Archivo para Agosto, 2006

Octubre (III)

Por Daniel Freidemberg

Le gusta dejarme pensando, le gusta
sacarme de mí   –    por un instante:
pequeños triunfos, pequeñas derrotas,
como en las vueltas del amor
donde no está cuando voy a buscarla,
ni estoy cuando la encuentro. Me gusta
decir lo que ya sabe  –   que voy a decir,
como quien prueba hasta dónde llegar
o entra a ser parte de una danza. […] Continuar la lectura

Blumberg y el grosor de los cabellos

Por Luis Menéndez
 
El rostro del ingeniero Blumberg es el rostro de alguien que no tiene sueños. El rostro de quien no tiene sueños es siempre reconocible. Fácilmente reconocible: es el rostro del lobo que pretende vestirse de abuelita.
Blumberg no tiene sueños pero es muy posible que tenga pesadillas (casi todos los lobos suelen tenerlas) y, sin duda alguna, es un hombre de fuertes alucinaciones. Recurrentes alucinaciones que lo inducen a prefigurar el ideal de una sociedad intimidante y orwelliana.
No lo ha dicho públicamente pero bien podríamos imaginar que aquellos quienes lo conocen saben que el ingeniero textil conserva sobre su escritorio la copia traducida de un discurso que Bismarck, canciller del Reich, pronunció el 1 de mayo de 1870, en el que apoyaba el mantenimiento de la pena de muerte para el imperio alemán. […] Continuar la lectura

Verde que te quiero ver

Por Daniela Gutiérrez

Ignora lo que ve, mas lo que ve lo inflama,
El mismo error los ojos burla e incita.
¿Por qué persigues en vano, crédulo, simulacros fugaces?
Lo que buscas no está; lo que amas, te retiras y lo pierdes.
Esa que distingues es sombra de imagen reflejada.
Ovidio, Metamorfosis

Verde manzana. Mucho verde manzana. Con la salida de Ibarra se empezó a borrar lentamente, ese naranja holanda, que como este verde daba muy bien con el negro. Ahora se usa colorear vivamente los fósiles de lo urbano.
Eventos tan importantes y al que concurren invitados extranjeros se preparan con mucha anticipación. Es por eso que durante estos tres días a + ba, la actitud buenos aires, tan pregonada debió llamarse a silencio. Cual regreso de los muertos vivos, Buenos Aires volvió a ser, al menos durante estos tres días, ciudad abierta. […] Continuar la lectura

El último grito

Por Paula Pampín

Ya no sólo nos exigen que nuestras lolas sean grandes y turgentes, nuestras narices respingadas, nuestros rostros sin arrugas y nuestras colas paradas y duras como rocas. Ahora también quieren que nos renovemos allí. Sí, allí abajo. El rejuvenecimiento vaginal es el último grito de la moda. Y los cirujanos salen a decir que recuperan el “orgasmo vaginal perdido”. Como si se tratara del eslabón perdido que todavía buscan y nadie encuentra. Y no hablan de los efectos adversos e irreversibles que estas operaciones provocan y han provocado. Perdón, pero ¿los cirujanos no son esos que se visten de blanco? ¿No son ellos los que se llenan los bolsillos con la presunta desgracia ajena? No, gracias. Paso. Dejémosla en “presunta” porque desgracia, en mi diccionario, quiere decir otra cosa. Dejemos todo como está. Dejemos estas cosas para la Pradón o para cualquier estrellita porno. El resto de las mortales tenemos otras aspiraciones y seguimos prefiriendo la memoria que sólo el cuerpo es capaz de guardar. Y los gritos los seguiremos dando, pero provocados por esos placeres tan ajenos al bisturí.

Cuando tú, mi poesía, lees poesía

Por Juan R. Wilcock

Traducción de Guillermo Piro

Cuando tú, mi poesía, lees poesía,
el cielo se oscurece con una luz verde,
la gente huye de la orilla del mar
por un presentimiento remoto de tormenta
o de contraste entre los elementos,
llamaradas se enarbolan sobre los cables de los tranvías,
y un gran silencio cae sobre la ciudad:
es la poesía que se contempla a sí misma.
Lees palabras de un tiempo olvidado,
de un presente que se derrumba sin tregua
velozmente en el deforme pasado,
lees acerca de un rey y coronas, jardines y guerras, […] Continuar la lectura

