Ingreso

Archivo para agosto, 2010

Charla abierta con Luisa Valenzuela

invitación charla valenzuela b

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Rastros de caca

Por David Wapner

La nazionista Eden Abaryil tiene 600 seguidores en Facebook.

Las fotos que colgó no son producto de una exhibicionista enferma, Eden Abaryil recibe alimento y sustento sustancial que le permite hacer lo que hace.

Ella declara que no tendría problemas en matar a un árabe, incluso si tuviese que sumergir su cabeza y ahogarlo. No es este un pensamiento raro, anómalo: muchos de sus amigos, parientes o vecinos piensan lo mismo. No todos lo dicen, o muestran, de la forma en que lo hace Eden, u otros soldados, de la reserva o en actividad, en Facebook, u otras redes sociales. La madre y el padre de todos los israelíes, el Tsahal, manifiesta vergüenza y ofrece castigo y degradación para la chica. El detalle: es el Tsahal quien propicia la humillación del prisionero palestino. Es en su seno en donde se realizan estas sesiones fotográficas que no muestran otra cosa más que lo que sucede en ese momento: soldados israelíes humillando a sus prisioneros. En el caso de aquellos que se exhiben con el cadáver de un mejavel (subversivo) “abatido”, el cuerpo del hombre muerto es su trofeo de caza: ciervos, jabalíes, palestinos. Esta iconografía es parte de un imaginario que tiene una aprobación tácita en la población israelí. No hay indignación “en el aire” por estas revelaciones. A lo sumo, turbación por revelar la trastienda, por mostrar los calzoncillos y bombachas sucios de caca. Pero no hay asco, nadie se repugna, ni siquiera una tos: no hay malestar. Están, claro, los ex-soldados de la organización Shovrim et hashtiká, “Rompiendo el silencio”; está la Asociación de lucha contra la tortura, están los jóvenes anarquistas, están las organizaciones de derechos humanos, están algunos académicos atrevidos y con dolor verdadero por lo que ven y lo que saben; están los periodistas esclarecidos. Todos, muy solos, aislados, vueltos hacia sí mismos o hacia el exterior, desde donde se les devuelve el eco. El israelí medio no los quiere, o los ignora. Son los zurdos, y el gobierno alienta la idea de que son traidores. Leyes, o proyectos de ley, apuntan a castigar cualquier cosa que sea considerada como deslealtad a la patria. Por ejemplo, alentar, en forma directa o indirecta, un boicot de cualquier tipo a Israel. No se han visto manifestaciones públicas de relevancia para protestar contra estas mordazas. El motivo es simple: hay aprobación tácita. La misma que da aliento a esta soldada, y a sus émulos, para posicionarse y hacerse fuertes en Facebook. Seiscientos seguidores, para una nada, para un sorete como Eden Abaryil no es poca cosa. El ejército, en actividad o en reserva, que  es buena parte de este país, está compuesto por miles de nadas que juntas adquieren entidad. Son el arma, son la fuerza de lemmings que empuja a este estado hacia su tumba.

Masa artificial, la institución Escuela hoy

Por Daiana Ant

El niño tiene cien lenguajes, pero le roban noventa y nueve.
La escuela y la cultura separan la cabeza del cuerpo.
Le dicen al niño:
que piense sin manos, que actúe sin cabeza,
que escuche y no hable, que comprenda sin disfrutar.

Le dicen al niño:
que trabajo y juego, realidad y fantasía,
ciencia e imaginación, cielo y tierra,
razón y sueños son cosas que no pueden ir juntas.
Y entonces le dicen al niño que el ciento no está allí.
El niño dice: Claro que no. El ciento está allí.

