Pelea fuego contra fuego
Por Leonardo Sai
“Un gobierno es verdaderamente poderoso cuando millones de voces pueden alzarse en diarios, revistas, radios, canales, publicidad y avisos, diciendo millones de veces: “no estoy de acuerdo”
La esperanza y la acción; 1990
Carlos Menem
En lugar de hacer moral y preguntarnos qué es lo bueno y lo malo en política nacional debemos proceder en términos digestivos. Kilos y kilos de posiciones políticamente correctas (Víctor Hugo Morales, Orlando Barone, Eduardo Aliverti, etc) Marcelo Bonelli, TN in toto, José Pablo Feinmann y su “análisis del poder”[1], por citar ejemplos, son ocasiones para un aumento en la producción de bilis. El pensamiento reclama la hepatalgina del concepto, un paliativo para la segregación de ácido argentino. Vivimos entre chupamedias.
En primer lugar, la estrategia. Fútbol para todos, Ley de Medios, TV Digital, Fibertel, Papel Prensa. No es que la contradicción haya irrumpido en la superficie sino que no hay manera de tapar la grosera disputa de poderes. Ninguna amplitud del juego resiste mucho tiempo si la sociedad no la sostiene. Se regula al capital y el capital se hace con la regulación. Es posible reformar a Wall Street luego del estallido, pero lo que hace al asunto es cuando todo está “pum para arriba”, la fiesta del momentum monopólico: La sociedad seducida por los sueños de la gran empresa (incluyo al Estado). Obama hoy la tiene más fácil, a la hora de pulir “el deber ser”, que el PCCH respecto del mercado inmobiliario. ¿Qué decimos? Lo obvio: La “Ley de Medios” va a permitir hacerse con los negocios de unos empresarios, al principio existirán más jugadores, luego algunos sucumbirán, otros surgirán, bajo el imperio de la acumulación del capital y “nuevos” monopolios asomarán la nariz. Que el Partido Obrero y todos los mormones de izquierda digan esto, con panfletos mal escritos que nadie lee, no quiere decir que la verdad elemental de la economía política no organice los sistemas de medios. Con una diferencia: La decisión de la sociedad de que nadie se transforme en un nuevo Clarín. Permítanme dudarlo: ¿Podrá esto el sentido común? [...] Continuar la lectura










