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Monólogo sobre Dios

Por Roberto Benigni

Traducción de Guillermo Piro

Quiero hacer un breve paréntesis relacionado a la economía divina. Nuestro Señor, por ejemplo, podía habernos ayudado desde el comienzo. Creo en Él, nunca se sabe; total, si existe, existe, y si no existe, no tiene importancia.
Pero –me digo– hay cinco mil millones de personas: ¡¿con todos los planetas que hay tenía que meternos a todos aquí?! Como si un tipo que tiene veinte hijos y un edificio de cincuenta pisos los pusiese a todos en el garage. ¿De qué estamos hablando? ¡Tendría que haberlos distribuido un poco mejor!
Y además, para mí, nuestro Señor es un capitalista: ¡tantos planetas es algo ilegal! ¡Eso se llama especulación planetaria! De hecho, cuando Galileo los descubrió, el Papa estaba de acuerdo con los constructores y lo hizo arrestar enseguida: ¡zás! Proceso a Galileo; lo hicieron pasar por idiota, le dijeron: “¿Cómo es eso que decías, a parte del asunto de los planetas ilegales, ese asunto de que la Tierra da vueltas…?” Galileo cayó y dijo: “Es la Tierra la que gira alrededor del sol, no como dicen ustedes”. Entonces el Papa dijo: “¿Pero éste es estúpido? ¿Vieron alguna vez una casa que de vueltas alrededor de la estufa?”.
Naturalmente, Dios hizo, junto con los hombres, a los animales, los vegetales, los minerales, un quilombo total del que no se entiende nada. Primero era el caos y Dios puso todo en orden. En suma: era todo un quilombo. Los hombres se enojan y llaman a Noé y viene el diluvio universal. Noé tiene tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Los tres son hombres, y dan origen, no se sabe cómo, a las distintas razas. Después Dios llama a Moisés y le pregunta cuáles son las cosas que se pueden hacer y cuáles la que no. Las cosas que se deben hacer son los diez mandamientos, las que no se deben hacer son los siete pecados capitales. Estos siete pecados capitales yo los estudié muy bien. Serrían la soberbia, la ira, la avaricia, la gula, la lujuria, la envidia y la pereza. Esas serían las cosas más abominables del mundo. Lo bueno es que Dios tiene los siete en pleno.
La soberbia: si hay alguien que es soberbio, ése es él, el ser perfectísimo, poderosísimo, presentísimo. “Comparado conmigo”, dice Él, “Nembo Kid es un imbécil, a Buda lo saco de taquito, quien es mejor que yo que dé un paso adelante.” Hace falta un poco de humildad. El nombre mismo: Dios. Si se hubiese llamado con un nombre más humilde, si por ejemplo hubiese dicho: soy Guido, no habrá otro Guido más que yo; o no sé: ayudáos los unos a los otros que Guido os ayudará a todos… nos vemos mañana, si Guido quiere. En los puentes de la autopista, por ejemplo, el cartel: Guido te ama. Sería más simpático si fuese un poco más humilde.
La ira: no hay nadie que se enoje más que él. ¡Muchachos! ¿Adán y Eva se comieron una manzana? Mama mía, se volvió loco. “¡Fuera! Tú, trabajarás con el sudor de tu frente! ¡Tú, parirás con dolor! ¡¡Fuera!!” Una manzana me la puedo comprar, no hay necesidad de enojarse tanto. Se puso como un loco. Y después, yo admito que uno se pueda enojar a causa de una manzana, pero después se le pasa. Ah no, pero a Él no se le pasó. Van dos millones de años que nos hace bautizar por culpa de esa manzana.
La lujuria: no quiero entrar en asuntos pruivados, pero todos somos sus hijos, ¿o no? Cinco mil millones de personas… ¿o no…?
La avaricia: no hay nadie más avaro. A su pueblo predilecto –son los judíos, ¿no?– hace dos millones de años le prometió un pedazo de tierra. “Ah no, yo esa tierra la prometí, pero nunca dije que se la habría dado.”
Los diez mandamientos. Esa sí que fue una buena idea. Lo que pasa es que los diez mandamientos los hizo demasiado a favor del rico, y el proletario que se arregle. Agnelli, por ejemplo, está acomodado. Agnelli, con toda la guita que le dejaron, dice: “Honra a tu padre y a tu madre. Gracias mamá, gracias papá, honrados sean. Cuando se mueran me quedo con todo. Gracias y hasta luego, nos vemos mañana”. No desear lo que pertenece a otro. Pero si es todo suyo, ¿qué va a desear? Además Agnelli, muchachos, parece un imbécil, pero es un genio, un genio del automovilismo. Agnelli siempre pensó en términos automovilísticos, desde que era un chico. Todo era siempre en términos autopmovilísticos, desde que era chiquitito, o sea, desde que estaba en ablande. Cuando salía de la escuela metía la primera, la segunda, la tercera; si lo bochaban estaba en punto muerto; cuando hacía el amor tenía un choque frontal, de vez en cuando algún embotellamiento, en suma, siempre tuvo problemas de ricos. Los raptos, por ejemplo, pertenecen a una multinacional que tiene que ver con el capitalista, nosotros no tenemos nada que ver. Siempre raptan a los ricos, de hecho los raptos empezaron con el más rico de todos, Paul Getty; a ese le cortaron la oreja cuando tenía veinte años, pero a nosotros nos la vienen dando por el culo desde que nacimos. Son problemas diferentes. Tendrían que ocuparse un poco de los problemas del proletariado. Nosotros somos un grupo aparte.
En suma, nuestro creador consiguió no insertarnos en el mundo moderno de una forma homogénea. Podía haber hecho que enseguida estuviésemos mejor políticamente, hacer que tomemos el camino justo. Por ejemplo, los inventos. ¿Por qué no nos hizo descubrir enseguida la calefacción, haciendo que se murieran mil millones de frío, allá, en la antigüedad? ¿Van a decirme que no podía? Creó a Adán, le sacó una costilla y creó a Eva. Llegado a ese punto podía tomar, no sé, una oreja de Eva y hacer una estufa,. tampoco hacía falta tanto. Así los hombres quedaban con una costilla menos y las mujeres sin una oreja, pero calentitos. A la noche Adán hubiese dicho: “Eva, que lindo calorcito que hace. ¡¡Qué lindo calorcito que hace!! ¡Date vuelta así te hablo por la otra oreja!” Hubiéramos tenido que gritar un poco, pero estaríamos mucho mejor, ¿no?
Se comía carne cruda y había muchos virus: ¿no podía hacer que descubriéramos enseguida la penicilina y los antibióticos? No, los había escondido en el musgo. Eso es propio de una mentalidad de revista de crucigramas. ¿Quién iba a ir a buscar los antibióticos en el musgo? Hay gente que los buscó durante toda su vida y no los pudo encontrar; como si yo, a mis hijos, les escondiera el jabón; van a lavarse y no lo encuentran; tifus, cólera, todos sucios, se mueren. Entonces, al final, para divertirme, les digo: “Ah, ¿saben donde había escondido el jabón? Debajo de la toalla, ja, ja, ja…”. ¡Pero se murieron! “Eh, ¿qué pasa?, era un chiste”.
Dios mío, piensen un poco, muchachos, cuando hablamos de estos temas sagrados yo, cada uno de nosotros, nos sentimos un poco intimidados; y pienso: ¿y si cuando uno muere, en vez de encontrar a nuestro Dios se encontrara con otro? No sé, si encontrara por ejemplo a Manitú, el dios de los indios, ¿qué haríamos? Oh, esos creen como nosotros. Le diríamos: buen día, haug, siempre leí las historietas de Tex, no sé si pueden servir las verdes praderas, el squaw. Imagínense si nos encontráramos con Alá, o con Buda, así de gordo. Hay gente que nunca vio a Buda. Le pregunté a mi mamá: ¿Buda? “Nunca lo oí nombrar.”
Un miope, por ejemplo, va allá y se encuentra con Buda, con esa panza: “Esperaba cualquier cosa”, dice, “menos encontrarme con que Craxi había tomado el poder también acá. Mirá vos. ¡Es increíble! Entonces ésta es la antítesis religiosa”.

