[Anoche, en una transmisión lastimosa Canal 26 a las 22 hs., mostró la llegada del dirigente piquetero Luis D Elía a la Plaza de Mayo. Un señor de edad avanzada, mucho mayor que todos los que lo rodeaban se acercó amablemente para decirle: ¡Dejá de robar! Fueron los del entorno del piquetero quienes, sin mediar discusión, dieron una breve e intensa golpiza al sujeto. El “líder” espetó que el sujeto había sido enviado por Duhalde. Al instante se corrigió: era un provocador infiltrado.
La experiencia mediática nacional muestra que nada aparece en pantalla si no hay intención, y más aún la realidad adoptando la difícil forma de un rectángulo coloreado. Esa exposición exagerada del líder piquetero oficialista, como justiciero, malvado, hombre duro, defensor de la integridad de una mujer (a la vez presidenta, y madre de todos los argentinos con todo lo que ello signfica), incluso utilizando la violencia y la irracionalidad de la acusación gratuita, no hace más que abrir un escenario de sospecha. Era la hora pico, D Elía apareció justo a tiempo, y la escena duró no más de un minuto. Demasiadas coincidencias para tanto condensado. Esto me llevó a la siguiente reflexión: la presidenta no está visible luego de su discurso (del que da cuenta Beatriz Sarlo en el texto que reproducimos a continuación), el gobierno sólo emite presencia a través de las palabras de dos personas, ambos ministros. Pero también, a través de la acción del personaje defensor de investiduras. He aquí un cerco alrededor de Cristina Fernández de Kirchner, una muralla baja, mediática, de corto alcance que en apariencia intenta despegar a su figura de las secuelas de sus actos: cierta rebelión y un gran desabastecimiento. El peronismo tiene una gran capacidad para reinventarse, distintos líderes surgidos de sus filas han tejido regresos, retornos que parecían imposibles, emulando al líder ausente hace más de 35 años (toda una generación). Globalizado el mundo de la información y de la comunicación entre argentinos (SMS, blogs, foros, correos electrónicos) -recuérdese que la Junta del 76 tomó el ACA como primer trofeo de poder a raíz de su extensa red radial de UHF en todo el país-, el poder de represión que posee el estado está limitado por la velocidad con que circulan los datos de cualquiera que desee organizarse en protesta. He ahí un elemento sorpresa pero también el talón de Aquiles: puede el gobierno presionar a las empresas de comunicación y toda la red digital caer estrepitosa para desabastecer de organización a ese enemigo inasible y diverso. Extraña mezcla de gesticulación y algunos golpes al aire, la neuralgia habita el punto simbólico de toda manifestación: la Plaza de Mayo. El rasgo más significativo del texto que sigue, es que Sarlo en su condición de mujer muestra una aguda observación a la vez que reclama a otra mujer (esa que está oculta) que también lea atenta lo que ocurre. Esperemos que D Elía sepa contenerse y se abstenga de tomar venganza. No es de caballeros agredir a una fémina. O.G.]
Fue una provocación
Por Beatriz Sarlo
Estuve en la Plaza de Mayo más o menos a las once de la noche del martes. Poco después llegó una camioneta que transportaba un gran pasacalle con la leyenda “Sociedad Rural vergüenza nacional”. […] Continuar la lectura