Articulo

La República Churrasquera II

Por Mariano Hamilton 

[La primera parte de esta artículo, acá.]

Con cuatro canales de cable dedicados las 24 horas al deporte, con secciones muy fuertes en los diarios nacionales y con un matutino (Olé) que le dedica páginas y páginas al fútbol, ya está más o menos claro lo ocurrido y también los alcances que tendrá este hecho desgraciado, todos protagonizados por personajes a los que la Justicia bien podría calificar como inimputables.
El presidente de Gimnasia pidió una licencia en el Comité Ejecutivo de la AFA hasta tanto se decida su futuro, es decir, una suspensión de entre un mes y cinco años. El partido se seguirá jugando. Y Gimnasia no padecerá descuento de puntos: apenas tendrá un castigo económico, equivalente a 500 entradas generales (alrededor de mil pesos -poco más de 300 dólares) durante seis fechas.
Mientras tanto, el vicepresidente de Boca, Pedro Pompillo, reclamó sanciones “ejemplares” para Muñoz, lo que deja claro que todo el peso de la responsabilidad caerá sobre el ¿ex? presidente de Gimnasia.
El poder político de la Argentina, en este caso en la voz del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, también aportó su opinión: “Toda esa gente que había ido hasta el estadio de La Plata, en algunos casos llegada de lejos, fue defraudada por un patotero que baja a un vestuario y amenaza al referí”.
Y habló el ex suboficial del Ejército, Daniel Giménez. Aquí una síntesis de sus frases:

“Si el partido seguía y echaba a un jugador de Gimnasia no sé si salía vivo”.
“Todo está claro, está quién debe juzgar y espero que lo haga bien”.
“No podía de ninguna manera recibir presión por parte de un dirigente y dirigir tranquilo el segundo tiempo”.
“Por mi personalidad y mi condición profesional, no soy de tener miedo”.
“Habría que parar el fútbol por unas semanas. Lo que pasa es un fiel reflejo de cómo se vive en el país. Todos quieren trampear, sacar ventaja cómo sea, incluso tratando de sorprender la buena fe de un árbitro”.
“Muñoz sabe que miente, por más que haya jurado ante la Biblia y se haya besado el crucifijo (sic) que tenía en el pecho”.
“Si el presidente de Gimnasia no bajaba al vestuario, el partido no se suspendía. Y si seguía y echaba a un jugador de Gimnasia no sé si salía vivo del estadio”.

Y también sumó su granito de arena el presidente de la AFA, Julio Grondona, quien dijo desde Suiza que “cada partido es una guerra. Se sabe cuando empieza, pero no cuándo termina. Hay que serenarse y si es necesario, reglamentar (?). Esto es algo que nos duele a todos. Acá hay que separar la cuestión administrativa de la cuestión pasional (?), y esta última es la más difícil de controlar (?)”.
(Aclaración: los signos de interrogación son aportes de quien firma esta nota, ya que no se entiende qué quiere decir Grondona.)

Algunas reflexiones
En un correo, Héctor de Coronel Pringes se refirió a la nota del 26 de octubre firmada por este periodista como una “total basura hecha por un típico idiota que no puede dejar de lado su ideología aún en el deporte??? (sic)”, para luego decir: “Son ciertas algunas de sus afirmaciones pero el odio con que escribe tiñe sus afirmaciones y le quitan credibilidad”.
Habitualmente no respondo a los elogios o a las críticas que llegan a ESPNdeportes.com por las columnas. Las primeras por pudor y las últimas porque respeto las opiniones de los lectores.
Pero en este caso, la reflexión de Héctor es interesante, porque se engancha claramente con todo lo que está ocurriendo hoy en el fútbol argentino.
En principio quiero decir que efectivamente es imposible escindir la ideología, no sólo de lo que uno escribe sino también de cada una de las cosas que cualquier persona hace en la vida. Esto le pasa a Muñoz, a Giménez, a Solá, a Grondona y, por supuesto, a quien firma esta columna.
Vamos a precisar de qué hablamos cuando decimos de actitudes teñidas por ideología:

Sobre Muñoz
Es un producto del menemato que reinó en la Argentina en la década del ‘90. Es un personaje que se cree por encima de la Ley y que piensa que puede dirimir todas las cuestiones por la fuerza.
Sin ir más lejos, el lunes por la noche, envió a un grupo de barrabravas para desarmar una manifestación de hinchas de Gimnasia, quienes se reunieron en la sede del club para pedir la renuncia del presidente. Esta situación marca que Muñoz no sólo no está arrepentido por lo que hizo (apretar a Giménez en el vestuario) sino que horas después estaba haciendo lo mismo con ciudadanos (socios de Gimnasia en este caso) que habían decidido autoconvocarse para elevar una protesta.

