Contribución a la lectura y debate del libro ”La Cosa y la Cruz” de León Rozitchner
Por Leonardo Sai
Dedicado al correntino Joaquìn E. Meabe, con toda ingenuidad y amor, quien no pudo pasar el recurso a Kant… pero aplaude como abogado y perro: mordiendo y moviendo el culito.
La pregunta por la Cosa, por el Deseo, por el Poder son interrogantes que subyacen, a nuestro parecer, en La Cosa y la Cruz, texto fundamental del filósofo Leòn Rozitchner. La génesis del Logos Mercantil en el Logos Teológico; el surgimiento de una férrea racionalidad instrumental en el Edipo Cristiano, su aplicación tecnológica y política sobre el cuerpo, la docilidad así obtenida del “deseo”; la amenaza de muerte, reavivada, cuando se requiere la clausura de una posición deseante efectiva, es decir, revolucionaria; la cuestión del poder en la cultura patriarcal de Occidente, todas problemáticas susceptibles de ser abreviadas en aquellas tres grandes preguntas.
Aquí, breve y aceleradamente, tomando como detonador y excusa La Crítica de la Razón Pura -legitimación filosófica de la ciencia moderna y la mentalidad burguesa- hemos intentado pensar, a través de la fina filosofía materialista, explícita en esta maravillosa obra de León, ese impensado material que determina el modo de lo que podemos saber, de lo que debemos ser, de lo que somos.
Nadie sabe cuanto puede un cuerpo
Spinoza
La pregunta por la Cosa
Kant asume que hay dos y solo dos fuentes posibles para el conocimiento y una diferencia radical entre ambos. Sensibilidad y Entendimiento. Aunque radicalmente diferentes (como Hume de Descartes) y analíticamente separables, son los dos elementos que hacen posible el conocimiento, luego procesado por la Razón(1). Empíricamente, aparecen mezclados. La diferencia, entre ambos, es trascendental(2). Esta diferencia nos re-envía a aquella de la cual surge y la hace posible como condición de posibilidad: Alma y Cuerpo; Espíritu y Materia; Corpóreo e Incorpóreo, Masa y Energía, puras divisiones platónicas. Kant va a disecar lo sensible corpóreo, la intuición, el afecto, como intuiciones puras de la sensibilidad. Al igual que San Agustín, y que todo cristiano, se desliga de lo sensible en lo sensible. El limite de esta separación (materialidad-Idea) será la experiencia empírica; limite que Kant le pondrá al poder de la abstracción racional (el Dios racional paterno de la teología cristiana) para definir en que consiste el conocimiento científico.
¿Qué hace Kant con la materialidad? La vivisecciona formalmente como un aparato lógico y abstracto -simbólico- sin abandonar ese suelo sensible, conservándolo, con el cual constituye la experiencia empírica, es decir, estructura el campo del conocimiento (científico) definiendo un tipo de verdad (científica) Esta operación política en la teoría, en la historia de la metafísica europea, le permite a Kant expulsar a lo incognoscible la comprensión sensible, materialista, de la Cosa (en tanto carne del conocimiento, abstraída como problema lógico en los límites del uso de la Razón) la comprensión teológica de la Cosa (como Ser Supremo, Dios, Alma, etc diferenciadas o como ideas regulativas, focos imaginarios, o ilusiones trascendentales) tejiendo “una alianza conceptual” entre Racionalismo (el Adentro, lo innato) y Empirismo (el Afuera, lo contingente) El resultado es la sujeción del concepto de verdad en tanto verdad científica(3) y la consolidación de la Ciencia como valor y empresa de la Ilustración: lo que el cristianismo le hace a la materialidad y el Capital a la fuerza productiva, Kant se lo hace, sublimado, a la verdad filosófica. [...] Continuar la lectura