Comprender el fascismo: la excusa Grass

Por Nicolás González Varela

El compromiso militante de Grass con las Waffen-SS de Hitler fue una excusa. La discusión da una vuelta de tuerca. Han defendido la tardía y táctica confesión John Berger, Salman Rushdie y Vargas Llosa. El Centro Simon Wiesenthal, fundado por el famoso caza-nazis, ha reclamado que Grass aclare en profundidad su participación en la 10º SS-Panzerdivision Frundsberg, específicamente en el 10.SS-Panzerjäger-Abteilung (Regimiento de Cazatanques, donde Grass era artillero de un Jagdpanther como lo recuerda en sus memorias). En una carta de su director, Dr. Efraim Zuroff, se le reclama más luz sobre su compromiso político, así como datos de en qué batallas participó, nombre de sus oficiales superiores y subalternos y de sus actividades durante 1945. El Centro pregunta además por los lugares en los que sirvió, los horarios que cumplió y los documentos, y critica la escasa y paupérrima memoria de Grass al recordar tan poco. ¿Una amnesia à lá Oskar Matzerath? En Alemania las encuestas demuestran que la credibilidad de Grass no ha sido mermada sino aumentada por su confesión. […] Continuar la lectura

Netiquette

No intentamos ser irónicos ni ofender a diestra y siniestra a todos los que pasan por aquí, pero por corrección política, si encontramos comentarios que juzgamos muy idiotas –no idiotas y basta, sino muy idiotas– los borramos.

Un mundo posible

Por Guillermo Piro

En el origen de todas las civilizaciones encontramos la creencia de que otorgar un nombre determina el destino. Lo disparatado o no de ésta creencia hace reflexionar acerca del título asignado a una obra literaria y la particular repercusión que ese nombre puede tener en los efectos de apreciación. El título es un indicador de aquello que gira en torno de él. Al modificar ese indicardor se corre el riesgo de asumir el papel de ese gracioso que a la salida del cine se divierte diciéndole a los que esperan para entrar quién es el asesino.
El efecto que a comienzos de los años 80 tuvo el libro El secreto de Wilhelm Storitz es muy llamativo por el hecho de que el resultado, para nosotros, hispanoablantes, no dependió tanto del genio de Julio Verne sino de su editor español. El caso es atractivo, ya que denota una cierta inocencia a la que ya estamos habituados, porque pareciera que el título es tratado como si no extendiera sus tentáculos hasta la médula misma de la trama, disfrazado como está de esa aura de mero nominalismo intrascendente. […] Continuar la lectura

CONVOCATORIA / SCALAE A LA MILANESA

Por Gustavo Nielsen

Se abre la convocatoria milanésica para publicar en la sección Tránsito de SCALAE edición argentina, “Documentos Periódicos de Arquitectura”. Es así: todos los que quieran pueden mandar un texto que tenga entre 4000 y 5000 caracteres con espacios, sobre un tema que no necesariamente debe ser de arquitectura y diseño, pero que sería bueno que tuviera que ver con algo de la ciudad o de objetos o edificios que les interesen. Se trata de abrir la convocatoria a gente que no sea especialista en arquitectura, pero que pueda contarnos qué opina de cualquiera de las miles de variantes que los espacios y las cosas ofrecen y convocan. O sea: escriban de lo que vean por ahí. Por ejemplo, para el próximo número yo pienso referirme a la silla BKF. La idea es que sean periodistas “especializados” por un día. Lo de especializados va porque SCALAE es una revista de arquitectura, de esas que se consiguen en las librerías especializadas, en la Sociedad Central de Arquitectos, en la FADU, en los Colegios y en los Concejos Profesionales de todo el mundo de habla hispana. […] Continuar la lectura

Nuevas zonas de inflluencia

Por Oliverio Coelho

José Gabriel Ceballos (1955) con el tiempo se transformó en uno de los escritores más sabios y secretos de la Argentina. Con dos líneas narrativas, la rural y la urbana, lleva publicados más de diez colecciones de cuentos y dos novelas. A su manera, en los cuentos de Relator deportivo, el autor correntino retoma el don expuesto en sus anteriores libros: cada relato se abre con el misterio cortante de una vida. Las vidas de Caballos, o mejor dicho, las que bordean y delimitan ese universo amigable y a la vez infernal, son las mismas que en un pequeño pueblo originan el chisme o el rumor malicioso. Seres excepcionales, como la protagonista de “Resistiendo a la Coca”, o el señor Pitogüe, de “Libertad y revolución en La Nueva Galicia”, o Caralisa, el protagonista del cuento homónimo, matizan un espacio mítico, Buenavista, prefigurado ya en anteriores libros del autor. […] Continuar la lectura