Sobre Giménez
Formado como suboficial de Ejército Argentino, lamenta no haber ido a la Guerra de Malvinas, “algo para lo que me preparé toda la vida”. Y pone en el mismo plano el no haber podido dirigir en un Mundial: “Trazando un paralelismo con otra profesión, también me hubiera gustado dirigir en un Mundial”. Toda una postura ideológica…
Aquella otra expresión sobre que “habría que parar el fútbol por unas semanas; lo que pasa es un fiel reflejo de cómo se vive en el país” está en línea con lo manifiestan los sectores más reaccionarios de la política argentina. Aquellos que levantan las banderas de la inseguridad para desacreditar al sistema democrático que gobierna el país desde hace 24 años.
Estas declaraciones bien podrían suscribirlas otros ex militares y policías que pasaron de ser represores activos y golpistas frustrados (intentaron en varias ocasiones derribar gobiernos democráticos en la década del ‘80 y principios de los ‘90) a políticos reciclados, como Bussi, Rico o Patti, por citar sólo a tres casos muy notorios de la política argentina.
Pero lo más claro de Giménez es su voluntad por dejar claro que nunca se asustó (”Por mi personalidad y mi condición profesional, no soy de tener miedo”), al tiempo que afirmaba que “si el partido seguía y echaba a un jugador de Gimnasia no sé si salía vivo”.
En definitiva: ¿por qué suspendió el juego? Si una persona deja de hacer algo por temor a perder la vida, ¿no estamos hablando de miedo?
Y aclaramos: el problema en los hombres no es tener miedo en determinadas situaciones, el asunto es qué se hace con ese miedo, hasta donde paraliza e impide hacer las cosas apropiadas. Para que quede claro: el que jamás tiene miedo es un inconsciente. Ser temerario no es una virtud. Ser valiente sí. Porque uno se sobrepone al miedo, evalúa los riesgo y actúa en consecuencia.

Sobre Solá
Enfrentado con sus antiguos referentes políticos, los ex presidentes Menem y Duhalde, por el control del peronismo de la Provincia de Buenos Aires, un distrito trascendente si se quiere crecer a nivel nacional, Solá busca su lugar en el mundo para diferenciarse permanentemente de los sectores que representan a la política del siglo pasado.
Muñoz, además, es un aliado del intendente de La Plata, Julio Alak, quien tiene una pulseada política no declarada con Solá por la candidatura a Gobernador para 2007.
En definitiva, Solá habla políticamente.

Sobre Grondona
Si bien el presidente de la AFA se autodeclara (ba) adherente a la Unión Cívica Radical, todos sabemos que la ideología de Grondona no está vinculada a la militancia política sino simplemente a la permanencia en el poder.
Y hacia allí apuntan todos sus cañones. Por eso no extraña su postura en este caso. Él sabe que tiene todo bajo control y que nada se va a escapar de su decisión, ni siquiera el presunto paro de actividades propuesto por el sindicato de árbitros que defiende a Giménez en este caso, el SADRA (Sindicato de Arbitros de la República Argentina).
El secretario general del gremio, Guillermo Marconi, declaró públicamente que se había comunicado telefónicamente con Grondona para “ponerlo al tanto de la situación”. (Qué raro que una medida de fuerza se consensúe con el gerente de la empresa, ¿no?).
A nadie se le escapa que hace 17 años el SADRA cobró fuerza dentro del arbitraje por romper una huelga convocada por la Asociación Argentina de Árbitros para defender a Javier Castrilli, Aníbal Hay y Juan Carlos Crespi por agresiones sufridas.
En aquel momento, a Marconi, que quería posicionar a su gremio en el arbitraje, le importó poco y nada que a los afiliados a la otra asociación (la única de peso en 1989) los hubieran agredido en las canchas. Hoy, en 2006, Marconi (otro ex funcionario o funcional menemista, como se lo quiera ubicar) aparece como el paladín de la defensa de los jueces.
Después de todo lo narrado, ¿cómo hacer, estimado Héctor de Coronel Pringles, para separar política de ideología en todo este menjunje de luchas políticas e ideológicas (incluida la del que firma esta columna)? ¿El deporte puede permanecer ajeno a la política? ¿Hitler no utilizó los Juegos Olímpicos de 1936 para posicionar internacionalmente al nacional socialismo? ¿Los militares argentinos, en 1978, no se apoyaron en el Mundial de Fútbol para gritarle al mundo que la Argentina era “derecha y humana” mientras se sucedían los secuestros y los asesinatos?
Mencionamos dos hechos, nada más. Dos de los millones que se han dado a lo largo y a lo ancho de la historia para dejar en claro que nada que se haga en la vida está ajeno a la ideología, que no es lo mismo que decir la política partidaria.
Desde hace años, en la Argentina, se escucha desacreditar a determinadas marchas de protesta porque, dicen los periodistas de la TV, aparecen banderas de determinados partidos políticos, como si se estuviera cometiendo un pecado capital. Error. Grave error. La política, la discusión, el debate, la ideología, es vital para la subsistencia de las sociedades desarrolladas. La censura, la falta de libertad de opinión, la persecución a los militantes y la opresión ideológica es la antítesis de lo que hoy, en 2006, entendemos como civilización.
Mal que le pese a todos los actores de esta maravillosa parábola que deja expuesta a la República Churraquera. El país en donde todo tiene que ver con todo, menos con las intereses de sus habitantes.

Esta columna apareció en ESPNdeportes.com

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