Ingreso

Archivo para mayo, 2010

Cuerdas

Por David Wapner

Caían desde helicópteros deslizándose sobre cuerdas.
Los recibía un equipo de manteada, que los derribaba para luego apalearlos.
Algunos eran cagados, sin metáforas, a palos.
Otros eran tirados por la borda.
“Pero nosotros creíamos que nos iba a recibir una manifestación, y en su lugar había un linchamiento.”
Para reparar el error, sacaron las pistolas y entraron a disparar a quemarropa.
En el video oficial del ejército se muestra una de las armas blancas confiscadas, un cuchillo de pescar que acaban de sacar de su blister.
Más tarde declararon que había armas en el vientre del barco.
Condujeron a todos al puerto de Ashdod, a los heridos los distribuyeron entre varios hospitales.
Todavía nadie dice el nombre de los muertos, y su cifra exacta.

Israel sigue navegando con impunidad

PALESTINIANS-ISRAEL/FLOTILLAPor Hernán Zinn (*)

Blog “Viaje a la Guerra”

31 Mayo 2010

Esta película ya la hemos visto, aunque ahora parezca una de piratas. Las Fuerzas Armadas israelíes golpean con desproporción y alevosía, sin el más mínimo respeto al derecho internacional, sin contemplación por los inocentes, del mismo modo en que lo hicieron en Líbano en 2006 y en Gaza en 2006, 2007 y 2009. La estrategia del “matón del barrio”, según la bautizara el periodista israelí Gideon Levy.

Como ya es costumbre, ahora empieza la otra batalla: la del ruido, la desinformación y la propaganda. Danny Ayalon, viceministro de Asuntos Exteriores, ya asumió con estoicismo que le toca hacer el ridículo al anunciar que la “Flotilla de la libertad” viola el derecho internacional y tiene conexiones con Al Qaeda (no importa que en los barcos fueran la premio nobel Mairead Corrigan Maguire, el escritor sueco Henning Mankell y parlamentarios de Alemania, Noruega, Suecia, Bulgaria e Irlanda). Ridículo que apenas supera al protagonizado en 2009 por el portavoz Mark Regev, cuando se vio obligado a negar el uso de fósforo blanco sobre una escuela de la ONU en Gaza al mismo tiempo en que las fotografías tomadas por los periodistas mostraban que estaba mintiendo. [...] Continuar la lectura

Demencia

Por David Wapner

Israel acaba de cometer su última obra de locura, el ejército paranoico,  embarcado en buques misilísticos, helicópteros, maquinaria de mierda bélica, abordó, con fuego vivo, en aguas internacionales al barco turco Mavi Marmara, que transportaba màs de 700 cooperantes internacionales, parte de una flotilla internacional que transportaba ayuda para los habitantes de Gaza. Hay más diez muertos, asesinados por haber… opuesto resistencia física contra los corsarios. A los lectores que están leyendo estas líneas: esto no es una novela, esto no es un texto para impresionar, no estoy escribiendo para que digan ustedes “oh, malditos, asesinos, criminales”, se indignen y sigan sus vidas, y esperen nuevos capítulos cargados de violencia, brutalidad, sangre, injusticia. Escribo para decirles que no se puede permanecer indiferente al crimen del bloqueo a Gaza, de la cual esta masacre es una continuación. Esta es una tragedia. El plomo fundido con que Israel destruyó Gaza el año pasado es tan sólo un fragmento de un crimen mayor que se viene perpetrando desde hace más de cuatro años, que es a su vez parte inalienable del crimen de la ocupación. Un crimen continuo contra una población indefensa, por más que se ufane de su Hamas, el millón y medio de palestinos esta inerme, a merced del ejército más poderoso del Medio Oriente. La matanza de hoy fue justificada con excusas del tipo “las organizaciones pacifistas y humanitarias están infiltradas por el terrorismo internacional“:  no es la junta militar de Videla, Massera y Agosti, es el gobierno de Israel. El mismo lenguaje, la misma falsificación de los hechos, la misma máquina de mentir y matar.
A quienes lean esto: no quedarse con la mera emoción,  no quedarse en la mera manifestación. Dejar de colaborar con Israel en todos los niveles. Ciencia, comercio, universidad. No comprar productos israelíes, no comprar libros de sus autores, ni bajarlos de la internet, no escuchar su música.

Marx, lector anómalo de Spinoza (IV)

MarxLevine1969Por Nicolás González Varela

“La Crítica a la Religión es la condición necesaria de toda Crítica” (Marx)

La descomposición del Hegelianismo se acelera en el mismo momento en que Marx se convierte en Jungerhegelianer. Suscribirse mecánicamente a la ecuación “Crítica de los Evangelios=Crítica progresista-liberal” es erróneo, ya que la Kritik a los Dogmas religiosos es consustancial al Protestantismo más conservador de lengua alemana a lo largo de los siglos XVIII-XIX.[1] Recordemos que David Friedrich Strauss no encontró la menor aprobación por parte de los hegelianos berlineses, incluso Marx no fue deslumbrado por la aparente novedad de su crítica hermeneútica a la Cristología, ya que en realidad retomaba el trabajo que ya había realizado con más profundidad y radicalidad dos siglos antes Spinoza.[2] Marx, a través de su estudio detallado de Spinoza[3], ya estaba pertrechado para iniciar una crítica a Hegel in toto, aunque Strauss le demostró la potencia subyacente a un uso crítico de la filosofía hegeliana. Pero incluso desde la crítica textual de las fuentes de los Dogmas, Strauss estaba por detrás de Spinoza.[4] En suma: el joven Marx estaba más allá de Strauss antes de conocer a Strauss. Pero no sólo se trataba de luchas abstractas en la vida mental de Karl Marx. El abandono de su cosmovisión romántica e idealista fue para el joven Marx un proceso doloroso, extremo y humillante: “A causa de mi defección, me fue imposible pensar durantes varios días. Me paseaba por el jardín como un lunático junto a las sucias aguas del Spree… a causa de la futilidad de mis trabajos fallidos y malogrados, consumido por la vejación de tener que hacer un ídolo de la concepción que tanto odiaba, caí enfermo… Durante mi enfermedad, estudié de cabo a rabo a Hegel y a la mayoría de sus discípulos…”[5] Marx le confiesa a su padre que “me dediqué a buscar la Idea en la realidad misma. Y si antes los dioses vivían en la Tierra, ahora la Tierra se transformaba en el centro mismo.” En su frustración se dedica a estudiar lo que llama irónicamente positive Studien (estudios positivos): derecho penal (Savigny, Feuerbach, Grolmann, Cramer, Wening-Ingenheim, Mühlenbruch), derecho eclesiástico, antiguo derecho germano. Intenta practicar su latín escolar traduciendo la Retórica de Aristóteles y el libro De augmentis scientiarum de Francis Bacon. Planea editar una revista de crítica teatral haciendo participar a “todas las celebridades estéticas de los jóvenes hegelianos”, incluso envía un plan estratégico-financiero de la publicación a una casa editorial, Wunder, que jamás le contestará.[6] Y siguen las esperanzas de poder acceder a una plaza universitaria como außerordentlicher Professor, profesor extraordinario. También le anuncia a su padre que quiere abandonar la carrera de Derecho, pasarse a la de Filosofía, y le pide un encuentro personal para discutir este cambio radical. [...] Continuar la lectura

