Antes oso o monstruo que princesa
A mis cachorros humanos, con quienes tanto cine vi.
Primero me entró por los oídos. Lo escuchaba una y otra vez, y, aun memorizado, no dejaba de reportarme el placer y el gusto de lo novedoso. Hablo de finales de los ‘70 y principios de los ‘80, digamos que yo tenía más o menos 12 y Disney aún no había descubierto el filón de los videos, así que yo me conformaba con escuchar en cassete las bandas sonoras de sus películas. Bandas sonoras eran en esa época algo global: todo el sonido de la película, con los diálogos, las canciones y los efectos sonoros. Ver después la película fue aplicar a cada fonograma una foto y, claro, gozarlo: El libro de la selva (Wolfgang Reitherman, 1967) siempre ha sido la película de la factoría Disney que más me emocionaba.
Obvio es que hay en esta predilección mucho de subjetivo y que surge de mi particular cosecha de fantasmas del pasado y del presente, pero creo sin embargo que tiene algunas características que elevan esta producción por encima de las otras del criogenizado mago cinematográfico: La banda sonora, la música, es la única soportable en su totalidad, con canciones memorables (The Necessities, Oscar a la mejor canción) y números musicales a los que difícilmente pueden resistirse las piernas (pienso en el swing del Rey Louis). Y quizás es la película que mayor número de personajes interesantes tiene, cuidados en la caracterización y en el dibujo. Pero a mí me enganchó Baloo, ese oso mañoso, desgarbado, torpe y alocado, que se hace cargo del cachorro humano, lo llora y está a punto de dar su vida por él. A mí, que no sé bien por qué soy amante de lo oscuro y extraño, salvaje a veces, se me siguen saltando las lágrimas cada vez que veo de nuevo la falsa muerte de Baloo.
Desde esa ya lejana niñez vi todas pero todas las películas de dibujos para niños (muchas veces no porque quisiera sino porque la maternidad tiene sus bemoles) y ninguna me había gustado tanto. Hasta que vi Monsters, Inc (Pete Doctor, 2001). El mismo año se estrenó Shrek (Andrew Adamson y Vicky Jonson, 2001), magnífica y muy divertida, pero no es para niños: su argumento parte de una premisa sólo comprensible por los adultos y la mayor parte de sus chistes y guiños son para mayores con cultura cinematográfica y literaria detrás. Sin embargo, el argumento de Monsters, Inc gira en torno a una obsesión infantil universal:(1) el miedo a que algún monstruo salga del armario o de debajo de la cama. También aquí las virtudes objetivas son muchas: no hay canciones que interrumpan la acción, los personajes son sencillamente entrañables y el guión es muy sólido (mucho más desde luego que el de El libro de la selva, bastante flojo aunque tremendamente eficaz). Pero, claro, yo me quedo aquí con James P. Sullivan, el monstruo asustador número uno. Sullivan tiene muchos puntos en común con Baloo: igual que el oso, el monstruo se hace cargo de un cachorro humano, lo cuida, lo protege, lo quiere y sufre su marcha. Sin embargo Sullivan es más maduro e inteligente que Baloo y no necesita de ningún Pepito Grillo (Bageera, la pantera) para tomar decisiones y avanzar: incluso ya rendido por completo a las garras infantiles de Boo, la niña intrusa en Monstruópolis, Sulley lucha siempre por devolverla a su mundo, seguro de que sólo allí podrá estar bien. Sullivan −como Baloo, aunque éste de un modo más años ‘60− descubre con Boo la paternidad: abandona todo, la fama, la amistad, toda su vida, para cuidarla y protegerla.
A estas alturas ya lo habrán adivinado: yo quiero ser como ellos, como el oso y el monstruo. Ya tengo el pelo de ambos − bah, sólo en la cabeza− y si bien no envidio los cuernos de Sullivan ni el culo de Baloo, si su arrojo. También, como ellos, tengo cachorros humanos a mi cargo, y sólo quisiera imitarlos ayudándoles a elegir bien el puerto de embarque.
1. El argumento: Monters, Inc es la industria que abastece de energía a Mostruópolis. Esta energía se consigue de los gritos que los niños humanos profieren cuando los monstruos entran en su habitación a través de las puertas de los armarios, comunicadas con Monstruópolis pero sólo en una dirección. En un error una niña humana entra en Monstruópolis y dos monstruos se encargan de intentar devolverla a su mundo.


Comentarios (2 comentarios)
Dani, tengo ese disco! Si habré bailado. Merece el postmortem de la remasterización:
“Por tu “salú”
dímelo a mí,
si el fuego aquí me lo traerías tú.”
aquí las letras:
http://www.doblajedisney.com/
esos cachorros han de ser felices. un abrazo.
aydesa / Septiembre 29th, 2006, 3:57 pm / #
Sí, totalmente merece ser remasterizado!. Mi cassette está gastado….pero lo cuido como el tesoro.
gracias por la data de las letras!.
daniela gutierrez / Septiembre 29th, 2006, 7:39 pm / #
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