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Pos porno: el fracaso de la neolengua y el tren del auto atentado

Por Luis Thonis

 

“un lugar inventado donde los cuerpos no sean solamente cuerpos y se redoblen los enunciados que no pueden posporno1sostenerse en este mundo”

Cuerpos inéditos. LT

La consigna matriz de la generación del sesenta era: “animémonos y vayan”- ustedes. La actual es “cojan pero quédense”- ustedes.

Y al ritmo del pos porno los borregos por la misma vereda se encaminan para ser formateados hacia la Matriz del estado criminal que apunta a sustituir el lazo social por la creencia en la relación sexual.

Sublime operación psicótica.

Pasó el tiempo de echar veinte centavos en la ranura para ver la vida color de rosa. Ahora ponga un micrófono en una vagina o métaselo en el culo y Ud. accederá a una Citerea sin Watteau. El nacional populismo ha pasado de la religión de las multitudes que exaltaba en el 2002  a la religión del sexo sostenida en su economía de sobreprecios.

Hace tiempo hice una caracterización de lo que llamo el zombi terminal- alguien que avanza ciegamente al precipicio y cuando uno le advierte “eh por ahí no, cuidado”, se da vuelta, lo mira, corre hacia él y se tira de cabeza haciéndole un corte de manga. No todos los  que transitan esta cornisa son iguales, les sucede a seres talentosos e inteligente que necesitan abrazarse a algo, cualquier cosa que sea y el fetiche los está esperando. En vez de dar un salto cuántico al exterior saltan a un vacío que nunca se muestra como es sino en su apariencia contraria, me refiero al espectáculo. Se arrojan al espectáculo -que se extiende en la línea letal que va desde la pornografía de los setenta al pos porno- que lo toma en algunos de sus predadores para integrarlo y completarse. Los que tienen alguna reserva porque tuvieron una vida y alguna vez fueron amados, que no están dispuestos a borrar para disolverse en la cara colectiva de lo festivo, cuando salen aumentan el resentimiento y el odio en grandes cantidades pero en forma helada. La Fiesta es depresiva a causa de la negación cómplice de los crímenes cometidos que se vuelven contra ella: las mismas musas son expropiadas, enmudecidas y momificadas, apartadas de “relaciones peligrosas” y transformadas en objetos de exposición hasta que a una de ellas no se les ocurra nada.
Ahora es al pos porno celebrado por la poetisa Melina Varnaboba que -más loca que una cabra- propone una revo pop sexual, social antifálica y grita para que el zombimundo la oiga: cojan y vayan, todo sea por el negocio del pobre. Niega la verdad de la farmacéutica que dice que lo que es sublime en la cama es zombi en lo público, y que hay más porno en el matrimonio más convencional que en esta farsa que tenemos que pagar pese a lo fachos que somos.

El Estado criminal y depredador va tomando la forma de una Matriz.

Vende boletos para que Ud. pueda hacer su propio auto atentado y  haga volar en pedazos toda posibilidad de escena.

La orden es ahora sexualizarlo todo: lo que Ud. no sabía era que el sujeto era unos cuantos órganos al que tiene que ser reducido. Acepte ser deconstruido aun si en un matrimonio convencional hay más porno que en este zombisexualismo, especialmente en una reconciliación luego de una crisis. Todo lo que es privado o clandestino es juzgado fascista por estos embotados santones para los cuales “la vida” está hecha a la medida de una cámara y no de un ardeur vitale según Baudelaire para lo cual hay que tener una vida. Se trata de renunciar a ella: antes se redujo a los cuerpos a ser solamente cuerpos -sin verbo-, ahora se impone la reducción a órgano en una suerte de biologismo apenas disimulado.

“Cojan pero quédense.”: hay que engordar la Matriz con Borges incluido. Esto vino para quedarse: no es un hecho aislado, siempre estuvo, ahora salió a la superficie y se expande a todo. Es el último eslabón de un fracaso de lectura.

El Chancho estatal K tuvo que volverse sexy para seguir dando cátedra.

