Ingreso

Articulo

Nuestra especie en peligro

Por Andrew Vachss

Traducción de Paula Pampín

[En este ensayo, aparecido en la revista Parade en marzo de 1998, Andrew Vachss dice que deberíamos aprender mucho del comportamiento de los lobos salvajes. No estamos protegiéndonos y preservándonos a nosotros mismos. Nuestra noción de “familia” como salvaguarda de nuestra propia especie ha involucionado. Según Vachss, esta actitud nos pone en peligro de extinción.]

Hace unos años estaba en el medio de un juicio luchando fervientemente en representación de un niño que había sido tan torturado que el pediatra experto que estaba testificando dijo que el bebé realmente parecía un suicida, aun a una tan corta edad. Uno de los abogados oponentes argumentaba para el retorno del niño que su cliente era la “madre natural” y tenía ciertos derechos. Sin embargo, no había nada “natural” en los “cuidados” que ese bebé había recibido. La habría pasado mejor en un campo de concentración. Y comencé a reflexionar en cómo hasta la biología le fallaba a algunos niños, en cómo nuestra especie ya no practicaba las lecciones de nuestros predecesores. Quería saber si era demasiado tarde para nosotros. No creo que lo sea, pero se nos está acabando el tiempo.
Aunque creamos que nuestra especie es el punto más alto en la escala evolutiva, hay un área crítica en la cual hemos fallado al evolucionar, un área en la cual no representamos una mejora con respecto a nuestros predecesores. Y esta falla es tan fundamental, tan crítica, que nuestra supervivencia a largo plazo está en juego. En los últimos tiempos plantea una amenaza más grande que la guerra, la pobreza, el hambre, el crimen, el racismo y el tribalismo de la genocida variedad combinada.
Esa falla fundamental es ésta: no estamos protegiéndonos y preservándonos a nosotros mismos. Nuestra noción de la “familia” como salvaguarda de nuestra especie no ha evolucionado. En cambio, ha ido en la dirección opuesta, ha involucionado.
Ha involucionado hasta el grado que toleramos la desprotección, incluso de padres violentamente abusivos. Ha involucionado hasta el grado que toleramos a predadores dentro del círculo de confianza de los niños, en escuelas, en clubes, dentro de organizaciones religiosas. Ha involucionado hasta el grado que a los abusadores, incluso cuando han sido identificados, les son permitidas más oportunidades para destruir. Ha involucionado hasta el grado que insistimos en el “potencial de rehabilitación” de aquellos que injurian viciosamente y/o asaltan sexualmente a sus propios chicos. Y ha involucionado hasta el grado que permitimos que predadores de niños convictos sean liberados y caminen entre nosotros.
Una característica distintiva de especies altamente evolucionadas es el largo período de ayuda posnatal, cuando las crías no están capacitadas para defenderse por sí mismas. Otra característica es el comportamiento en manada, una colectividad que requiere que toda la actividad traiga aparejada la supervivencia última del grupo.
Entre otros mamíferos, los padres no protectores son considerados defectuosos por los otros miembros de la manada. No sólo efectivamente disminuye el número de miembros del grupo a través de los ataques directos a sus propias crías, sino que en consecuencia tampoco les son confiados al cuidado las crías de otros, mientras los miembros de la manada buscan alimento, cazan o se reúnen. Y así son expulsados. Asimismo, los predadores dentro de una especie no son tolerados. Son desterrados, evitados o matados. No son juicios morales; son manejados biológicamente y entre todas las especies, excepto la nuestra, dominados.
Los animales humanos, en contraste, han tolerado –hasta tácitamente perdonado– al no-protector y al predador, llevando al nivel de la violación, el asesinato y la tortura de nuestros niños. En lugar de luchar por su supervivencia, y la supervivencia de nuestra especie, una prioridad incuestionable, miramos indiferentemente mientras la evolución de la crueldad continúa. Mucho de esto viene desde la familia individual misma; todo esto de la familia humana en su conjunto.
En lugar de maldecir la “destrucción de la familia” por cada enfermedad y calamidad social necesitamos enfrentar el hecho de que es una herida autoinfligida. La “familia” es autodestructiva, destruyéndose a sí misma desde adentro por sus fallas en el cuidado y la valoración de sus crías. ¿Qué son los “valores familiares” entonces? Al menos y hasta que el “valor familiar” último sea la protección de nuestros niños, tal término no merece respeto.
No podemos seguir tolerando a aquellos que destruyen a nuestros niños, el futuro de nuestra especie. La evolución es una carrera, una carrera de relevos, con el bastón pasándose de generación en generación. La competencia es entre aquellos que valoran a los niños como las semillas de nuestra especie y aquellos que los valoran como vasallos y víctimas.
No estamos ganando esta carrera. Y no podremos hacerlo, a menos y hasta que cambiemos nuestras prioridades y nuestra conducta. Toda la retórica piadosa sobre el planeta no salvará a un niño. Y mientras debatimos eternamente el “derecho” de los pedófilos a la pornografía adolescente en Internet, nuestra especie se aparta de sus raíces biológicas.
Debemos tomar el abuso infantil como una ofensa contra (y una amenaza a) nuestra supervivencia. Y debemos reproducir la conducta de nuestros ancestros animales y responder como ellos lo hicieron, y si no logramos hacerlo así, desaparecer como algunos de ellos lo han hecho. Para siempre.