Comentarios (5 comentarios)

[...] La ira: no hay nadie que se enoje más que él. ¡Muchachos! ¿Adán y Eva se comieron una manzana? Mama mía, se volvió loco. “¡Fuera! Tú, trabajarás con el sudor de tu frente! ¡Tú, parirás con dolor! ¡¡Fuera!!” Una manzana me la puedo comprar, no hay necesidad de enojarse tanto. Se puso como un loco. Y después, yo admito que uno se pueda enojar a causa de una manzana, pero después se le pasa. Ah no, pero a Él no se le pasó. Van dos millones de años que nos hace bautizar por culpa de esa manzana. Posted in Incontinente | [...]

Monólogo teológico « el fantasma / septiembre 30th, 2006, 7:45 pm / #

Roberto Benigni es uno de los chantas que se pretende presentar como ser “especial”, para que sea referente de gente “común”… ¿Querés hacer un viaje por el Ridículo? Es fácil, entre otras posibilidades, considerá a Benigni como algo serio, profundo, y que sé yo. Luego de ver “La vida es bella”, en el hall, cuando me iba, la consideré una regresión; por las dudas la ví otra vez, tratando de precisar la mentalidad de quién había decidido idiotizar-nos con ese producto. Menos mal que después apareció “El Pianista” y pude introducirme en la atmósfera exterior-interior de esa Europa en guerra.