Bicentenarias

Por Julio Zoppi

Por suerte, la fenomenal convocatoria de los festejos por el Bicentenario mandó a su debido segundo plano a situaciones que pretendían ponerse por encima de todo, de las cuales alguna prensa extranjera se hizo demasiado eco. Desacuerdos protocolares entre la Presidenta de la Nación y el Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires respecto de la asistencia al acto de reapertura del Teatro Colón y la celebración del Tedeum. De nuevo la tan temida imagen penosa y atroz que daría el país de cara a los Centros Mundiales de la Virtud y la Alta Cultura Desarrollada que nos observan azorados, quizá como entretenimiento para minimizar la conciencia de las atrocidades de sus propias crisis éticas, políticas y económicas.  Al final los detalles menores volvieron a su justo y menor lugar,  y terminaron resaltando lo que se impuso por abrumador propio peso: una convocatoria masiva inédita en la historia del país. Ahora quedará para los sociólogos explicar el por qué de semejante voluntad de participación y cuales son los mensajes posibles. Y habrá muchos que quieran quedarse con el rédito político.

La apuesta de la alianza entre los medios y el neoliberalismo vernáculo  era aprovechar esta circunstancia del Colón para mostrar una contracara feliz, cultural y virtuosa que se opondría a la barbarie populista de los actos nacionales, llenos de choripán peronista, referencias zurdas a los pueblos originarios y a los derechos humanos. El tiro no salió demasiado bien: encabezada por el PRO la operación “decencia y alta cultura” se transformó en una opereta del más kitsch de los populismos faranduleros con Ricardo Fort, Jorge Rial, Valeria Massa, Mirta Legrand y Susana Jiménez de referentes, tal como un desfile de Giordano en plena temporada de Punta de Este. Los superó esa debilidad que tienen por el “otro populismo”, el del glamour de los ricos y famosos que tanto bien le hace a la democracia.

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Expía la patria

Por David Wapner

Mira la patria

Tira la patria

Vira la patria

Es viva la patria

Rica la patria

Bebida la patria

Chica la patria

Fija de la patria

Hija la patria

Pija la patria

Lija la patria [...] Continuar la lectura

Materialismo y Emancipación

HistMatCharbonnatUna lectura de Historia de las Filosofías Materialistas de Pascal Charbonnat (*)

Por Nicolás González Varela

“Le Matérialisme est une exigence absolue d’emancipation,

un impératif qui lie chaque partie de l’Être,

tout en libérant la totalité d’une quelconque transcendance.”

(El Materialismo es una exigencia absoluta de emancipación,

un imperativo que une cada parte del Ser,

al mismo tiempo que libera a la Totalidad de cualquier trascendencia.)

Pascal Charbonnat

El Materialismo es tan antiguo como la Filosofía, pero no más antiguo que ella. Filosofía/Materialismo son por un momento en el desarrollo de la Humanidad una identidad inescindible, las dos cara de un Jano que combate la fantasmagoria del poder establecido. Ambos son el grito de guerra humanista contra la teología aristocrática en la Antigüedad. Resulta paradójico que la Filosofía de la Universidad lo ignore y desprecie con tanta constancia. Las concepciones del mundo materialistas están arrinconadas en el depósito de las teorías baratas. Pocas tradiciones filosóficas han sido tan vilipendiadas y maltratadas como las filosofías materialistas. Mientras, por el otro lado, reinan acríticamente en las instituciones y en la propia currícula académica filosofías reaccionarias, racistas, idealistas, utilitarias, que han coqueteado con los peores sueños totalitarios de la Razón. El Materialismo sans phrase es tenido siempre por la ideología dominante, ya laica, ya teológica, por poco serio y tosco. Filósofos profesionales, por no hablar de teólogos, ven en él en especial una degradación del hombre, una reducción de la espiritualidad humana eterna a mera inmanencia, materia, naturaleza y corporalidad. Incluso la expresión en el pensamiento de pulsiones de baja estofa, con una evidente valencia política. Un filósofo de prestigio como Max Scheler, no sin lógica, definió que el Materialismo era una “forma de pensar de la clase baja”, mientras que en igual forma esquemática atribuyó a las clases altas una “conciencia idealista pesimista”. [...] Continuar la lectura

El nazismo en la piel progresista

Diario-de-Guerra1Por Dr. Strangeblog

[Cosas extrañas ocurren el ámbito de la representación y reproducción cultural. A la saga de publicaciones temáticas de índole periodístico-investigativas, se agregan ciertos libelos de difusión política que, con cierto tono adoctrinador, son promovidos como elementos fundamentales en la confrontación del oficialismo con ciertos condensados del poder económico. En esto no hay ángeles ni demonios, a propósito de cualquier interpretación maniqueísta. Un tal Claudio Díaz –autor del libro “Diario de Guerra: Clarín, el gran engaño argentino” (De los Cuatro Vientos, sello Gárgola, Octubre 2009)– tuvo su momento semi mediático a días de las últimas elecciones de octubre de 2009. Paseó su figura por varios programas de la televisión estatal (canal 7), acusando el supuesto golpe de censura del Grupo Clarín contra su efímero blog o página web a la que había denominado: quetepasaclarin. Frase que mencionara el ex presidente Kirchner en algún discurso partidario. El libro fue el cenit de dicha victimización del autor. Oh sorpresa: al leer tal pasquín de factura menos que mediocre, encontré ciertos párrafos que –aún sacados de contexto– remiten a la más burda vindicación del nacional socialismo, o sea, el más revulsivo nazismo criollo.

Resulta llamativo que el INADI gaste recursos en supervisar la web y redes sociales, mientras que el mismo gobierno apoya y difunde el ideario más xenófobo, insultante, racista y demás calificativos atinentes, de la mano de un pseudoperiodista que, si no recuerdo mal, también visitó el programa 678 –foro mediático del progresismo oficialista. Viene a mi memoria el nombre de Guillermo Patricio Kelly, no sé por qué, ¿será una asociación libre? ¿Somos libres o nos están por colocar el grillete del estado? Argentina parece atrapada en las manos de un monstruo bifronte de anciana tradición.

A continuación, algunas citas notables de la obra referida. Las conclusiones quedan por vuestra cuenta. Y unas preguntas más, ¿no existe una ley de defensa de la democracia que está por encima del famoso y promovido INADI? ¿Incluirá ésta denuncia el Instituto que se promueve con la frase: hacia un país que te incluya? ¿Ninguna medida se tomará contra semejante personaje o tenemos que esperar sentados a que no hagan nada como pasó con la denuncia que surgió de éste mismo blog contra Cencosud(*)?]

