Por Nicolás González Varela
Una incómoda verdad
¿Es posible pensar a Nietzsche, uno de los filósofos más influyentes, como pensador político? En un artículo anterior tratamos de “situar” en las coordenadas histórico políticas las primeras obras de Nietzsche, hablábamos de El Nacimiento de la Tragedia desde el Espíritu de la Música de 1872 y de textos coetáneos. La tarea era entender al filósofo como totus politicus y pensar junto con los textos (manuscritos y correspondencia) que la etapa comprendida entre los años 1869-1879 podía entenderse como el intento y la frustración de llevar a la práctica una plataforma política reaccionaria, antimodernista y esencialmente anticomunista. Sostenemos que los textos escritos por Nietzsche desde Die Geburt… hasta las Consideraciones Intempestivas podían comprenderse como wagnerian Streitschriften, escritos de combate político wagnerianos e inclusos líneas prácticas de aplicación de un verdadero programa aristócrata y reactionnaire. Aún con evidencias documentales en la mano (contrastables) el Nietzschéisme, bajo la forma patética de expurgar y exorcisar a su autor-fetiche de toda consonancia con el mundo histórico y político, es incapaz de relacionar la vida real con los textos venerables. Entre autor y obra, como en otros casos memorables (de Montesquieu, Hobbes, Locke, Hegel a Marx pasando por Blanchot a Heidegger) se establece una arbitraria y artificial separación. Esta rigurosa y autoritaria concepción de la no unidad entre escritura y autor, donde el contenido de verdad de una corpus filosófico no tiene que reflejarse necesariamente en la mentalidad y en la ética de la vida del filósofo, exacerba y agudiza de tal forma la autonomía “débil” de la filosofía, que cualquier comportamiento o acción en el ámbito de lo político, de por sí despreciable y relegada a mera nota biográfica, no puede arrojar ningún cono de sombra sobre su opus magnum o ser utilizado como via regia para nuevas lecturas interpretativas. La escisión no está en Nietzsche sino en la ideología espontánea de sus interpretadores y comentaristas. Dicho secamente: no puede desacreditarse, al realizar la conexión entre política y filosofía, la Kritik nietzscheana, ni ninguna otra, poniéndola a trasluz con asuntos que resultan, por definición, “externos”, como lo es una decisión resuelta en política. [...] Continuar la lectura