Ingreso

Articulo

El sin trabajo

Por Eduardo Mileo 

 

X

Entre el hierro y el oro
la tregua de sus ojos.
Trabaja el árbol de la reja
como un orfebre el sol de los rubíes.
Herrero, soldado
de una milicia antigua como el cielo.
Conserva la fatiga de la fragua
la interminable religión de la escalera
el peto de la puerta
acorazada.
Atada el alma de magneto
al hielo en la visión de los metales
trabaja, y la fatiga
lo cuelga de su cruz.
Nadie cree
guerrero
que has dado la batalla.
Que por justos
han llorado tus ojos.
Llevan atada
la cruz a las espaldas
y en la boca la herida del silencio.
Entre el hierro y el oro
darás tregua a los ojos.
Trabajarás la reja de tu cárcel
con una libertad de moribundo.

 

XI

La media res se balancea
como una hamaca de plaza.
Azul
se desliza en el silencio.
Se hamaca la mitad
de una res porque toda
es demasiado para el vértigo.
Hoy es carnicero y revive
el íntimo degüello.
Han pasado siglos de todo
lo que vale la pena recordar.
Se seca el sudor con una punta
del delantal anochecido por la sangre.
Chilla la chaira cuando afila y
chispas deja escapar.
Como el mármol blanca
la coyuntura.
Azul
sellada en el abdomen
errada en el color de su costumbre.
Se hamaca como un niño.
Como la noche cae
sin enemigo.
 
 

XIII

La calle es un dolor de muelas.
Fuera de sí
desubicado en la estridencia del martillo
canta para que adentro
llueva y le moje
el dolor.
¿Toda agua es cantante de sí misma?
¿Qué líquida voz
en la ondulante
marina red halla su muerte?
¿Qué canto funeral la desintegra
                               la ahoga
                                   desanima su paciencia?
Toda voz desea su silencio.
Pero la calle desilusiona:
el mismo siempre dolor de muelas.
Si al menos un contraste
le devolviera el color.
Él canta con toda
la voz que le es posible.
Mas canta para adentro:
no se le oye la fe.
¿El agua es un modo de religión?
Ninguna fe sin herejes es confiable.
Todo dolor inventa su anestesia.

 

 

XIV

Brilla en la noche
la estrella del sin trabajo.
No forma una constelación
aunque miríadas son los estrellados.
La cola del empleo es un cometa sin cabeza.
¡Oh, Kepler:
inventa otro cielo!

 

XXVIII

Tras la ventana
ve pasar el café.
En la ausencia de sus ojos,
las manos de la ausente.
No deja de haber vidrio
donde hubo cicatrices.
Pero café,
lo que se dice aroma,
sólo viene de su mano,
que ya no viene.
Tras la ventana del café donde
avisos clasifica
ve pasar una anciana
tercamente encorvada
casi ciega
enlentecida por el goce del cemento.
Se asoma como un vidrio,
la ve como de día,
la llama con el grito
que hay detrás de los ojos.
Pero la espuma
del café se desvanece
se enfría como el humo.
Otra vez baja la vista al diario.
El sin trabajo habita
el orfanato de la fe.

 

XXIX
 
El que está sin amor
o el que está sin trabajo
ahuyenta –sin amor
pero no sin trabajo–
una mosca tenaz.
El insecto es religioso en su fastidio.
Como si orara,
como si el orbe levantara entre las alas,
se esfuerza en el zumbido
por imitar a la abeja.
Pero nadie esperaría de ese vientre negro
–a pesar del ojo verde o bordó–
la dorada descendencia de la miel.
El sin amor o el sin trabajo la mira
describir una órbita aleatoria
tomando su cabeza como sol.
Bebe
de a sorbos
todo el vuelo.
“Amor y trabajo
–piensa entre tragos–,
no alcohol y tabaco.”

 

XXX

Baja las escaleras
con elegancia de vasija etrusca.
La mano apenas roza
el polvo del barandal.
Los pliegues de la pollera
imitan la caída de un ángel.
El sin trabajo la observa
con precisión microscópica. Piensa
qué trabajo habría que tener
para poder enamorarla.
 
 

XXXII
 
El sin trabajo se quedó sin luz:
se lo tragó la verdad.
Ni acomodarse pudo: vacío
como silueta forense.
¿Por qué esperar del mundo una respuesta?
¿Qué sabe de uno la noche?
No hay fuera de las manos una acción.
Sólo lo inmóvil persevera:
lo demás es del viento.
 