Capítulo 2: “Un mundo infeliz. Una nueva religión: la del consumo. Una sola historia: la de los dueños del poder”.

“No serán los curas sino los intelectuales del poder los sacerdotes de la palabra” (p.54).

“En lo que respecta a nosotros, desenganchar a la Argentina de la cultura cristiano-católica e iberoamericana para fundirla en el proyecto globalizador imperialista requiere, como hemos visto, de ensuciar su historia y si es posible sustiuirla por otra.” (p. 56)

“Llevamos más de un siglo de elaboración, por parte del eje anglo-protestante, de la Leyenda Negra antiespañola que tiene el fin de anular los enormes avances que logró la cultura castellano-católica en Iberoamérica. Desde hace medio siglo también se impulsa una operación similar, pero esta vez para impugnar la obra del peronismo y asociarla con lo peor de la política… Y en los últimos años aparece, curiosamente, aunque no casualmente, un tercer “trabajo de asentamiento” de relatos distantes y remotos que pretenden “tomar” la memoria nacional: hablamos de la desmedida difusión que se hace sobre la tragedia de una colectividad, la judía, que a partir de una propaganda permanente e insidiosa [...] Continuar la lectura

Crónica del tomate

Por Eduardo Montes-Bradley (*)

El despertador sonó a las 5:50 AM, una hora después de haber conciliado el sueño. Saber que habría de amanecer temprano impidió que me durmiera. Es una imbecilidad, está claro. De hecho debería haber ocurrido exactamente lo contrario. Duermo poco, como los ancianos y tengo actitudes adolescentes: ansiedad nocturna, desvelos. Ojalá tuviera que ver con una mujer, pero no. La inquietud atañe a un viaje del que acabo de regresar con dos sandías, un melón que huele de puta madre y once kilos de tomates tan rojos como la vergüenza.

Destino: Immokalee.

5:58 AM. Cargo la nave y salgo a buscar al primero de mis dos acompañantes. Tom Olsen vive cerca de casa, es fotógrafo y le divierte la idea de un safari. Tom es delicado, culto, austero pero reniega de Nikon. También de Nixon. Su fragilidad aparente no delata sus dos tours completos en Vietnam en los momentos más álgidos de la contienda: ´65 y ´66. Voy con tiempo, empujado por la maldita ansiedad. Llego quince minutos antes y hace por lo menos diez que Tom espera en la vereda. Él tampoco pudo dormir. Suena el teléfono. Atiendo, es Ramiro. Ramiro es Argentino, primo muy distante. Ramiro y yo tenemos un antepasado en común, un tal Karl August Ziegler que peleó en Ituzaingó a las ordenes del imperio. Al parecer, o a juzgar por las memorias, al berlinés no le gustó el rancho y decidió pasarse al bando rioplatense. Así fue como él vino a dar con sus huesos a Buenos Aires, así fue como se casó con misia María Ignacia Rejas y Caballero de Negrón. De aquella unión nacieron Ignacia y Manuela, también otros. Don Ramiro Terán Ocantos desciende de la primera, yo de la segunda. Y el teléfono sigue sonando… Atiendo: al parecer Ramiro tampoco pudo conciliar el sueño, o se cayó de la cama, o se quedó mirando la luna. La cuestión es que está llegando veinte minutos adelantado lo que supone que el veterano de Indochina y yo, no vamos a tener que esperar bajo un puente. [...] Continuar la lectura

Onetti, un escritor argentino

Por Andrea Paula Garfunkel

Que tu abuelo fue siempre un mujeriego empedernido que trasnochaba varios días a la semana en el bulín de la calle Ayacucho era vox populi en todo el barrio; hasta tu abuela lo sabía y aceptaba con naturalidad. Es que eran otros tiempos, los tiempos en que los matrimonios se consolidaban para toda la vida, hasta que la muerte los separara y así lo vivieron ellos, como debía ser. Pero aún así, y a pesar de lo que cualquiera pueda aventurar, yo creo que ella consiguió ser más feliz que él. Porque a ella, la que todas las mañanas de su vida transitaba su rutina, primero haciendo los quehaceres en los dormitorios, luego –eso sería alrededor de las diez–, llevándole el mate amargo a tu abuelo a su taller de sastrería, justo allí, en la piecita del fondo a la que se llegaba tras pasar el patio, momento en que aprovechaba para despedirse con un beso en la frente porque partía hacia el mercado a la vez que le decía –esto sucedía sólo los miércoles– “voy a encontrarme con mi amante”, y él le sonreía festejando la broma, siempre incrédulo, y le pedía que pasara por la Franco-Inglesa y le trajera un frasco de Glostora, a veces, y otras, crema de afeitar Gillette, digo, porque a ella siempre le había resultado decir la verdad…, es que nadie hubiese osado ni imaginar que la abuela Ona, con su rodete plateado, su batón floreado y mañanita a crochet, su cutis brillante y lavado, su mirada leal y apacible de ternura con la que salía y regresaba cada día a media mañana –incluso los miércoles–, fuera capaz de tener una doble vida. Ella fue quien me enseñó que la mejor forma para que crean que mientes, es decir la verdad, y también, que si tienes la intención de ocultar algo, no hay mejor manera que dejarlo a la vista. [...] Continuar la lectura

Evangelios y Apócrifos – Presentación

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La Cuestión Judía y Martin Heidegger

A proposito de la aparición en inglés de dos libros sobre Heidegger:

The Introduction of Nazism Into Philosophy in Light of the Unpublished Seminars of 1933-1935
By Emmanuel Faye, Translated by Michael B. Smith, Yale University Press.

Hannah Arendt, Martin Heidegger, Friendship and Forgiveness
By Daniel Maier-Katkin, W. W. Norton & Company.

Por Adam Kirsch

ArendtHeideggerPuede parecer sorprendente que se sigan escribiendo tantos libros debatiendo la adhesión al Nacionalsocialismo de Martin Heidegger, ya que el hecho que Heidegger fuera un nazi nunca ha estado en discusión. ¿Cómo podría serlo, cuando el gran filósofo tomó posesión como rector de la Universidad de Friburgo en abril de 1933, precisamente, para llevar a cabo la Gleichschaltung, o la “Nivelación” aria de la universidad con el nuevo partido-estado de Hitler? ¿No le dijo al cuerpo estudiantil, en un discurso, ese mismo noviembre de 1933, que “el Führer y sólo él es el presente y el futuro de la realidad alemana y su Ley”? Después de la guerra, ¿no se desvivió para minimizar los crímenes nazis, incluso describiendo al Holocausto, en un famoso ensayo, La pregunta por la Técnica, como una expresión más de la tecnología moderna, como la agricultura mecanizada?