Loris Malaguzzi

La Institución Escuela (pública, obligatoria, laica), demuestra día a día que no puede contener en su seno la situación de los pibes hoy. La solución viene siempre excluyéndolos de la escuela: grados de aceleración, escuelas de recuperación, reducción de horario, derivación a psicólogos y trabajadores sociales. De replantearse que la “Institución Escuela” queda añeja a lo que pasa en la actualidad mejor ni hablar. La escuela es la principal reproductora del destino preestablecido de los pibes; no hay lugar para otra propuesta, otra oportunidad; no hay posibilidad de generar herramientas para otra forma de desenvolverse, de marcar la diferencia entre lo genético y lo social, entre algo transitorio y algo permanente, de mostrar que las cosas pueden ser diferentes, que hay otras formas de vincularse, de relacionarse. Y esto no es aleatorio, es una decisión y una posición política.

La escuela, como masa artificial, como institución disciplinaria, ejerce a su manera un “método cultural de dominación”. Si bien el poder alcanza en el Estado su forma de dominación más acabada, no deja de estar presente en todas las instituciones que son transitadas por los niños; la familia y la escuela, entre otras. Pero ¿Qué estrategias utiliza la escuela para ejercer ese “método cultural de dominación”? Todo problema de poder debe suponer previamente la forma de dominación infantil: el complejo de Edipo. El acceso del niño a la cultura asume la forma de la tragedia antigua. La lucha a muerte seguirá presente, aunque inconsciente, en el fundamento de la subjetividad, más allá de que no se la recuerde. [...] Continuar la lectura

Óxidos

[El presente comentario ilustrado corresponde a la discusión en torno a las esculturas de Corbett.]

Por Eduardo Montes-Bradley

Con referencia al al post sobre las esculturas de Corbett, se me ocurre que pueda interesar a los lectores otras obras del mismo tenor. Se trata de un par de hippies que llegaron a Woodstock para el concierto que no sucedió en Woodstock.
Según me comentaron quedaron varados, ahí donde los encontré, en un lote de la Ruta 28, entre Woodstock y Phoenicia. Desde entonces esculpen con piezas de automóviles. Hay algunas muy curiosas. Se me ocurre que se trata de otra apropiación del arte con la que se pretende (y muchas veces se logra) expropiarle a Detroit el derecho a decorar. No recuerdo sus nombres, creo haberlos anotado en un papelito que perdí. Pero el apellido queda claro desde el vamos: son los Heller. Dos hippies anclados entre Woodstock y Phoenicia. Me gustan las conversiones, me complace esa idea de que un auto pueda ser también un auto además de una guitarra, un dragón y un cohete espacial.
Además de sonar a Corvette, Corbett tiene algo de joyero, es predestinación, presbiterianismo. Los Heller, en cambio, parecen conformarse con la idea del mobiliario, con el roce de los elementos, con la lluvia, la intemperie.
Pienso que el óxido es el olvido del cromo: amnesia.

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Acerca de Michael Gielen y George Crumb

silvia_dabul(Notas para el programa del concierto de Silvia Dabul, a realizarse los días 4, 5 y 6 de agosto de 2010, 20.30 hs., en la Sala del Centro de Experimentación del Teatro Colón.)

Por Silvia Dabul

Aún cuando las notas de un programa de concierto generalmente se lean después y no antes,  este es el momento de hablar desde la posición de intérprete, ya que desde la teoría y la historia hay suficiente información a la que se puede acceder de manera fácil. Se trata en este caso de un intérprete que durante el proceso de preparación llega a persuadirse de que el único modo de arribar a buen puerto con estas obras es abandonando su rol habitual de “pianista”. Mucho más allá de lo evidente de renunciar a la comodidad de la banqueta para encaramarse sobre el instrumento y literalmente intervenir entre sus vísceras –además de cantar, gritar, silbar, tocar campanas, girar, desplazar tornillos y objetos varios sobre las cuerdas- este “dejar de ser” implica una especie de vaciamiento en pos de ser ocupado momentáneamente por otro. En este modo de entrega reside la única posibilidad de volverse algo más que un vocero confiable, de convertirse en una especie de medium de creadores singulares y potentes como Gielen y Crumb. No hay escapatoria, ninguno de los dos cede margen a la ambigüedad o improvisación en sus partituras, ni a devaneos expresivos o aleatorios del ejecutante. Todo está pautado en forma rigurosa. [...] Continuar la lectura