[Los artículos precedentes pueden leerse aquí (Parte I) y aquí (Parte II).]
Por Nicolás González Varela
“Ellos no mandan si nosotros no obedecemos”
(Consigna del 15M)
“Nosotros no somos antisistema, el sistema es antinosotros”
(Consigna del 15M)
“El comportamiento de los indignados es el mismo que han tenido
a lo largo de la Historia todos los precursores de los movimientos totalitarios”
(Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid)
“Los del Movimiento 15M son un hatajo de mastuerzos”
(filósofo Fernando Savater)
“El primer requisito de un sistema representativo
es que el cuerpo represente a la opinión pública real de la Nación.
No es algo tan fácil Hay naciones que no tienen opinión pública real.”
(Walter Bagehot, 1883)
“La Democracia es el enigma resuelto de todas las constituciones”
(Karl Marx, 1843)
La Nueva Clase o cómo interpretar el grito sagrado ¡Democracia Real ya!
Una de las características más notables del Movimiento 15M es su obstinada Crítica a la Política, en realidad su radical crítica a lo político-burgués. Proudhon ya decía con sano sentido común en relación con la creciente alienación y autonomía de la esfera política que la burguesía europea “en lugar de enseñar al Pueblo a organizarse, le pide el Poder”. Si esto ya era notorio para cualquier observador crítico en el siglo XIX, cuando recién se esbozaban las primeras y limitadas formas de la democracia representativa liberal, ni hablemos de la situación objetiva en nuestro tiempo actual, que es testigo del desarrollo del más autoritario, sofisticado y complejo sistema de dominio que jamás clase alguna ha desarrollado en la Historia. Este extrañamiento y alienación de la Voluntad popular nunca fue tan notoria como en la consolidación del “Capital-Parlamentarismo” (la forma posmoderna en que los grandes grupos económicos y los bancos ejercen su dictadura económico-social con costo cero y barniz de legalidad a través del bipartidismo imperfecto). Una forma que llegó a su madurez en la década de los 1990’s, acompañando la imposición mundial de dicha forma de dominio, que minimizaba o liquidaba las instituciones del Welfare State establecidas en la Guerra Fría e inauguraba con pomposidad lo que los intelectuales neoliberales llamaban un nuevo y unidimensional Gilded Age, bautizada así en 2007 por el influyente diario The New York Times. Los propagandistas anunciaban una novísima era de revolución postindustrial basada en las nuevas tecnologías, un ciclo ininterrumpido de inédita prosperidad económica y realización total del autointerés y las fantasías narcisistas. Llamada eufemísticamente el “Fin de la Historia”, que en realidad no es otra cosa que la ideología neoliberal de la autonomía total del Estado con respecto a los intereses de los ciudadanos, la imposición de un depredador narcisismo en la socialización y educación de las masas, una Hubris economica toscamente darwinista y una Weltanschauung neofeudal. Este complex, cuya tendencia es derivar hacia lo que llamamos “Totalitarismo inverso”, inauguró en Occidente un fenómeno novedoso: la corporación de los políticos profesionales (Nueva Clase) y las aceitadas máquinas partidarias del sistema ligadas a la gestión del Totalitarismo inverso. Aunque ya se habían percibido en el siglo pasado estas “desviaciones” autoritarias, basta aquí mencionar el análisis todavía actual de Michels sobre las burocracias de partido y el rol regresivo del estado de partidos burgués, después de la caída de la URSS se hicieron dominantes en todo Occidente. En esta época del dominio total del Capitalismo de Casino pareciera ser que quién dice “organización”, quién dice “partido político”, dice oligarquía, dice aristocracia democrática y democracia aristócrata. Parece que hoy tenemos a una aristocracia con formas democráticas, y por la otra, a una democracia con contenido aristocrático, una auténtica contradicción hegeliana que debe resolverse.