 

XXXIV
 
El que está sin trabajo
cuelga de un perchero.
Su cotidiano deshacerse,
su ser nadie más que ropa
expuestos como un cuadro.
“Esto no es un perchero”,
habría dicho Magritte
si no fuera una momia,
una nada hecha de polvo y misterio.
Pero qué puede decir el sin trabajo
si desaparece de su ropa,
si no es nadie en el amor del mundo.
Con la punta de los dedos
aferra el puño de la camisa holgada.
Siente en la yema los hilos
de la tela raída.
Y vuelve a colgar del perchero
como la momia de Magritte.
 
 

XXXV
 
El sin trabajo huele a quemado.
Su aspecto de sí mismo
lo descubre ante el mundo.
Como el amor se come con champán,
el sin trabajo no piensa enamorarse.
Pero vivaces
sus ojos se despiertan
cuando huele en el aire.
El sin trabajo cree en el humo
de las gomas encendidas.

 

XXXVII

Mirado desde lejos
el sin trabajo es un punto en el misterio.
Como un sin amor vaga
por el rumor de sus vísceras.
No es que se haga el sordo
ni que demore el momento.
Es lenta la tarea
de la encrucijada.
El sin trabajo mira las hormigas
llevando su palito diario,
añora el químico destajo de su rastro.
Pero no todo es silencio
devoto de caminata.
Bajo sus pies el otoño se quiebra.
“Quejido el eco de la hoja seca” –piensa–
como si fuera un poeta.

 

XXXVIII

Para un sin trabajo
hay algo mejor que otro sin trabajo:
trabajo.
Pero no desespera.
Le parece haber perdido hace siglos
el sentimiento de la derrota.
Las vidrieras lo miran
para ocultar lo que hay dentro.
Pero él ya sabe qué hay dentro:
algo que quiere, y no necesita.
Si pasara un sin amor
y mirara al sin trabajo,
le daría envidia de transparencia.

 

XXXIX
 
Es un día de fuego.
Estalla en los ojos
el sol de la cúpula
y es un incendio de odio la campana.
Cantan los fieles una fe que se apaga.
San Cayetano tiene la espiga marchita.
Pero bailan como alambres
las filas de fidedignos,
las columnas encendidas de la grey.
Es un día de fuego
porque hay fuego en los ojos
porque es de fuego el rostro que confía.
Es de fuego y tiene hambre.
La sombra no se come.
Ya no se bendice el agua.
Dios no tiene perdón.
El que está sin amor
o el que está sin trabajo
abandona la fila de creyentes
y camina junto a las paredes
escritas por los herejes.

Comentarios (7 comentarios)

Sólo decir, Mileo, que encontrar aquí su poesía (inédita ¿verdad?) es una sorpresa y un placer inesperado. Gracias.

Dr Otto Ringer / noviembre 3rd, 2006, 9:07 am / #

Gracias, Otto. Sí, son poemas inéditos, que verán la luz, creo, el año que viene. ¿Por qué no me mandás tu mail, así te agendo?

Eduardo Mileo / noviembre 3rd, 2006, 2:57 pm / #

¿Cómo se hace para escribir esta poesía? Alguna vez leí de Mario de Lellis (no recuerdo cómo se escribe exactamente el apellido) que sólo es posible la poesía social cuando se ha estado en contacto con el socialismo. ¿Cuál fue tu motivación para escribir estos versos tan emocionantes? Cuando uno ha estado en contacto con el dolor del “sin trabajo” te puedo asegurar que se entiende cada verso… Miguel Hernández, en este sentido, ha alcanzado un logro extraordinario. Muchas gracias…

María / enero 19th, 2008, 5:55 pm / #

Lellis (no recuerdo cómo se escribe exactamente el apellido) que sólo es posible la poesía social cuando se ha estado en contacto con el socialismo. ¿Cuál fue tu motivación para escribir estos versos tan emocionantes? Cuando uno ha estado en contacto con el dolor del “sin trabajo” te puedo asegurar que se entiende cadadecir, Mileo, que encontrar aquí su poesía (inédita ¿verdad?) es una sorpresa y un placer inesperado. Gracias.

Dr. Finny / diciembre 8th, 2008, 5:19 pm / #

Muchas gracias, María. Tenés razón: mi relación con estos poemas está basada en la realidad que viví en 2002, y tiene su base de sustentación —vos lo dijiste— en el socialismo, que defiendo y considero una alternativa de hierro a la barbarie capitalista.
Un abrazo. Eduardo.

Eduardo Mileo / febrero 16th, 2012, 8:29 pm / #

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