Sin embargo, para su ochenta cumpleaños, en 1969, Heidegger había logrado, en gran medida, separar su trabajo y su reputación de su adhesión incondicional al Nazismo. El sello de su absolución fue puesto por la filósofa Hannah Arendt, en un discurso de cumpleaños difundido por la radio de Alemania Occidental. [...] Continuar la lectura

Nietzsche contra la Democracia, en librerías

¿Nietzsche un pensador político? Durante más de un siglo la dimensión política del pensamiento de Nietzsche ha sido un campo de batalla y fuente de confusión y desconcierto. La tradición interpretativa dominante en Occidente ha sido la de deshistorizar y despolitizar un aspecto clave del pensamiento nietzscheano: su filosofía práctica. El resultado ha sido un empobrecimiento general en la comprensión de su vida y obra, así como la represión de la centralidad política de su Kritik a la Modernidad. Si coincidimos con que una teoría de los medios y fines del Estado es el fundamento de toda Política, tal teoría existe en Nietzsche. Y de ninguna manera de forma incidental o indistinta, ni subsumida a un horizonte moral, como sostienen muchos nietzscheanos. Nietzsche fue un pensador preocupado por el destino de la Política en el mundo moderno. Desde cualquier punto de vista objetivo es evidente que la obra nietzscheana puede ser leída políticamente, que existe in nuce una completa y reflexiva filosofía práctica. Y que su posición siempre oscila en torno a un fuerte y radical pensamiento antidemocrático.
González Varela reconstruye los conceptos fundamentales del Nietzsche político, analizando su génesis, influencias, evolución, tensiones, nudos temáticos y el lenguaje empleado por el filólogo-filósofo en su combate contra la Krisis de lo moderno. El presente estudio es un intento de reconstruir el Nietzsche político, con énfasis en el lado positivo de su filosofía práctica, en los elementos productivos que emergen desde el humus de su Ideologiekritik. El enfoque “apolítico” de Nietzsche, reducido a exégesis estéticas, epistemológicas, psicológicas, lingüísticas, empobrece y cercena la riqueza y amplitud del propio Nietzsche. La mutilación y reducción de la esfera ético-política de Nietzsche implica perder de vista su propia coherencia como pensador.”
Sinópsis de la obra (pdf)
Para más información ir a:
Editorial Montesinos
Nicolás González Varela

Nietzschedemocracia¿Nietzsche un pensador político? Durante más de un siglo la dimensión política del pensamiento de Nietzsche ha sido un campo de batalla y fuente de confusión y desconcierto. La tradición interpretativa dominante en Occidente ha sido la de deshistorizar y despolitizar un aspecto clave del pensamiento nietzscheano: su filosofía práctica. [...] Continuar la lectura

