Carlos Melconian, guarango de la economics porteña
¿Qué mayor desgracia que la de ser odiado y saber que lo merecemos?
La teoría de los sentimientos morales
Adam Smith
La city porteña tiene su compadrito y ficha en el conurbano. A los trabajadores les confiesa: “quiero que te alcance el sueldo”. A los empresarios: “quiero que puedas clavar un fierro con confianza”. Seguridad jurídica, inflación reconocida, inversión decidida: Melconián es el Jauretche del monetarismo pop. Habla con la lengüeta de las casas de cambio y amplifica, como petulancia de subterráneo, el sentido común del Ámbito Financiero: “menos mal que no producimos artículos tecnológicos que derrumban sus precios en el mundo entero”, le dice Carlitos, con esa irritante piel de bigotito rasurado —señal Pro alineamiento estético— a Don Mariano y al cordobés, columnista exaltado y calentito de coyuntura, en las noches domingueras del armado mediático de la Unión Democrática 2015. Allá vamos.
Melconian habla de economía como Macri con La Presidenta: en calzones, pantuflas, mientras chupa matecito y twittea en familia. Él no va a la tele por política, vanidad, apetito de poder. Va a la tele por vocación de servicio al ciudadano. Va a la tele para explicarnos a nosotros, los laburantes, la gente que quiere estar un poco mejor y vivir un poco mejor y salir un poco adelante, cómo carajo viene la mano: ¿qué pacha con el dólar? ¿Y para qué? Y para que no te vendan buzones. Para que no te vengan con verso. Para que no te cague el clientelismo. Para que te alcance el sueldo. Para que no le den a la maquinita. Hoy parece que te dan pero mañana te lo quietan todo, hasta dejarte en la nada: así son estos políticos, unos criadores de pobres. Melconian es un escéptico maníaco-depresivo. Va a perder, sabe que nada cambiará, no hay otro futuro que las inversiones extranjeras. Y cuando el estado quiebre se terminó la fiesta y empieza la suya. Porque la bestia ya no podrá financiarse y una nueva ola de privatización lo encontrará cerca de la torta[1]. Será, finalmente, el primer consultor de una época dorada, para él y solo para él, es lo que le importa, a él, Carlos Melconian, es decir, Jorge Meconio, el cantante hijo de puta, de Peter Capussoto. [...] Continuar la lectura





