Nuestra búsqueda del amor
El amor incondicional es un tema popular de los talk-shows, pero es poco comprendido. Todos los niños tienen biológicamente el derecho al amor incondicional y la protección. Es su derecho de nacimiento, y es la obligación de nacimiento de sus padres. No hay tales cosas como un “buen bebé” o un “mal bebé”, por lo cual el amor y la protección debe ser incondicional para todos ellos.
Aquellos a los que no les han dado el amor de niños lo buscan a través de su vida de adultos, algunas veces en formas muy peligrosas para ellos mismos y para otros. Pero el amor incondicional nunca puede ser recibido por los adultos. Sólo puede ser dado. Todo el amor entre adultos es condicional. Requiere un comportamiento; debe ser ganado y mantenido.
Una vez representé a una niña que había sido torturada por su “madre”. En el banquillo de los acusados, la abusadora explicó por qué había quemado a la niña sosteniéndole su pequeña mano contra la parrilla de una estufa caliente: “¡No me dejaba sola!”. El crimen de la niña era seguir a su madre alrededor de la casa, procurando arrancarle el amor que ella necesitaba tan desesperadamente. Bofetadas y patadas no paraban la búsqueda del amor de la niña, así que su “madre” decidió que se necesitaban medidas más extremas para “enseñarle una lección”. A demasiados niños les están enseñando la misma lección, en una variedad de formas detestables. Y todavía nuestra tolerancia continúa.
Esto es lo que les dije a algunos adultos que habían sido abusados de niños: miren cuán desesperadamente querían vincularse con “padres” que no los amarían. Eso no es un defecto; en cambio puede ser una fuerza. Prueba que la capacidad de amar no ha sido erradicada en ustedes. Prueben, establezcan criterios, busquen y resuelvan estar solos si no pueden encontrar lo que se merecen. Vincularse, dentro y fuera, no tiene valor a menos que la corriente fluya en ambas direcciones.
Cuando su familia biológica no funciona más, la única opción es crear una familia de elección, una familia definida por el propósito compartido y el respeto mutuo, no por lazos de sangre. Cuando, como adultos, puedan adoptar una mentalidad de manada, de protección a los niños, podrán vincularse con otras personas y tener la familia que necesitan.
Pero esto significa contribuir, no demandar. Ya no son más niños, no tienen más el derecho al “amor incondicional” que les fue robado. Sí, fueron engañados. Pero si dedican su vida a la celebración de ese robo, están condenados.

Una dura mirada acerca de cómo tratamos a los niños
Una clásica ilustración de la involución son nuestras leyes contra el incesto. ¿Cuál es la diferencia entre sexo con un niño de otro y con el niño propio? Todos sabemos –y la información lo prueba– la verdad. Cuando un macho (noten: no dije un “hombre”) tiene sexo con el chico del vecino, la prisión es la posibilidad más cierta. Pero si tal criatura tiene sexo con su propio chico, lo consideramos eufemísticamente “disfunción familiar” y llamamos a los terapeutas.
Las leyes de incesto fueron sancionadas para prevenir el nacimiento de personas con defectos biogenéticos. ¿Pero por qué esas leyes se aplican a los niños? Los niños no tienen la capacidad biológica de reproducirse. Las leyes prohíben el sexo o el casamiento entre adultos emparentados cercanamente para proteger a la especie. Pero la prohibición de incesto en los niños no tiene tal valor.
Simplemente, nosotros, como nación, consideramos a los niños como propiedad de sus padres. Y les otorgamos una especial inmunidad a los ofensores sexuales que crían a sus propias víctimas. ¿Qué es más destructivo para nuestra especie: el asalto sexual azaroso a un chico o el asalto sexual a un chico por el mismísimo individuo al cual las leyes le encomiendan protegerlo? ¿Cuál es la justificación moral, social o ética que distingue el asalto sexual a una víctima con una relación sanguínea con el perpetrador? Podemos llegar sólo a una conclusión: las leyes contra el incesto existen no para proteger a los niños sino para proteger a los predadores.
Sí, la raza humana continúa siendo la única que tolera a los padres no protectores y a los predadores de la misma especie. Las leyes de incesto marcan el punto, escritas con la sangre de los inocentes. Esta es la pregunta acerca de las leyes de incesto para cada legislador en la tierra: explíquenlas o cámbienlas. Y a menos que, como sociedad, empecemos a hacernos esa pregunta continuaremos nuestra “evolución” hasta que hayamos perdido nuestra humanidad.

Comentarios (un comentario)

QUE DEBEN DE CAMBIAR LAS LEYES CONTRA EL INCESTO
DEBEN CASTIGARLOS IGUAL QUE UN VIOLADOR DEBEN DE SER PROTEGIDOS LOS NIÑOS DE SUS PROPIOS PADRES, ES EL PEOR ASESINATO QUE COMETEN EN CONTRA DE SU PROPIA CARNE

Rubi / abril 30th, 2007, 6:35 pm / #

Dejar un comentario