La brecha insalvable
Por Jorge Mayer
Hoy alguien cedió a la tentación de visitar el blog de esa mujer italiana de la que todos hablan.
Alguien no entiende mucho del italiano, sin embargo, como ejercicio, trató de leer en voz alta las dos entradas que se registraban hasta la fecha y sintió que ese clamor podía ser en algún punto cierto.
Alguien vio los comentarios, casi tres mil a la primera entrada y escasos 28 al pie de la segunda, y sintió el vértigo por esas cifras.
Alguien comprobó –no sin cierto horror– que era el visitante número 292.004 al que le ofrecían una noche de sexo a cambio de un contrato de trabajo por tiempo indeterminado y un salario de 1.200 euros.
A esta altura de los tiempos, pasada tanta agua bajo el puente, infestadas nuestras casillas de correo electrónico con –cada vez menos eficaces– llamados a la solidaridad, multiplicados los blogs falsamente atribuidos a personajes más o menos notorios, no cuesta demasiado esfuerzo asociar lo uno y lo otro.
Por qué no pensar que se trata de una burda treta para convocar la atención del común de los internautas mal entretenidos que, a su vez, alertarán a los medios tradicionales de modo que en poco tiempo la noticia llegue al conocimiento de aquellos que ni siquiera saben lo que es un blog.
Y si de fantasear se trata, por qué no extender el malentendido y hacer de este blog y su protagonista un libro que relate la experiencia de una mujer italiana, que a los treinta años, acuciada por la necesidad, decide ofrecer su sexo por internet. Tal vez con la gentil ayuda que dispense alguna pluma fuera de servicio la hipótesis no sea tan descabellada.
Porque, vamos, ¿a quién se le ocurre que alguien pueda estar tan desesperado para correr el límite de su dignidad hasta ese punto? Poner su tiempo y su gramática al servicio de semejante timo, por favor, esto es una verdadera locura.
No nos engañemos. No dejemos que nos engañen. El mundo está y estará lleno de cazafortunas que sueñan tomar por asalto nuestra inocencia, hacerse de nuestro haber e incluso jactarse de ello. Sara Ferreti, Saradisperata, no es más que una excusa para ejercitar ese morbo que llevamos dentro y no cesa en la pugna por salir.
Sara es una máscara, la brecha insalvable. Sara es el miedo a perderlo todo. Sara es algo que no tiene ni tendrá lugar en internet: la realidad.

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