[A dos días que este blog colectivo -devenido en página web de actualización periódica, caótica y caprichosa- cumpla dos años en el éter intangible de los bits, lo casual hace causal y aparece un texto olfateado por Piro de manera lateral, cita humorística, jugarreta del escribir sin ton ni son entre tanta diatriba campoestatal. Acá hay algo, me dije sonriendo, algo de eso que nadie quiere hablar y oculta tras el manto de la solemnidad silenciosa. Ya no se trata de la defensa de un mecenas -al fin, la casa editora sponsorea este sitio-, sino de cierta mirada ácida, embebida en el más llano resentimiento generacional (el periodista, en sí, fue excluido de la obra, cuestión que flota sin hacer tierra por gravedad tangible) que cuestiona cierta forma de editar, de pensar la narración como fenómeno estacional. En estos días de vacas rifadas por saturación -superpoblado el mercado de Liniers de ejemplares en vías de extinción-, abiertas las rutas del corazón patriótico, qué otra instancia de reflexión podía descarnar el verdadero campo del debate intelectual: lo que se escribe a medida, ¿contiene una idea de lo literario? ¿O es mero reflejo de lo necesario y suficiente del mercado? Recuerdo la máxima marxista sanguinaria: a cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus posibilidades… La realidad sigue siendo injusta, y no es una sola, todo lo contrario. Lo múltiple resulta exponencial, y cada enmienda como bálsamo abre más la herida. De todas formas, seamos honestos, la literatura no sangra. Por suerte. O.G.]
Por Alejandro Seselovsky
Oh, no: otra revolcada de la nueva joven literatura que junta a su nuevos jóvenes exponentes y los pone a saludarse unos con otros en un lugar de Palermo, donde todo es tan nuevo y tan joven.
Esta vez no fue el jam de escritura (se dice cham, recordarán) ni estaba Oliverio Coelho para asegurar vértigo y soltura de la prosa. Esta vez se trató de la presentación de una antología, lo que está bueno porque no estuvieron apareciendo muchas últimamente y siempre es un formato de lo más simpático. Alguien en la editorial Sudamericana creyó que Uno a uno era un título certero y de ninguna manera evidente y así se terminó llamando este agrupado de cuentos que narran o intentan narrar ese territorio todavía tibio, todavía un poco inasible que conocemos como los 90. […] Continuar la lectura