Por Nicolás González Varela
Un pensador político radical
¿es posible pensar a Nietzsche, uno de los filósofos más influyentes de nuestra cultura, como pensador político? El interés de Nietzsche como pensador totus politicus en la cultura europea atravesó cuatro fases. La primera comenzó con el filósofo en vida en 1898, inaugurada con los célebres trabajos de Georg Morris Cohen Brandes, Henri Lichtenberg, Daniel Halévy, Ettore Zoccoli, Ferdinad Tönnies, la mayoría filonietzscheanos que en plena ebullición de la Nietzsche Vogue, arrojaron luz sobre el lado político del filósofo, mostrando su Kritik reaccionaria a la nueva sociedad de masas, a la democracia liberal, al estado de partidos, al creciente influjo del socialismo y el anarquismo, clasificando sin dudas a su élan vital como un radicalismo aristocratico-individualista; dentro de esta etapa de discusión sobre las consecuencias políticas de Nietzsche debemos incluir polémicas de época en la que intervinieron desde el biógrafo socialdemócrata Franz Mehring hasta el joven León Trotsky. La segunda fase nace a partir del fin de la Primera Guerra Mundial (1918) hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial (1945) y se caracteriza por la hermeneútica conservadora, nacionalista y nacionalsocialista de Nietzsche, un amplio espectro que va desde interpretes que ven en el Nietzsche político un precursor o pionero del despertar de Alemania (Richard Oehler, Alfred Baeumler, Alfred Rosenberg), quien lo refuta como irremediablemente décadent para la construcción del nuevo Reich (Christoph Steding), quien lo toma con extremo cuidado como ambivalente (Martin Heidegger) y hasta quien lo desecha por individualista y hostil a la Volksgemeinschaft nazi (Ernst Krieck). Es lógico: la nueva extrema derecha no se reasume completa y acríticamente en la síntesis nacionalsocialista, pero la Konservative Revolution, en todas sus variantes, sí se inspiró ampliamente en Nietzsche, en especial en el concepto de nihilismo. Una tercera fase se abre a partir de 1945 con la edición crítica de las obras completas de Nietzsche, la edición del Nachlass (notas y fragmentos inéditos) y del epistolario, tarea emprendida por Giorgio Colli y Mazzino Montinari, este período está además signado por el libro del filósofo marxista Georgy Lúkacs (aunque sus críticas a Nietzsche provienen de la década de 1930) Die Zerstörung der Vernunft (El Asalto a la Razón, 1954), que ubica a Nietzsche en el Zentrum de la lucha teórica contra el socialismo, y la legitimación-consagración académica de Nietzsche en la universidad y disociándolo de toda relación con el pensamiento político (el Nietzsche “antipolitical” de Kauffman). En esta etapa aparece el esfuerzo titánico por desvincular a Nietzsche de la interpretación nacionalsocialista, obsesivamente centrado en la reinterpretación de la Will zur Macht, la voluntad de poder, que parte del libro Nietzsche et la Philosophie (1962) de Gilles Deleuze, que al intentar arrojar el agua sucia de la bañera, también tira al niño que hay dentro de ella, negando cualquier posibilidad que Nietzsche haya deseado instrumentalizar la política de algún modo. La cuarta etapa nace en los preliminares del ‘68, es la canonización estructuralista y posmoderna, cuya acta de nacimiento del Nietzschéisme es la célebre intervención de Foucault Nietzsche, Marx, Freud (1967), aunque Foucault se esforzaba no tanto por entender a Nietzsche como uno de los maestros de la crítica de la ideología moderna, sino a intentar extraer un método de indagación de la moral (genealógico) basado en la deconstrucción y la microfísica del poder. En todas estas variaciones y negaciones de la dimensión política nietzscheana (que en algunos casos llega al ridículo) la reflexión sobre la filosofía política, la teoría del estado, el movimiento socialista o sus pensamientos políticos sobre cuestiones socio históricas de su época es escasa o insensible. [...] Continuar la lectura