Nuestra Señora la Dialéctica

Por Nicolás González Varela

Nuestra Señora la Dialéctica
La Dialéctica no es una inmaculada genialidad concebida en el cerebro de Karl Heinrich Marx. En su gestación hay una larga genealogía de filósofos, pensadores y escritores que se inicia en la Antigüedad. Y además del elemento subjetivo, hay que señalar que la Dialéctica es eminentemente un producto material de la ciudad, una flor de las relaciones sociales urbanas, el verdadero magma de su nacimiento. Pero no la ciudad a secas, abstracta, sino la ciudad como encarnación de los demos (aquella primitiva y escasa democracia limitada de Atenas) frente al kosmos aristocrático. Es que la Dialéctica nace cuando se inicia la acción comunicativa igualitaria, el discurso horizontal, la comunicación agórica (si me permiten) exigida por la necesidad de desarrollar una herramienta colectiva. Necesidad de generar consenso y conformidad en el debate público sobre un concepto político, jurídico o social… No es casualidad que Nietzsche, ese gran reaccionario de formación filológica, atacara a la Dialéctica con rudeza, llamando a los dialécticos “tarántulas” y a su método “una forma de venganza de la Plebe”. Otro gran reaccionario y militante del nacionalsocialismo como Heidegger, de formación teológica, también comprendió la valencia revolucionaria de la Dialéctica, a la que definió con sutil ironía como “aquella comprensión que intentaba hallar una explicación para todo, de modo tal que cualquiera pudiera entenderla y llevarla al mercado”. Ambos se propusieron como una de sus empresas filosóficas de largo aliento, la liquidación de la Dialéctica (ya sea enfrentando a Hegel o a Marx, o a ambos), una tarea que continúan con más o menos suceso sus herederos del Neopositivismo y el Posmodernismo. Es que la Dialéctica exige que toda cuestión no pueda ser legitimada en trascendentes intemporales como la Naturaleza, Raza, Sangre, Patria, el dinero o el poder en sí mismo.: originariamente es herramienta de diálogo, de retórica social, técnica de discusión y defensa de las exigencias de la Razón y de la Ciencia frente a un orden fundado en la fe (en un Dios o como hoy en el Mercado). La Dialéctica nació en el mundo griego, por lo menos, debemos decir, en el sentido moderno en que nosotros tratamos de entenderla (y llegado el caso aplicarla como método). Homero, Jenofonte, Protágoras, Gorgias, Sócrates, Platón, Aristóteles, los sofistas, Demócrito, Epicuro… son hitos en la maduración, configuración y culminación de la Dialéctica. Fue Platón quién incorporó la Dialéctica a la Historia de la Filosofía de Occidente (Sócrates para ser más exactos) y dialéctica en su etimología prefilosófica proviene de un verbo que se deriva de “Lengua”, “dialegesnai”, cuya idea es de separación, división en dos, distribución, diferencia y también cumplimiento; especialmente en el uso en la periferia de Ática (región donde estaba Atenas) expresa emulación, concurrencia de varios sujetos en una acción con influencia recíproca, acción comunicativa entre pares. El sentido etimológica de la raíz del verbo “dia-legein” significa racional y distributivo: señala la idea de cálculo, incluso el modo de repartir una cantidad. La evolución del verbo del griego al latín exhibe las marcas sociales e históricas de su uso: de recoger y elegir, numera o hacer cuentas entre varios sujetos, a “recorrer” en sentido figurado enunciativo, enumerar, narrar, decir, conversar, hablar (por ejemplo en latín “leer” al público la lista de los senadores). Hablar, pensar-decir, discutir con alguien o muchos, conversar esperando una respuesta, dialogar como tarea metódica. El mismo Platón contrapone la Dialéctica a “competir” o a “disputar” e incluso a “hablar en monólogo” o como un orador que pronuncia un discurso: “Pero: ¿cómo llamaremos a quién sabe el Arte de preguntar y responder sino dialéctico?” (Cratilo, 390 CD). Para que nos demos una idea, un traductor francés ha trasladado, en un bello ejemplo, el término Dialéctica del griego como “espíritu de conversación” en el diálogo Menón de Platón. Platón llega incluso a afirmar que la Dialéctica del utópico Rey-Filósofo de La República es “una Potencia verdaderamente más que humana”. Aristóteles agotará las posibilidades semánticas, filosóficas y políticas de la Dialéctica: será diálogo y su técnica, arte del discurso breve, discusión entre iguales, persuasión pero también Ciencia con mayúsculas (theoría o teoresi en sentido griego), es decir: la visión justa de lo inteligible. También es camino, método, vía regia que conduce a la verdad, instrumento que permite alcanzar y discutir las determinaciones de una cosa y los principios de la Ciencia. Del discurso, de ser un Ars subjetivo, la Dialéctica se expande, ante la evidencia de la materia, hacia las cosas mismas, se hace y se reconoce como objetiva. Como corolarios naturales surge dos configuraciones básicas:
1) Una Dialéctica subjetiva: la idea de una división de la Lógica misma, cuya idea es lo abstracto, lo vacío, la estructura de un silogismo sin contendido determinado, la dialéctica del diálogo o el diálogo como Dialéctica;
2) Una Dialéctica objetiva: la idea de la Dialéctica como expresión especulativa (especulum: espejo) y efecto de las contradicciones de lo real, como adecuación del pensamiento a la propia ontología de las cosas. Por ejemplo en Aristóteles materia y forma, acto y potencia, etc.
Aquí termina esta suerte de prehistoria de la Dialéctica, que queda subsumida en la oscuridad de la Escolástica (que reducía la Dialéctica a una mera Lógica) hasta la llegada de la Ilustración en Europa.
Los síntomas son la radicalidad y autonomía de una parte de ciertas categorías dialécticas ligadas a la conciencia, como Alienación, Utopía o Autoconciencia en el movimiento del Sturm und Drang (Lessing, Herder, Schiller) con hipótesis científicas materialistas (muchas derivadas de Hobbes, Spinoza y los materialistas franceses). El Iluminismo y en especial Kant descubren de nuevo la Dialéctica y la restituyen a la Filosofía como dominio propio. Por supuesto que es una Dialéctica, la kantiana, ya mutilada y reprimida: pertenece exclusivamente al ámbito de la Razón y es “inevitable”. Muchos sostienen que en lo esencial, la problemática contemporánea (marxista o no) sobre la Dialéctica se sigue desenvolviendo dentro del horizonte kantiano. Kant recoge la distinción aristotélica de la Lógica General en Analítica y Dialéctica, y considera que la Dialéctica se da como “exasperación” psicológica, como mistificación y perversión de la Analítica por el desgarramiento de un ser finito frente a lo infinito. Con Kant la Dialéctica subjetiva celebra su propia culminación y muerte, ya que señala que es una ilusión trascendental inevitable y natural que tiene por meta “descubrir la apariencia engañosa de las pretensiones infundadas del Intelecto y la Razón”; la Dialéctica es una mera “Lógica de la Apariencia”.
Fichte y Schelling, ambos con mucha influencia en Marx, en el tema de la Dialéctica va más allá y contra Kant. Marx fue un dialéctico fichtiano durante un tiempo y de Schelling lo influenció su Filosofía de la Naturaleza. Es justo reconocer que el idealista subjetivo Fichte (quizá por la influencia de Saint Simon y Babeuf en su Filosofía Práctica) fue el primero en constatar que la génesis, el apoyo material de la Dialéctica, en cuanto Automovimiento de lo Real, se encuentra en la sociedad misma. Por primera vez la Dialéctica no es más que su objetivación, el propio movimiento de la realidad: la realidad, y no una antinomia psicológica de la Razón, “es” la Dialéctica. Si el Pensamiento deber ser dialéctico lo es en cuanto debe pensar la realidad (Ser). Fichte fue el que además inauguró el uso filosófico y político de la terminología “en-sí” y “para-sí”, como figuras de la tesis y antítesis. El problema de Fichte era que para él realidad era el Yo, con lo que la Dialéctica se transformaba en un raro ideal-realismo. Schelling desde el principio defendió una tesis más radical sobre la Dialéctica, ya que lo Absoluto en la Filosofía y en la Ciencia es unidad de los subjetivo y lo objetivo, unidad de Espíritu y Naturaleza (materia). La última figura es Hegel, que como ya sabemos intentó y logró superar en el tema de la Dialéctica tanto la reducción de Kant como el solipsismo de Fichte como la trampa del Absoluto de Schelling. Pero llegados a Hegel volvemos la mirada inevitablemente al joven Marx y a los orígenes de la Dialéctica materialista.
