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Archivo para la categoria 'desencuadres'

Jóvenes diablos

Por Marina Califano

Cero en conducta 1

De lo que se presume un colegio parte la comitiva; como rasgo definitorio comparte la particularidad de la diferencia: esa edad en la que ninguna apariencia, ninguna altura, incluso ningún porte resulta elocuente o una generalidad. Un grupo que se define en sus contradicciones: formas en que los cuerpos desenvuelven una madurez. Marcado el paso por el silbato monocorde, los primeros (los últimos) se escabullen sin esfuerzo apenas el profesor abandona el final de la fila. [...] Continuar la lectura

Vivre sa vie

Por Marina Califano

La marquesina anuncia la película pero omite la pasión y el proceso. Rostros intermitentes se recortan sobre la oscuridad; del abrazo que la mujer acepta obligada y complaciente sólo se distingue la mano al posarse. El hombre se acerca, engrandecido por el hábito, alzada la mirada hacia un punto indeterminado. Por detrás, otro hombre y una viga que señala el vértice, de otra forma imperceptible, en la juntura de los muros blancos. La mujer eleva la mirada, el pelo cortado al ras, el lunar bajo el ojo izquierdo y la huella de una lágrima que amontona las pestañas, intensifican la sombra bajo los ojos, las cejas tupidas casi tan pálidas como el rostro desnudo, los pómulos altos, labios prominentes que apenas se estremecen en el eco de un rictus al oír el veredicto: una voluntad tendida en perpetuidad para los más simples gestos, la renuncia al gesto simple, una fatiga sorprendente y central, una suerte de fatiga aspirante. [...] Continuar la lectura

The man who shot Liberty Valance

Por Marina Califano

En la habitación todo es de madera: las paredes peladas, los bancos, las cajas apiladas junto a la puerta. El cajón donde descansa el cuerpo de quien desde hacía tiempo había abandonado su arma. Por detrás, una ventana mal tapiada deja ver unas plantas y algo de claridad. El hombre gordo y desaliñado atesora la sombrerera a rayas que apoya sobre sus piernas al sentarse junto a la mujer de riguroso luto. A su lado, el hombre de color mira el sombrero arrugado entre sus manos hasta que un gesto llegado a través del tiempo lo saca del ensimismamiento. A su izquierda, el señor Stoddard – ahora senador – toma su brazo como señal de condolencia e intimidad. Sobre ellos, el sol que entra por otra ventana se proyecta en líneas y repite sus sombras.

Tres periodistas irrumpen en la habitación. Amparados en su oficio, reclaman la responsabilidad de conocer la razón por la que el importante político llega desde tan lejos sólo para enterrar a un hombre. Ante la respuesta esquiva y esperada, el editor del Shinbone Star insiste: tiene el derecho de conocer la historia.

El senador duda pero termina por incorporarse; los dos hombres y la mujer en el banco a su lado, por primera vez desde que su recogimiento fuera interrumpido, alzan los rostros y lo observan. A la espera del consentimiento, el senador mira a su esposa: apenas un gesto basta para decidirlo. Atraviesa la habitación con dirección a la puerta donde lo esperan para escucharlo. La mujer con delicadeza se estira para alcanzar la caja de sombreros que sostiene el hombre a su lado, la coloca en su regazo y con litúrgica parsimonia se dispone a abrirla. [...] Continuar la lectura

L’avventura

Por Marina Califano

El camino se extiende en una curva que al elevarse prolonga la explanada desde donde la silueta de la mujer se asoma para asegurarse de que el hombre aunque reticente la persiga. Hay algo de juego infantil en los movimientos, como si una personalidad no fuera más que la repetición en el tiempo de los mismos gestos y sólo las ocasiones, en su variación, realizaran una adultez. (Pies casi desnudos acariciaban dinero.)

Mientras espera ser alcanzada, la mujer se cuida de no mirar los restos del campanario que velan el paisaje; la fachada obscena repite el pasado abominable y reduce su cuerpo a una figura nerviosa y soslayada. El viento que despeina la cabellera rubia estremece el follaje, y si bien Claudia no tiene nada de una heroína de Faulkner, después de todo esas hojas pueden volverse tan dramáticas como palmeras salvajes.

El hombre se asoma, la busca pero al divisarla halla en la corteza de un árbol la forma de demorar el encuentro. [...] Continuar la lectura

Bu San

Por Marina Califano

Luego de un titubeo acompasado, las luces terminan por revelar la sala vacía; el chillido de la cortina al abrirse ahoga y luego somete el silbido obstinado de los focos que sí lograron encenderse. De la mujer, en un principio, sólo se oye un trajinar algo metálico y, algo más lejano, el roce de sus ropas.

Un impacto seguido del leve crujido de la suela al arrastrarse, amplificados por ese espacio al volverse una caja de resonancia. Cada vez, al adelantar un pie, el resto del cuerpo debe contorsionarse levemente para permitir al otro alcanzarlo; una inclinación precisa, arreglada para suplir aquellos movimientos que le fueron negados. En esa dificultad, la unidad no es el paso como elemento discreto sino el conjunto de maniobras impensadas que, al converger, definen un avanzar tímido y torpe. [...] Continuar la lectura