Julián Gerli / septiembre 30th, 2006, 8:39 pm / #

Copio aquí abajo un extracto del procedimiento penal abierto contra Benigni, en 1983, a causa de este monólogo, improvisado en ocasión de una Festa de la Unità, en Reggio Emilia. Gracias a este procedimiento es que hoy contamos con el texto.

PREFECTURA DE REGGIO EMILIA

EN NOMBRE DEL PUEBLO ITALIANO, el Juez de 1a. instancia de Reggio Emilia, dr. Umberto Poppi, vistos los autos del procedimiento penal contra: BENIGNI ROBERTO, imputado a) del delito previstos por los artículos artículos 402 y 266 IV inciso nros. 2 y 3 C.P. (vilipendio a la Religión del Estado) [...] b) del delito previstos por los artículos artículos 724 y 266 IV inciso nros. 2 y 3 C.P. (blasfemia) [...] c) del delito previstos por los artículos artículos 725 y 266 IV inciso nros. 2 y 3 (obscenidad) [...]

HECHO Y DERECHO

Es cierto que el imputado se ha referido, en la denunciada circunstancia, a la religión católica (identificada en la “Religión del Estado” prevista en el art. 402 C.P.). Eso es deducible de las mismas contingencias ambientales, habiéndose dirigido el cómico a un público compuesto por ciudadanos italianos, dado que cualquier referencia a la religión en general no puede no referirse a la religión católica, sustancialmente la única elegida, e incluso practicada, en base a resultados estadísticos, casdi por la totalidad. Por otro lado es inequívoca la referencia a la noción del pecado original (la manzana de Adán y Eva), y, aunque subsistan confusos elementos con algunos contenidos del Viejo Testamento, parece resolutivo en dicha identificación la particular mención al hecho histórico del proceso a Galileo, además de al Papa, que habría alentado dicho proceso. [...] En mérito, el hecho previsto por los artículos antes citados a) integra sin duda la materialidad objetiva del delito de vilipendio. En verdad, si en el caso concreto el monólogo de Benigni no fuese un vilipendio a la religión católica, el concepto mismo de vilipendio debería intenderse absolutamente borrado de nuestro código penal; lo cual técnicamente no es así. [...] En efecto, Benigni no podía elegir, como objeto de su escarnio, valores más elevados en la esfera ética jurídicamente protegida, porque ha tomado lo más vivo de la intangibilidad sagrada en la esencia misma de la cultura y la fe católica, esto es, Dios y su verbo. [...] Esto, por otra parte, se encuadra en los habituales contenidos elegidos en los espectáculos del cómico Benigni; no solamente, pero sobretodo en la temporada 1983, como resulta de conocimiento público, por sus declaraciones en la fase de instrucción, además de la prensa, que, además, transcribe una entrevista con el imputado (n. 42/83 de “L’Europeo”), en donde admite, e incluso se vanagloria, del trato bufo de dicho argumento en decenas de espectáculos (se habla incluso 40) en toda Italia y en el exterior, con tanta frecuencia e insistencia como para haber formado un estilo, una identidad artística “a la manera de Benigni”. [...] La subsistencia misma, además de la gravedad del hecho particular del que se habla, encuentra elementos existenciales no sólo en el componente de la precedentemente mencionada gravedad conceptual de las palabras ofensivas, sino también en el componente del número y la cantidad de público (el presente y el televisivo) a quien dichas palabras estaban dirigidas.
Y en efecto (ver declaraciones realizadas en la fase de instrucción) entre la multitud presente había jóvenes y muy jóvenes, incluso niños, por lo que el anteriormente mencionado perfil constitutivo inherente a la calidad del auditorio estaba ciertamente integrado. Por eso la declaración defensiva de Benigni (ver Interrogatorio) según la cual los epítetos atribuidos a Dios eran tan paradojalmente absurdos de resultar increíbles, i por eso no idóneos para vilipendiar el sentimiento de religiosidad, pierde todo valor, en cuanto debe tenerse presente que los muy jóvenes, privados de una capacidad crítica solectiva, pueden entender in malam partem los ultrajes oídos, sin discernir entre expresiones verídicas y expresiones absurdas, por lo tanto siendo inducidos al menosprecio de los valores objeto de escarnio. [...] Esta materialidad no resulta menor por la finalidad cómico-satítica de la intervención de Benigni. Ya se ha dicho que el monólogo ha sido ofrecido al público en términos dialécticos ajenos a la paradoja absurda (por lo tanto con un significado implícito antitético al explícito), pero incluso se sostiene en base a una aparente logicidad demostrativa, porque el cómico ha dado analíticamente a los escuchas, para cada defecto atribuido a Dios, la respectiva apelación (ut supra) a una prueba pseudo-lógica, con el fin evidente de conseguir el aplauso incluso a través de la aprobación de una suerte de atendibilidad. Por otra parte, al presente juicio no concierne el concepto de la inmunidad (rectius atenuante, o no punible) pretendida por los defensores de la libertad total en temas de vis comica, porque la inmunidad del bufón, tan querida por la literatura de ambiente medieval, que quiere al “enano” para mofarse de todo y de todos, aun del mismo príncipe, sólo porque gozaba de la franquicia entonces típica de su mansión, no tiene ningún sostén, y no puede tenerlo en el Estado de derecho. Por el contrario, en el Estado de derecho hay soberanos que distribuyan franquicias; en él se puede reir en buena medida, muy vasta en cuanto a la cantidad de personas y argumentos, pero la comicidad del espectáculo no puede llegar, sólo por su caracter y finalidad, más allá de los límites impuestos bajo la tutela de las esferas jurídicas, y lesionar, y debe, por lo tanto, mantenerse dentro y no más allá de ciertas normas y ciertos contenidos. [...] Es un hecho que cierto intelectualismo contrabandea, refugiándose en el ars comica, formas y contenidos (incluso de tema religioso) escandalizadoras respecto de formas y contenidos preexistentes. [...] Más delicada, más insegura, es la verificación de la presencia del elemento subjetivo del vilipendio. [...] Sería un error que considerase inocente a Benigni sólo porque él tenía solamente la intención de “bromear para hacer reír”. [...] Para reconocer la responsabilidad del acusado de vilipendio, necesita considerar que él tenía “voluntad y conciencia”, no ya del evento, tratándose de un reato de pura conducta, sino del caracter “dañino” (del “sentimiento religioso”) de su propio comportamiento. [...] En otros términos, se debe investigar si Benigni era “conciente del vilipendio”. [...] Benigni, astuto y culto, es un hombre de teatro, con nociones y aspectos esencialmente característicos de su ambiente, que es el del espectáculo. Y el ambiente del espectáculo, tanto del lado del escenario como del de la platea, es el que es en esta fase histórica; o sea que se permite (desde el escenario) y acepta (desde la platea) incluso expresiones que el código penal, como ha sido dicho más arriba, no conciente de ninguna manera. Prueba de esa situación (antijurídica) es el hecho de que Benigni ha ya representado espectáculos similares muchísimas veces, en Italia y en el exterior, siendo condenado sólo una vez por obscenidad (ver certificado penal). [...] Benigni puede haber supuesto que ofender a los católicos en sus sentimientos, ya, por hábito, no provoque ninguna reacción, es decir “no implique una ofensa”. [...] De modo que parece una elección congruente, equilibrada, la duda acerca de la conciencia de Benigni sobre el caracter ofensivo y ultrajante de su monólogo, y por lo tanto es aplicable su exoneración por insuficiencia de pruebas sobre su voluntad de cometer el delito. [...]
Visto el artículo 398 C.P.P.: 1) En cuanto a la imputación a), considerada la subsistencia de la objetividad del vilipendio adscripto, DECLARA que no se proceda contra BENIGNI ROBERTO, excluida la intencionalidad específica de cometer el hecho por insuficiencia de pruebas; 2) DISPONE se continúe el proceso contra Roberto Benigni en orden a las contravenciones b) y c) con juicio por contravención.