Sabemos que alrededor de abril de 1837 Marx comienza a estudiar seria, intensa y directamente a Hegel, posiblemente acicateado por el impacto de las clases de uno de sus profesores universitarios, el hegeliano liberal Eduard Gans. Y que ha llegado, como lo confiesa, a un punto de no-retorno (Grenzmark), una metamorfosis, una encrucijada límite en su desarrollo intelectual, y que muchos consideran el momento más decisivo en la vida de Marx. Había garabateado antes un extraño texto filosófico en forma de diálogo platónico titulado Kleanthes oder Ausgangspunkt und notwendigen Fortgang der Philosophie (Cleantes o el punto de partida y del progreso necesario en filosofía), texto con colores spinozianos evidentes. Marx confiesa en una carta a su padre que “terminaba yo por donde comenzaba el sistema hegeliano, y este trabajo, para el que hube de familiarizarme hasta cierto punto con las Ciencias Naturales, con Schelling y con la Historia, me causó infinitos quebraderos de cabeza…” Si nos remitimos a los antecedentes dialécticos, Marx ha utilizado tanto la concepción dialéctica de Fichte como la de Schelling, antes de sucumbir al embrujo del idealismo objetivo de Hegel.
En el verano de 1837 cayó enfermo, bajo un intenso estrés, y se le recomienda un descanso alejado de Berlín. Elige mudarse temporalmente a una localidad de la periferia. Allí, en el pueblo de Stralow, Marx se sumergirá en las profundidades de “Hegel El Oscuro” y cuando termine el verano se habrá transformado en un hegeliano de ley. Es de hacer notar que el Hegelianismus que adopta el joven Marx no es el oficial, ni el ortodoxo, sino que era “ya” un hegelianismo modificado, un idealismo objetivo radicalizado hacia la praxis y la cuestión social. Es decir: el joven Marx evoluciona entre 1835 y 1838 del tardoromanticismo al idealismo subjetivo (Kant-Fichte-Schelling) y del idealismo objetivo (Hegel-Gans) al hegelianismo de izquierda. Algunos biógrafos señalan que la propia evolución intelectual de Marx (Spinoza-Leibniz-Aufklärung-Kant-Fichte-Schelling-Hegel) recorre la misma parábola que la propia historia de la filosofía clásica alemana. Durante un tiempo, Marx mantendrá, contra su anterior credo idealista subjetivo kantiano-fichtiano, los principios del idealismo objetivo de Hegel. Como le afirma a su padre en una carta de ese año, él concibe a “la Vida en general…como la expresión de una actividad del Espíritu (den Ausdruck eines geistigen Tuns) que cobra forma en todas las direcciones, en el Saber, en el Arte, en la condición privada de cada uno.” Muchos comentaristas señalan que aquí Marx rechaza, como los jóvenes hegelianos en general, el rol determinante del elemento material, los intereses prosaicos que se entrelazan en el desarrollo histórico, es decir: las relaciones económico-sociales. Pero ya hemos visto que el excesivo acento sobre la autoconciencia al mejor estilo de Fichte era puesto por el joven Marx entre paréntesis y matizado, como por ejemplo en su escrito sobre la elección de una profesión de la misma época juvenil. Si Marx era un hegeliano de izquierdas, un Junghegelianer, lo era de una manera muy peculiar. Si existe un antimaterialismo en el joven Marx, es decir: un principio en que la Idea es la organizadora efectiva de la realidad y su centralidad ontológica, no se asemeja a la de la corriente principal de la izquierda hegeliana. Hay un antimaterialismo abierto basado en la Formmbestimmung, en la determinación de la Forma, como señala el joven Marx en la misma carta a su padre Der Begriff ist ja das Vermittelnde zwischen Form und Inhalt (El Concepto es propiamente la unión entre Forma y Contenido), receptivo a tímidas determinaciones materiales de las Verhältnisse in der Gesellschaft, de las relaciones en la sociedad, que pueden incluso estructurar y unificar la realidad empírica o la misma voluntad subjetiva en su libre albedrío. En esta única carta conservada a su padre, Karl Marx se refiere por primera vez a la Dialéctica, en términos que seguramente nos hacen sospechar de una lectura profunda del Prólogo, del Vorrede de la Fenomenología del Espíritu de Hegel. Cuando le comente a su padre sobre su tratado fallido sistemático de Filosofía del Derecho, su autocrítica se basará, sin nombrarlo o citarlo, en una transcripción literal de Hegel: “Se manifestaba aquí, ante todo de un modo muy perturbador, el contraste entre la Realidad (Wirklichkeit) y el Deber-Ser (Sollenden) peculiar del Idealismo y que era la madre de la siguiente clasificación, torpe, falsa. Primero fue lo que yo de manera benévola llamaba ‘Metafísica del Derecho’ (Metaphysik des Rechts), es decir: principios, reflexiones, definiciones de conceptos, separados del Derecho real y de cualquier forma real de la Ley, como vemos en Fichte, sólo que en mi caso de un modo más moderno e insustancial. (En mi estudio) Todo adoptaba la forma acientífica del dogmatismo matemático (unwissenschaftliche Form des mathematischen Dogmatismus) , donde el Sujeto se mueve en torno a la Cosa, sin que llegue a que la Cosa en sí se despliegue como un hecho rico y vivo, sino como un obstáculo a priori para la verdadera compresión. El triángulo deja libre al matemático para construir y demostrar a sus anchas; es sencillamente una representación en el espacio, y no es susceptible de ningún desarrollo. En efecto, para que por su medio aparezcan nuevas relaciones y nuevas verdades es preciso colocarlo al lado de otro, y entonces veremos como esto nos da distintos resultados y asume verdades diferentes. En la expresión concreta (konkreten Ausdruck) en el mundo del pensamiento vivo, como son el Derecho, el Estado, la Naturaleza, la Filosofía entera, es necesario escuchar al Objeto en su propio desarrollo, sin esforzarse en adjudicarle clasificaciones arbitrarias, sino dejando a la razón misma de las cosas (Vernunft des Dinges selbst) siga su curso contradictorio y encuentre la unidad en sí misma.” Marx está parafraseando la sección III “El Conocimiento Filosófico”, donde Hegel distingue la naturaleza de las verdades filosóficas de otros tipos de conocimiento, como el histórico y el matemático. La Dialéctica en el joven Marx de esta época ya no es simple vanidad o manía subjetiva, ni tampoco una falsa unidad romántica en un Superyó proteico o un falso Absoluto. El procedimiento dialéctico es el que elimina, como le señala en la carta, “la oposición entre Ser y Deber-Ser” (Gegensatz des Wirklichen und Sollenden), y por lo tanto, en el caso del Derecho la escisión y separación metafísica “de los principios de cualquier derecho real y de cualquier forma de derecho concreto”. El Concepto, entendido dentro de la Dialéctica, suprime tanto el dualismo de Kant y Fichte como la separación de principios de la positividad, la separación metafísica entre teoría y praxis, entre forma pura y contenido concreto. El joven Marx presenta su angustia científica con una fórmula casi perfecta:“buscar la Idea en la propia Realidad”.
