la agudísima crisis del capital. Sin distinción de tintes políticos los distintos gobiernos, que funcionan como administradores de los capitalistas, buscan el salvataje de los bancos y las grandes empresas. [...] Continuar la lectura

La pesquisa espinaca

Luis+Alberto+Spinetta+spiPor David Wapner

1. El chiste de lúcuma

El 12 de mayo de 1990, alrededor de las 20 horas, caminábamos con Rafael Bini por una calle de Santiago de Chile, Recoleta. Habíamos llegado un par de horas antes, en micro desde Mendoza, en el mítico viaje de los poetas “del 90” invitados al primer encuentro chileno-argentino de poesía en democracia. Rafael y yo, los más viejos del grupo, desclasados de los años ochenta y parte de lo setenta, movidos por el hambre, cruzamos Recoleta y nos sentamos en un puesto de comida rápida que había en una esquina. Pedimos completos y, mirando la carta de helados para el postre, descubrimos helado de lúcuma. Lúcuma, la fruta hermética y spineteana, estaba allí, en forma. Compramos uno cada uno, y nos dimos la vuelta al albergue universitario, sorbiéndolos, con esperanza de que se derritiesen, para poder cantar el chiste que teníamos preparado, “helado de lúcuma, chorreando en mí”. Esa idea era más fuerte que el gusto del helado, que olvidé, y nunca volví a probar.

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Engels&Marx: la idea comunista (II)

MarxLevine1968[Para leer la primera parte del presente artículo clickear aquí.]

Por Nicolás González Varela

“Para superar la idea de propiedad privada, basta y sobra con pensar el Comunismo. Para superar la propiedad privada en la realidad, hace falta una acción comunista real.”

(Karl Marx, 1844)

“El Comunismo…  son las condiciones de emancipación del proletariado.”

(Friedrich Engels, 1847)

“El Comunismo (como) superación (Aufhebung) positiva de la propiedad privada, es la expresión positiva de la propiedad privada abolida (aufgehobenen Privateigentums)… el Comunismo como real apropiación (Aneignung) de la Esencia (Wesen) humana… el Comunismo como Humanismo (Humanismus) y, simultáneamente, como Naturalismo (Naturalismus)… el Comunismo como Humanismo positivo (positiv Humanismus)”, en estas variables fórmulas entendía Karl Marx entre 1843 y 1844 su idea de Kommunismus. Existe una convención con bastante linaje académico que sostiene que Marx devino comunista auténtico durante su estadía en París (1844-1845), “la etapa más importante de sus años de aprendizaje y peregrinación” según Mehring, y que su conversión desde el liberalismo de izquierdas se anunció en el texto de introducción de su Kritik a la filosofía política de Hegel, o sea hacia febrero de 1844.[1] Recordemos brevemente que Mehring se refiere a la “Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung”,[2] y no a la fundamental y completa pero inédita “Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Kritik des Hegelschen Staatsrechts” de 1843,[3] publicada en la revista Deutsch-Französische Jahrbücher editada en París.[4] En el artículo, pensado como introducción a su trabajo crítico sobre la filosofía política de Hegel, Marx no menciona el término Communismus en ningún momento, aunque reconoce como central el sujeto y la forma de su emancipación: ya no una mera revolución política, ahí estaban sus diferencias con el liberalismo de Bauer o de republicanos como Ruge, sino una revulsión social cuya base material (materiellen Grundlage), cuyo elemento pasivo (passiven Elementes) es una clase de la sociedad civil burguesa con cadenas radicales pero al miso tiempo universales: el proletariado.[5] Podemos forzar la exégesis afirmando que Marx entiende que detrás de este reconocimiento de la centralidad política del proletariado se esconde la idea que el Comunismo puede definirse como la negación de la propiedad privada (Negation des Privateigentums), aplicando la máxima spinoziana, luego retomada por Hegel (que decía que era de “importancia infinita”), de determinatio est negatio.[6] Un principio que Marx nunca abandonará y que cruzará como un hilo de Ariadna todos sus textos: en el primer tomo de la segunda edición de Das Kapital, en la sección VII, “El proceso de acumulación del Capital”, recuerda una vez más la feliz fórmula spinoziana-fichteana-hegeliana criticando la metodología escolar y torpe de la Economía Política vulgar bourgeois: “Estos señores (Senior, Cazenove, Stuart Mill) harían bien en meditar alguna vez acerca de la tesis de Spinoza: Determinatio est negatio.”[7] El Comunismo moderno puede ser explicado en términos filosóficos por Marx como una oposición reflectiva, tal como lo entendía no sólo Hegel, sino el mismo Fichte, muy valorado por los jóvenes hegelianos.[8] La idea de que, por un lado, la relación del Yo consigo mismo y la Identidad y, por otro lado, la relación del Yo con lo otro y la Negación, se aclaren recíprocamente (no puede entenderse la Identidad y la Negación independientemente de la relación Subjekt-Subjekt y de la relación Subjekt-Objekt), proviene de Fichte. Por supuesto que Hegel adopta el concepto fichtiano de Autoconciencia para la primera figura de la Conciencia y el primer paso hacia el saber. Comunismo es re-flexio, reflexión (por oposición) y determinación negativa desde el propio estado de la clase obrera y los presupuestos de la sociedad civil capitalista; el Comunismo es al mismo tiempo una intelección (racional) y una subjetividad concreta, por lo que, parafraseando a Fichte, para el joven Marx vale aquello de es “sólo a través de la Oposición resulta es posible obtener una conciencia específica y clara de lo que sea.”[9]

En el mismo número de la revista donde apareció su Einleitung a la crítica de la filosofía política hegeliana (aunque ni Mehring ni Althusser lo tomen en cuenta) Marx sí habla concretamente de la idea comunista de manera polémica: en una ficticia sección denominada “Ein Breifwechsel von 1843” (Intercambio de correspondencia en 1843), escribe que “tenemos que actuar sobre el presente, a través de la crítica radical de todo lo existente (die rücktsichtlose Kritik alles Bestehenden)… esta es la razón por la que nosotros no tendríamos que alzar ninguna bandera dogmática. Todo lo contrario. Tenemos que intentar acudir en ayuda de los dogmáticos, a fin de que se aclaren a sí mismos sus propios principios. Así, sobre todo, el Comunismo (Communismus) es una abstracción dogmática (dogmatische Abstraction), con lo cual me refiero no a cualquier presunto y eventual Comunismo, sino más bien al Comunismo realmente existente (wirklich existirenden Communismus), tal y como lo profesan Cabet, Dézamy, Weitling, etc. Dicho Comunismo no es más que una particular manifestación del principio humanista (humanistische Princips) contaminado por su opuesto, el elemento privado. Abolición de la propiedad privada y Comunismo no son en absoluto idénticos, y no por casualidad, sino necesariamente, el Comunismo ha acabado enfrentándose con otras doctrinas socialistas, como las de Fourier, Proudhon, etc. precisamente porque dicho Comunismo no era sino una particular puesta en práctica, unilateral, del principio socialista.”[10] [...] Continuar la lectura