El imperio posmoderno del político profesional y su máquina de votos gerencial señala el fin de los restos de democracia legítima de la Transición española, si alguna vez existió algo así. El sistema “pseudorepresentativo” que se mantiene intacto desde 1978, sin ninguna revisión o reforma progresista constitucional de fondo, lleva la imposibilidad lógica de que represente de alguna manera coherente, continua y transparente los intereses reales, materiales y necesidades del Pueblo en sus exigencias actuales, tal es el reclamo fundamental del Movimiento 15M. No es casualidad, por ejemplo, que el recurso llamado “Iniciativa Legislativa Popular” (ILP), uno de los instrumentos de democracia participativa que reivindica el Movimiento 15-M, derecho garantizado en la Constitución de 1978, pero que en la práctica ha demostrado ser un mecanismo kafkiano: en más de 30 años de democracia, sólo una ILP ha sido capaz de pasar los filtros que impone la ley, reunir 500.000 firmas bajo la supervisión de la Junta Electoral y, tras el debate de los diputados, inspirar un texto legal. Los políticos como profesión y clase social es una variante perversa de la idea de que el Pueblo, aunque fuente última de la Soberanía, no puede gobernar en forma directa y es una fuente caótica de irracionalidad y complejidad, tesis reaccionaria muy común entre liberales y conservadores europeos. La Nueva Clase, que incluye no sólo a los políticos del sistema sino a los estamentos de funcionarios estatales de primera y segunda línea, generalmente coptados por los partidos de estado, es una variante políticamente legítima del rancio centralismo burocrático, un fruto tardío y posmoderno del capitalismo avanzado. Se trata, nada más que contabilizando el nivel político más visible, de 8.112 alcaldes, 65.896 concejales, 1.206 parlamentarios autonómicos, 1.031 diputados provinciales, 650 diputados y senadores, 139 responsables de Cabildos y Consejos insulares y 13 consejeros del Valle de Arán. O sea: uno de cada 17 españoles es funcionario y uno de cada seis españoles que trabaja lo hace para el estado. Una Nobleza de Estado, cuya ideología de supervivencia se basa en una mentira fabulosa: que toda sociedad necesita un poderoso aparato administrativo de redistribución, el cual es dirigido por partidos políticos con la etiqueta “democráticos” y serios en “libre” competencia, para corregir el desequilibrio social creado por los egoísmo individuales naturales del ser humano, supuestamente en beneficio de la débil mayoría silenciosa. La Política, entendida como un trabajo profesional y gerencial, pasa a ser dominio exclusivo de los intelectuales orgánicos, abogados, escribanos y burócratas, un mecanismo decisivo de exclusión de toda forma de democracia real desde abajo, que delimita a la Nueva Clase en oposición a una población cada vez más desafectada de la cuestión pública pero a la vez cada vez más clientelizada (quizá el caso paradigmático sea Andalucía o Extremadura) y más relegada a mera opinión pública pasiva. Instintivamente el Movimiento 15M ha descubierto, lúcidamente, el primer y obvio enemigo, esta Nueva Clase gerencial, soberbia, autista, rica y prepotente, que amparada en el mito de la representación indirecta (ya hablaremos de esto), ha distorsionado precisamente la Soberanía popular y el Poder delegado. La amplia mayoría de los políticos de la Nueva Clase y, por supuesto los intelectuales orgánicos de la “partidocracia”, nos previenen contra la consigna “Democracia Real ya!”, que separo y diferencio del grupo del mismo nombre, le temen a este verdadero shibbolet del Movimiento 15M. No es casualidad que nada más ni nada menos que el presidente de RTVE, la televisión pública española, Alberto Oliart, se ha mostrado preocupado por el posible cariz “antisistema o anarquista” de este Movimiento, ya que por primera vez en la historia española moderna aparece un lugar vacío, imposible de ser llenado por las alternativas automáticas del bipartidismo imperfecto de la Nueva Clase. Se teme que irrumpa en los muros de la Roma del “Capital-Parlamentarismo” las fuerzas exteriores y constituyentes (anárquicas según el funcionario) del Pueblo. No es casualidad que en muchas manifestaciones del 19 de junio pudiera leerse grandes pancartas con la leyenda “Libertad Constituyente ya!”.
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