La verdad filosófica, dirá Hegel, debe exponerse de un modo y manera (Art und Weise) distinta a la de las otras ciencias, y la causa es la naturaleza misma de su objeto, y por ello exige un peculiar y necesario método. Las ciencias difieren entre sí por la manera (Art) en que los objetos con que tratan de manera esencial e íntima se relacionan con la verdad. Ser es igual, en este caso, a Conocimiento. Hegel utiliza el mismo ejemplo del triángulo, que repite el joven Marx: “En el conocimiento matemático, la Intelección (Ensicht) es exterior a la Cosa; de donde se sigue que con ello se altera la Cosa verdadera (wahre Sache). De ahí que, aun conteniendo sin duda proposiciones verdaderas (el Teorema de Euclides) el medio, la construcción y la demostración, haya que decir también que el Contenido es falso (der Inhalt falsch ist)… el Triángulo resulta desmembrado y sus partes pasan a ser elementos de otras figuras que la construcción hace nacer de él. Solamente al final se reestablece de nuevo el Triángulo, del que propiamente se trata, que en el transcurso del procedimiento se había perdido de vista y que únicamente se manifestaba a través de fragmentos pertenecientes a otro Todo. Vemos entonces cómo entra aquí en acción la Negatividad del Contenido (Negativität des Inhalts), a la que deberíamos denominar la falsedad de éste, ni más ni menos, ya que en el Movimiento del Concepto (Bewegung des Begriffs) van desapareciendo los pensamientos considerados fijos.”
Marx utilizará explícitamente la teoría hegeliana del conocimiento conceptual, la wesentliche Bestimmung de la ciencia filosófica, organizándola en torno a cuatro principios epistemológicos-ontológicos, lógica subyacente en su opera maiorum, en el mismo Das Kapital:
I) La Ciencia es concebible solo como “realización del Principio mismo” (Marx), o sea, en la jerga hegeliana que utiliza significa la exigencia de un círculo de continuidad y necesidad entre Principio y Resultado. La exigencia es que para Marx, como para Hegel, el método no es, en efecto, sino la estructura del Todo (Baur des Ganzen), presentada en su esencialidad pura (reinen Wesenheit);
2) La realidad está compuesta no solo por determinaciones materiales, es decir empíricas y las cuales experimentamos mediante los sentidos, sino además y en especial de determinaciones ideales (ideal Bestimmung) como las llama Hegel, o según ya la terminología propia del joven Marx en este período, determinaciones formales (formelle Bestimmung) o construcciones (Konstruktion), que estructuran y unifican la realidad empírica, aunque no son visibles ni directamente perceptibles en ella;
3) Entre las determinaciones materiales (materielle Bestimmung) y las determinaciones formales (formelle bestimmung) se encuentra la gran heterogeneidad. La materielle Bestimmung pertenece al ámbito de la cosa particular y finita; la formelle Bestimmung al ámbito de un principio totalizante de conexión y síntesis, un fundamento sistemático de universalización. El elemento de la heterogeneidad deviene contradicción cuando una figura, determinada y finita, del ámbito de la determinación material, pretende encarnarse y fugarse de los propios límites de la cualidad y la extensión universal de la determinación formal. Contradicción (Widerspruch) significa entonces que la Idea, en su universalidad totalizante, no puede ser ni contenida ni constreñida en los confines de la materia y de sus figuras de mediación; cuando eso ocurre y lo finito pretende asumirse en su particularidad como universal y absoluto, entra en oposición consigo mismo y debe reaccionar y superarse. La Idea (Idee) es el principio no material más plenamente objetivo de la misma realidad que da sentido y conecta a lo múltiple, a través de la negación y de la conservación-superación de su contradicción (de todas las figuras inadecuadas y parciales que pretenden realizarla de manera exhaustiva);
4) En el joven Marx la formelle Bestimmung, la determinación formal, ocupa el centro de gravedad ontológico por su capacidad ideal de organizar y estructurar coherentemente la realidad; la forma impone sobre el plano gnoseológico la distinción entre la “apariencia objetiva” y la “doxa subjetiva”, o sea entre una configuración del mundo sensible que hace surgir un principio objetivo de realidad (ni sensible ni visible por el sentido común) y un aprehender la forma del mundo dependiendo de una mera opinión subjetiva, el cual se afirma y se legitima en su percepción de los contenidos y datos más inmediatos (certeza sensible) de la propia sensibilidad.
El joven Marx al enumerar los defectos científicos del teórico de la Escuela Histórica del Derecho Savigny en la carta a su padre utiliza en su Kritik ambos conceptos: tanto formelle Begriffsbestimmung, para la determinación formal, como materielle Begriffsbestimmung para la determinación material del Derecho Romano. Define incluso el concepto de Forma (Form) como “una arquitectónica necesaria (notwendige Architektonik) para las estructuraciones del Concepto y la Materia a la cualidad necesaria de estas dos totalidades… la Forma no puede ser más que la continuación del Contenido (ja die Form darf nur der Fortgang des Inhaltes sein).” El término “formal” en Hegel es polisémico. Aparte de ser sinónimo de exterior y superficial, también se entiende como el producto de la actividad abstracta, y no concreta, del intelecto. En alemán existen dos palabras: Gestalt y Form: 1) Gestalt es una palabra nativa alemana, que proviene de stellen (poner, meter, colocar, situar) y que ha generado el verbo gestalten (formar, estructurar, modelar) y el sustantivo Gestaltung (conformación, configuración, formación). Una Gestalt no es una forma abstracta que pueda ser compartida indiferentemente por varias cosas, sino la forma de una cosa individual. Usualmente, a diferencia de Form, no implica por definición el contraste u oposición con el contenido o la materia. Form es una palabra derivada del latín que usualmente significa una abstracción compartida por varias cosas individuales y por definición aparece en contraste con el contenido o la materia (la Form de un trabajo puede ser inadecuado a su contenido). En la Logik de Hegel, Form es presentado como contrastando con la Esencia, y más específicamente con el contenido y al materia, y no consiente la coincidencia con cualquier cosa consigo mismo, y de esa manera obliga a escapara con su identidad, abriéndola a las relaciones con lo que existe más allá de sí.
Form, tanto en Hegel como en el joven Marx, designa el modo en el cual la negación obra y trabaja en el horizonte de la realidad determinada, habiendo dejado atrás la indeterminación, que como nulidad absoluta, tal como operaba en la primera tríada (Ser-Nada-Devenir): “La Negación, no ya como la Nada abstracta, sino como una Existencia y como un ‘algo’, es sólo forma para este ‘algo’, es como ‘ser-para-otro’. La Cualidad, siendo ese ‘ser-para-otro’ su determinación propia, aunque en primer término distinto de ella, es ‘ser-para-otro’: una extensión de la Existencia, del ‘algo’. El Ser de la Cualidad en cuanto tal, frente a esta referencia a otro, es el ‘ser-en-sí’.” Mientras la filosofía griega antigua veía en la forma (eidos o morphé) la función máxima de identidad de una individualidad, en cuanto que circunscribe un ‘algo’ (Etwas) y le asigna consistencia propia en la autonomía de sus límites, en la filosofía hegeliana toma relevo, con la mediación indispensable de Spinoza, Leibniz, Kant y Fichte, una función dinámica y crítica de la Form. Hay que recordar aquí la máxima spinoziana, que repiten tanto Hegel como el joven (y maduro) Marx: determinatio est negatio. El progreso enorme de Spinoza, según Hegel, consiste en su principio metódico omnis determinatio est negatio, según el cual el ser se da únicamente como Totalidad de todos sus modos y formas. El punto de vista spinoziano es reconocido por Hegel como esencial y necesario, große Satz des Spinoza, antes de pasar adelante y proceder a la formación del sistema completo. En el primer tomo de la segunda edición de Das Kapital, en la sección VII, “El proceso de acumulación del Capital”, Marx recuerda la fórmula spinoziana criticando la metodología torpe de la Economía Política vulgar: “Estos señores (Senior, Cazenove, Stuart Mill) harían bien en meditar alguna vez acerca de la tesis de Spinoza: Determinatio est negatio.”[1]
