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Por Nicolás González Varela
“Para superar la idea de propiedad privada, basta y sobra con pensar el Comunismo. Para superar la propiedad privada en la realidad, hace falta una acción comunista real.”
(Karl Marx, 1844)
“El Comunismo… son las condiciones de emancipación del proletariado.”
(Friedrich Engels, 1847)
“El Comunismo (como) superación (Aufhebung) positiva de la propiedad privada, es la expresión positiva de la propiedad privada abolida (aufgehobenen Privateigentums)… el Comunismo como real apropiación (Aneignung) de la Esencia (Wesen) humana… el Comunismo como Humanismo (Humanismus) y, simultáneamente, como Naturalismo (Naturalismus)… el Comunismo como Humanismo positivo (positiv Humanismus)”, en estas variables fórmulas entendía Karl Marx entre 1843 y 1844 su idea de Kommunismus. Existe una convención con bastante linaje académico que sostiene que Marx devino comunista auténtico durante su estadía en París (1844-1845), “la etapa más importante de sus años de aprendizaje y peregrinación” según Mehring, y que su conversión desde el liberalismo de izquierdas se anunció en el texto de introducción de su Kritik a la filosofía política de Hegel, o sea hacia febrero de 1844.[1] Recordemos brevemente que Mehring se refiere a la “Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einleitung”,[2] y no a la fundamental y completa pero inédita “Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Kritik des Hegelschen Staatsrechts” de 1843,[3] publicada en la revista Deutsch-Französische Jahrbücher editada en París.[4] En el artículo, pensado como introducción a su trabajo crítico sobre la filosofía política de Hegel, Marx no menciona el término Communismus en ningún momento, aunque reconoce como central el sujeto y la forma de su emancipación: ya no una mera revolución política, ahí estaban sus diferencias con el liberalismo de Bauer o de republicanos como Ruge, sino una revulsión social cuya base material (materiellen Grundlage), cuyo elemento pasivo (passiven Elementes) es una clase de la sociedad civil burguesa con cadenas radicales pero al miso tiempo universales: el proletariado.[5] Podemos forzar la exégesis afirmando que Marx entiende que detrás de este reconocimiento de la centralidad política del proletariado se esconde la idea que el Comunismo puede definirse como la negación de la propiedad privada (Negation des Privateigentums), aplicando la máxima spinoziana, luego retomada por Hegel (que decía que era de “importancia infinita”), de determinatio est negatio.[6] Un principio que Marx nunca abandonará y que cruzará como un hilo de Ariadna todos sus textos: en el primer tomo de la segunda edición de Das Kapital, en la sección VII, “El proceso de acumulación del Capital”, recuerda una vez más la feliz fórmula spinoziana-fichteana-hegeliana criticando la metodología escolar y torpe de la Economía Política vulgar bourgeois: “Estos señores (Senior, Cazenove, Stuart Mill) harían bien en meditar alguna vez acerca de la tesis de Spinoza: Determinatio est negatio.”[7] El Comunismo moderno puede ser explicado en términos filosóficos por Marx como una oposición reflectiva, tal como lo entendía no sólo Hegel, sino el mismo Fichte, muy valorado por los jóvenes hegelianos.[8] La idea de que, por un lado, la relación del Yo consigo mismo y la Identidad y, por otro lado, la relación del Yo con lo otro y la Negación, se aclaren recíprocamente (no puede entenderse la Identidad y la Negación independientemente de la relación Subjekt-Subjekt y de la relación Subjekt-Objekt), proviene de Fichte. Por supuesto que Hegel adopta el concepto fichtiano de Autoconciencia para la primera figura de la Conciencia y el primer paso hacia el saber. Comunismo es re-flexio, reflexión (por oposición) y determinación negativa desde el propio estado de la clase obrera y los presupuestos de la sociedad civil capitalista; el Comunismo es al mismo tiempo una intelección (racional) y una subjetividad concreta, por lo que, parafraseando a Fichte, para el joven Marx vale aquello de es “sólo a través de la Oposición resulta es posible obtener una conciencia específica y clara de lo que sea.”[9]
En el mismo número de la revista donde apareció su Einleitung a la crítica de la filosofía política hegeliana (aunque ni Mehring ni Althusser lo tomen en cuenta) Marx sí habla concretamente de la idea comunista de manera polémica: en una ficticia sección denominada “Ein Breifwechsel von 1843” (Intercambio de correspondencia en 1843), escribe que “tenemos que actuar sobre el presente, a través de la crítica radical de todo lo existente (die rücktsichtlose Kritik alles Bestehenden)… esta es la razón por la que nosotros no tendríamos que alzar ninguna bandera dogmática. Todo lo contrario. Tenemos que intentar acudir en ayuda de los dogmáticos, a fin de que se aclaren a sí mismos sus propios principios. Así, sobre todo, el Comunismo (Communismus) es una abstracción dogmática (dogmatische Abstraction), con lo cual me refiero no a cualquier presunto y eventual Comunismo, sino más bien al Comunismo realmente existente (wirklich existirenden Communismus), tal y como lo profesan Cabet, Dézamy, Weitling, etc. Dicho Comunismo no es más que una particular manifestación del principio humanista (humanistische Princips) contaminado por su opuesto, el elemento privado. Abolición de la propiedad privada y Comunismo no son en absoluto idénticos, y no por casualidad, sino necesariamente, el Comunismo ha acabado enfrentándose con otras doctrinas socialistas, como las de Fourier, Proudhon, etc. precisamente porque dicho Comunismo no era sino una particular puesta en práctica, unilateral, del principio socialista.”[10] [...] Continuar la lectura