Reggio Emilia, 3 de noviembre de 1983.

Guillermo Piro / septiembre 30th, 2006, 9:37 pm / #

Bueno (Y)….

Gomes / diciembre 12th, 2007, 6:28 pm / #

totalmente cierto!
creo a diferencia del de arriba… estemm.. que es un monologo cargado de cordura, y me parece un REAL disparate que haya sido procesado por hacerlo PUBLICO, sobre todo considerando que esta planteado desde un lado ironico y humoristico.
Es digno de ser leido por cualquier persona conciente sea un adulto o un niño.
Sera que este mundo occidental cristiano en el que intentan sumergirnos dia a dia desde que nacemos ve a esto como una amenaza para su asqueroso sistema capitalista?…. eso debe ser…
por suerte creo que dios no existe, es solo un invento mas de esta civilizacion al igual que la biblia un cuento mas, por lo que me cague de risa con el monologo, al igual que muchos catolicos lo deben haber echo! porque como antes dije es una expresion en sentido humoristico con una cuota de ironia que lo hace mas interesante aun.
Seria bueno que los paises empiezan a pensar en cosas mas importantes que en procesar a un humorista, porque mientras en el vaticano el papa tiene toda la “teca”, aca los pibes se cagan de hambre.

daniela / mayo 25th, 2008, 11:10 pm / #

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