La Filosofía debe, so pena de dejar de ser filosófica, considerar en todo momento la unidad orgánica (organischen Einheit) de su objeto, e intentar aprehenderlo en su propio fluir para luego exponerlo de tal manera que pueda reconstruirse, en la propia exposición, la Vida del Todo (Leben des Ganzen). Lo más difícil, en el caso de la Filosofía y su método especulativo (dialéctico), será para Hegel no tanto enjuiciar el contenido y la consistencia de los argumentos sobre una Cosa, no tanto captar la lógica de la propia Cosa sino la combinación de uno y de lo otro: lograr la exposición (Darstellung) de la Cosa misma. La exposición, dirá Hegel, deberá ateniéndose fielmente a la penetración en la naturaleza de lo especulativo “mantener la Forma Dialéctica (dialektische Form) y no incluir en ella nada que no haya sido concebido, ni sea concepto.”[2]
El Marx maduro jamás olvidará esta lección metodológica juvenil: en el epílogo a la segunda edición alemana de Das Kapital subrayará el papel estratégico de la distinción entre el modo de investigación (Forschungsweise) y el modo de exposición (Darstellungsweise), delimitando en forma rigurosa el papel de la Dialéctica en la Kritik de la Economía Política burguesa.[3] Marx avisa metodológicamente a sus lectores que “el Modo de Exposición (Darstellungsweise) debe distinguirse, en lo formal, del Modo de Investigación (Forschungsweise). La investigación debe apropiarse pormenorizadamente de su objeto, analizar sus distintas formas de desarrollo (Entwicklungsformen) y rastrear su nexo interno (inneres Band). Tan sólo después de consumado este trabajo, puede exponerse adecuadamente el movimiento real (wirkliche Bewegung). Si esto se logra y se llega a reflejar idealmente la vida de ese objeto, es posible que al observador le parezca estar ante una construcción a priori (Konstruktion a priori). Mi Método Dialéctico (dialektische Methode) no sólo difiere del de Hegel en cuanto a sus fundamentos, sino que es su antítesis directa (direktes Gegenteil). Para Hegel el proceso del pensar, al que convierte en un sujeto autónomo bajo el nombre de ‘Idea’, es el Demiurgo de lo real; lo real no es más que su manifestación externa. Para mi, a la inversa, lo Ideal no es sino lo Material (Materielle) traspuesto y traducido en la cabeza del hombre.” Para el joven como para el tardío Marx materialista y comunista la función estratégica de la distinción Forschungsweise-Darstellungsweise es determinante para los fines de la instauración de una relación correcta entre teoría (morfológica) de la Historia, tal como emerge de la Kritik de la Economía Política, y teoría (científica, no-ideológica) de la Política. Es la Dialéctica la que permite captar la lógica de la Cosa, el wirkliche Bewegung, el significado profundo del “automovimiento del Capital”, interpretar el widerspruchsvolle Bewegung de la sociedad burguesa, en que se basa, en última instancia, la teoría de la crisis marxiana.
Hegel crítica al mismo tiempo al conocimiento inmediato, intuitivo (que pretende que “lo absoluto sea, ya no concebido, sino sentido e intuido”) como al idealismo subjetivo (y su conciencia moral cuya “mirada se deslizaba hacia un más allá, hacia la esencia divina, hacia una presencia situada en lo ultraterrenal”). Hegel critica al Dogmatismo (Dogmatismus) que es “un modo de pensar (Denkungsart) en el saber y en el estudio de la Filosofía… que cree que lo verdadero consiste en una proposición (Satze), que es un resultado fijo o que es sabida de un modo inmediato” A continuación diferenciará el movimiento dialéctico del conocimiento filosófico, el philosophisches Erkennen, de las verdades históricas y las matemáticas. Hablando del teorema de Euclides, Hegel dirá que “sin embargo, la esencialidad (Wesentlichkeit) de la demostración no tiene tampoco en el conocimiento matemático el significado ni la naturaleza de ser un momento del resultado mismo, sino que es un momento que se abandona y desaparece en este resultado… el movimiento de la demostración matemática no forma parte de lo que es el Objeto, sino que es una operación exterior (äusserliches Tun) a la Cosa. Así vemos, que la naturaleza del triángulo rectángulo no se desdobla de por sí tal y como se expone en la construcción necesaria para probar la proposición que se expresa en sus proporciones… el conocimiento matemático sólo representa el devenir del Ser-ahí (Daseins) , es decir, del Ser de la Naturaleza de la Cosa (Seins der Natur der Sache) en el Conocimiento en cuanto tal… la intelección es exterior a la Cosa, de donde se sigue que con ello se altera la Cosa verdadera.”
Y no se trata de problemas abstractamente gnoseológicos o de fina filología, sino de presupuestos ideológicos con resultados fatales en la crítica y en la práctica. La incomprensión general de la Dialéctica, de la no-linealidad entre lo lógico y lo histórico, entre el “modo de exposición “ y el “modo de investigación”, o sea: la falta de entendimiento de la presencia de Hegel en Marx (ya lo señalaba Lenin), produce curiosas deformaciones como los intentos de “pragmatización de la Dialéctica” (Karl Korsch) o la reducción de la Dialéctica a un esencialismo humanista y romántico-comunitario de la cosificación (Lukács) o achacarle a Marx incoherencias inexistentes (la presunta falta de distinción entre “contradicción dialéctica” y “oposición real” de Lucio Colletti). Hasta tal punto esta cuestión político-epistemológica se transformó en crucial, que el propio Marx, ante la creciente confusión en la recepción de Das Kapital, se propuso escribir un librito sobre su método dialéctico (“inverso del de Hegel”).
Para ir finalizando señalar la profunda continuidad y fidelidad del Marx maduro con su hegelianismo juvenil (que fue negado por una hermeneútica sin base filológica sino puramente externa e ideológica), y además de la autonconciencia científica con su propio método. La Dialéctica es el Materialismo, ya que es plenamente identificable con la razón del continuum que atraviesa la discontinuidad de las épocas, de los modos de producción y de las formación económico-sociales. El adjetivo “Histórico” indica la prospectiva (profundamente enraizada en el programa científico de Marx y heredada de la Aufklärung alemana y Hegel) del dinamismo, del automovimiento de las cosas, del devenir y del propio desarrollo. Y es esta combinación de Dialéctica y Materialismo, esta feliz (por productiva) amalgama, la que permite la dimensión teórica de la Crítica de la Economía Política. Es decir: la posibilidad o no de establecer por primera vez las condiciones de emancipación del género humano. Nada más, ni nada menos.
Nicolás González Varela
[1] Marx, Karl; Das Kapital; I, Ullstein, Frankfurt, 1983, p. 545. En español: El Capital, Tomo I, Volumen 2, Siglo XXI editores, México, 1983, p. 737.
[2] Hegel, G. F. W.; Phänomenologie des Geistes, Felix Meiner Verlag, Hamburg, 1952, p. 54. En español: Fenomenología del Espíritu, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, p. 44.
[3] Marx, Karl; Das Kapital, Ullstein Verlag, Berlin, 1983, “Nachwort zur zweiten Auflage, 1873”, p. 12. En español: El Capital, Tomo I, Volumen I, Siglo XXI Editores, México, 1983, “Epílogo a la segunda edición”, pp. 19-20.
(*) Ponencia presentada en las Jornadas sobre, FIM (Fundación de Investigaciones Marxistas), Madrid, abril de 2010

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La Dialéctica no es una inmaculada genialidad concebida en el cerebro de Karl Heinrich Marx. En su gestación hay una larga genealogía de filósofos, pensadores y escritores que se inicia en la Antigüedad. Y además del elemento subjetivo, hay que señalar que la Dialéctica es eminentemente un producto material de la ciudad, una flor de las relaciones sociales urbanas, el verdadero magma de su nacimiento.

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Presentación de La mala espera

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Presentación en Buenos Aires de La mala espera
miércoles 5 de mayo, 19hs.
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Conversarán con el autor:
Patricia Suárez y Leonardo Oyola

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