[No ha pasado un año y en Israel ya suenan los tambores de un nuevo conflicto bélico. Corrijo: ninguna percusión, más bien llamado a los dioses de la guerra: es que dentro de las fronteras el orden –siempre inestable- permite pensar en nuevos enemigos. En el sur, al borde del desierto, entre beduinos, refugiados de África, Asia Menor, inmigrantes de todo el mundo, David y Ana (el bardo y la pintora) son testigos de una manifestación de síntomas alarmantes, tal vez presagios. ¿Testimonio? ¿Reportaje? ¿Ficción? En Nación Apache estamos consternados: militarización, nacionalismo y liberalismo económico –y la carnalidad de los intereses imperiales- conforman un denominador común del sistema de exclusión que repite su estructura sin importar el origen de la población que afecta. Además, al tratar de narrar sus consecuencias hace temblar el verosímil de los hechos. Remite a la fantasía digna de una pesadilla infinita -que podría adjudicarse al presagio de un grupo primitivo-, en la oscura noche anterior a toda civilización, cuando los hombres encontraron una causa ínfima -como toda causa que lleva a las masacre-, para perpetuar el desastre humano. En varias entregas, a partir de hoy, recibirán la suma capitular de un Arca Apache, en construcción constante a base de palabras, sin libros sagrados, sin promesa de salvación.]
Por David Wapner
Niebla
Dos días más, y Arad estará cubierta por el festival de rock Volume Arad. En tanto los músicos todavía no hayan enchufado sus equipos, ese lugar lo ocupa la niebla. Salimos de noche, al teléfono público, para hablar a la Argentina. El manto a nosotros que no conducimos automóvil, no nos limita la visión. Si se mira para el cielo, se divisa el límite exacto de la capa de neblina, nube baja, que se mueve con ligereza. Para llamar al exterior, tenemos la tarjeta de larga distancia de Bezeq, una porquería que dos por tres nos causa problemas. Por ejemplo, ahora, no pudimos llamar.
Los organizadores vaticinan que llegarán a Arad unas 15.000 personas desde todo el país para presenciar el festival; un vecino aventura que no va a venir nadie.
Hace dos noches, una patota de nenas bien se dedicaba a tumbar los cilindros de cartón duro que llevan impresos la programación, y a hacerle agujeros a los carteles publicitarios. Hoy, las brigadas de Celcom -la prestadora de telefonía celular que pone la plata para el evento-, restauraron lo destruido, y sólo resta esperar, o que retorne la patota de chicas rubias aburridas, o que no pase nada. De todos modos, cuando pase el festival, la publicidad se deteriorará por su cuenta, y llegará un día en que ya no estará a la vista, sin que nadie en Arad lo note.
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