La guerra, una epopeya imposible

Por Claudio Magris

Traducción de Guillermo Piro

Francisco José I, escribe Roth en La marcha de Radetsky, no amaba las guerras, porque sabía que éstas “se pierden”, o sea, que no importa como terminen, las partes en conflicto siempre terminan derrotadas, tan alto es el costo y tan imprevisibles son las consecuencias de un enfrentamiento. Francisco José I, en cambio, amaba los desfiles militares, porque esos regimientos perfectamente en formación, en medio del ruido de los tambores, del agitarse de las banderas y del colorido de los uniformes, le parecían una tranquilizadora imagen del orden, de esa simetría y esa regularidad que dan a la vida la certeza de una casa familiar, y que la verdadera guerra desbarata, ensucia y destruye en un caos y en una mezcla de barro y sangre. […] Continuar la lectura

Pasando revista

Por Damián Tabarovsky 

Hace muchos años asistí a un coloquio sobre revistas literarias y culturales. Era en una aula sombría, en la que estudiantes de doctorado, profesores, y figuras invitadas recitaban al unísono, aplicado a las revistas, el decálogo de Bourdieu: campo intelectual, campo de poder, legitimidad, habitus, etc., etc., etc. Recuerdo que un conferencista describió uno a uno los diferentes consejos de redacción de una olvidada revista de los ‘60, y ante cada cambio en el consejo (¡en cada número cambiaban los nombres de los miembros!) el joven aspirante a doctor veía una “reformulación del campo literario”. ¡Cuánto entusiasmo cada tres meses! […] Continuar la lectura

Soldados por peones

Por David Wapner

En Israel, Ana y yo nos ganamos la vida dando clases de escultura con papel de diario y vendiendo nuestros muñecos en la feria de Tel-Aviv.
En la Argentina, a fines de los años 80, hacíamos pesebres y ajedreces en cerámica.
Hace una semana, el comerciante que nos vende materiales de trabajo nos contó que coleccionaba ajedreces y nos preguntó si le podíamos hacer algunos juegos para él.
Cómo no, claro que sí, estamos en bancarrota, con deudas hasta el subsuelo, el verano perdido por completo, las colonias de vacaciones canceladas,  nuestro futuro en la educación por el arte incierto
Preguntó acerca de los temas y motivos que éramos capaces de modelar:
—Lo que usted quiera, animales, fábulas, leyendas, mitología, literatura fantástica, cuantos de hadas, orquestas de cualquier género.
Pero él había pensado en otra cosa, muy original:
—Yo quiero un ajedrez del Tsahal, con generales, tanques, aviones, ¿qué les parece? […] Continuar la lectura

Biatatà

Por Ariel Dilon 

[Este cuento fue escrito para un concurso que ostentaba el equívoco lema de “El Brasil de los sueños”, discernido por una ignota asociación de cultura brasileña en Bogotá. Que Dilon no ganó. Por lo tanto no se fue con su chica a Río una semana con 2.000 dólares para gastar alegremente. Pero le queda el consuelo de haber descubierto que el relato ganador era mucho peor que el suyo. Había un límite de longitud: 1000 palabras. Dilon se tomó la libertad de excederse en una: el título. 1001 palabras es más que 1000, a lo que alude la última línea. Dilon propone crear en Nación Apache una sección de derrotas concurseriles: para esos textos escritos especialmente para un concurso y que al perder pierden también su razón de ser y su único destino posible. Crearles un destino alternativo, gesto compasivo si los hay, aunque no necesariamente lo sea para el lector.]

Tuve un sueño cultivado y erudito, como sólo los sueños de un tonto pueden serlo. Era un baile de máscaras donde cada quien fungía de sí mismo. Me incliné por ejemplo hacia un adusto dignatario, que contemplaba a los danzantes con enconada melancolía; le adiviné al oído: “Ya sé que es usted Getúlio Vargas”. El dictador, descubierto, ensayó un circunloquio –“Só Deus sabe das minhas amarguras e sofrimentos. Que o sangue de um inocente sirva para aplacar a ira dos fariseus…”–, y se retiró a buscar la solemnidad del último disparo. […] Continuar la lectura

La pregunta japonesa

Por Omar Genovese

Identificar con antisemitismo al antisionismo, o –en la mayoría de los casos– a las críticas que se hacen a lo que hacen los sionistas, no me parece distinto de la operación que calificaba de “campaña antiargentina” a las denuncias de los secuestros, las torturas y los asesinatos que se cometían, en la segunda mitad de los ‘70, en la Argentina.
Daniel Freidemberg

 

La advertencia de Freidemberg no es osada, sino lapidaria. En lo que se entiende como entorno social argentino (o argento, sin ese tintín de joya sucia tan evidente), lo judío viene arrastrando lápidas de la ingominia histórica que nos acosa: desde el hoy, injusticia y encubrimiento multiplicados por dos atentados; y más allá, el desprecio racial de cierta influencia germánico-militar que aún hoy podemos ver en las tapas de cámaras eléctricas de la marca Siemens, dispersas por Barracas al norte, con la svástica así de enorme, simbólica.  […] Continuar la lectura