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Archivo para Marzo 28th, 2011

El baile de la victoria: oposición y menemismo

el baile 2Por Leonardo Sai

Menem es el representante de la pulsión de muerte de los argentinos

León Rozitchner

Hace ya bastante tiempo que definimos al menemismo de una forma distinta a las nociones de periodistas, politólogos y economistas. Pensamos el menemismo de un modo deleuzeano, es decir, filosófico. Para nosotros, el menemismo es, fue y será una máquina de deseo, una forma de goce social, el dolor de un exceso, colectivamente, soñado. No se es menemista solo por votar a Menem, por hacer negocios con él, por formar parte de la “oligarquía diversificada”, por rifar los aparatos de Estado. Estas cosas las pueden hacer, y las hacen, desde progresistas hasta radicales, la continuación de los negocios por otros medios no define al menemismo. El menemismo es un estilo en política profesional. Se es menemista cuando lo que se hace ingresar a la política profesional no es la ideología, ni el programa, ni los valores sino el deseo, es decir, el vacío. El menemismo no es, en absoluto, una sensibilidad que alcanza una “forma cultural” que se vuelve autónoma de su origen: lo menemista no existe. No tiene quietud, es puro desplazamiento.

El menemismo es justicialismo y apetito, aparato de partido y farándula, goce y apariencia de poder. Es la afirmación cínica de un poder aparente. El patetismo y el ridículo le son consustanciales. El menemismo es amorfidad pura que no cesa de enmascararse. Menem es la apariencia de la apariencia; su existencia, siempre imaginaria, se la concedimos, nosotros los argentinos, que nos soñamos, a través de su goce, disfrutando, televisivamente, las mieles del poder. Fuimos nosotros quienes lo hemos investido con nuestros fracasos, para vernos exitosos; con nuestras miserias, para sentirnos dichosos; con nuestra impotencia, para sentirnos primer mundo. La mayoría amorfa organizada por la dictadura burguesa terrorista unificada (que el alfonsinismo no pudo, no quiso, no supo reorganizar) fue reconstruida, por el menemismo, como sociedad de consumo.

La sociedad de consumo, obviamente, no es una sociedad donde “se consume” (toda sociedad de cualquier época histórica lo hace) sino una sociedad que declara explícitamente (a través de sus ideólogos, opinólogos, toda la esfera de la cultura como campo y la política como entretenimiento, video clip, espectáculo para pensar) no tener valores, no tener ideología, no querer saber nada de nada con todo eso: solo quiere consumir y que se la deje consumir. La cocaína, en política económica, se la llama liberalismo. La culpa es un resto de alfonsinismo que no tiene cabida en el realismo periférico del menemismo. A los menemistas, el menemismo, los libera. La década del ochenta no es una “sociedad de consumo”. Es una economía cerrada que vive la penuria de una burbuja financiera de plomo sobre la cabeza de un Estado agonizante. Una década perdida no tiene tono de fiesta: es el compromiso, el precio, la obligación heredada de una derrota. La sociedad mediática hizo a Menem del mismo modo que a Graciela Fernández Meijide, Ruckauf, Chacho Alvarez, De la Rúa, Elisa Carrió, Pino Solanas… Amado Boudou. [...] Continuar la lectura