Hay un conflicto teatral clásico que es verse empujado a odiar lo que se ama sin poder liberarse del odio y sin que el amor pueda jugar un papel creador: se opta por lo peor como lo más seguro. A esta altura esto ya escandaliza a los escandalizadores. Pasolini decía que la pornografía era un arte para los pobres y no se refería a las clases más bajas, sino a una miseria erótica que es también espiritual. “Qué complicado” dice el nabo; “discutámoslo”, propone, en un arranque democrático, como si los elementos en juego que no tienen una salida ostensible pudieran “liberarse” por un decreto voluntarista: yo te digo cómo se coge y se te pasa todo, si no sentís nada sobreactuá, no te hagas el difícil. Es fácil: la política se sustituye por el sexo reducido a órgano, la escena por la Usina, todo lo que es comercial por el pos porno y el público por muertos vivientes. Unas mercancías se sustituyen por otras a las que los arbitrarios sobreprecios de estos Devidoáulicos tornan “sagradas”. El amor, en tanto exterior al narcisismo, no vale nada.
Hagamos una gran fiesta con el uso de la sinonimia y colorín colorado. Lo que esto logra es empujar al abismo a sujetos que no saben dónde están parados, y se aferran a lo primero que encuentran que les dice: no hay Otro, no hay un exterior que no sea traducible a nosotros, imitá, mimetizate con nuestra tribu y serás de nosotros, no te compliques con Aby  Warburg, cogé bien, sé feliz y pagá la fiesta y perpetuate en la figura del Adolescente que es depositaria de todos nuestros fracasos y resentimientos.  Ya no basta con reescribir la historia: ahora hay que abolirla definitivamente.
Algunos egresados de la UBA piden la expulsión de los alumnos que hicieron la obra Posporno. Pero la expulsión no suprime ni resuelve nada: el fantasma mayor sigue rodando y la tinellización de los sujetos por la fiesta, aunque se diga de vanguardia, tiende a abrazar a toda la sociedad acentuando y repartiendo las diversas formas de  violencia y engordando al Chancho K con la cosecha. Esto más que coger es ser cogido por el Estado criminal y megachorro que con nuestros impuestos quiere que paguemos estos bodrios.

No estamos precisamente en el Paraíso donde Caín acentúa su expulsión luego de ser expulsado: en este mundo la expulsión retorna como más integración y más Estado criminal y el sujeto queda reducido a su propia entropía.

Ante ustedes, la Matriz: marche un micrófono marca cadena nacional erotizado, dejá de ser expósito y sé mi apósito que te cuento tu propia historia mientras cogés de lo lindo.  Suponiendo que sea así, está probado que una relación puede tener un sexo extraordinario y fracasar olímpicamente por la impotencia de convertirse en amor. El sexo no puede separarse de la historia de cada sujeto que, privado de su historia, queda limitado a la exhibición de sus órganos.
Solamente la literatura que cuenta le hace algo a la lengua y al cuerpo: el deseo es más importante que el sexo y permite saborear secretos dichosos. Se trata de terminar con eso para iniciar una revo pop zombisexual donde el tercero -el lenguaje- ni siquiera cuenta como uno. ¿Quiénes son estos seres cuadriculados que no sabemos cómo bostezan o pestañean? Los imagino anestesiados, somnolientos y chatos: ardua es la tarea de hacer una religión del zombisexo que trata de convertir el “coger” en una práctica de “izquierda”…

Si se hubiera querido patear el tablero en serio se hubiera hecho algo afín al teatro de la crueldad de Artaud, donde retornan las fuerzas de lo arcaico con un lenguaje crístico, sacrificial, como si la redención no hubiera acontecido o hubiera caído en el olvido por algo que escapó a lo simbólico y él lo viviera en su cuerpo y quisiera ponerlo en escena -querer sustituir el espectáculo por la escena es ser objeto de crimen- en su máxima crueldad. O Warhol, enemigo de la religión sexual del espectáculo baleado por la feminazi Valerie Solanas, autora del manifiesto del exterminio del hombre que sólo puede existir como putazo, feminizado y aliado al neo matriarcado.

O a Los Ciento Veinte días de Sodoma de Sade donde el discurso de la Prostituta del Apocalisis es idéntico al del Papa. Y El asalto de Reynaldo Arenas, un homo que es el más viril de los escritores, donde la Matriz, confundida con la madre, quiere ser asesinada por uno de sus peores engendros. O, si se quiere algo argentino, una puesta de La Causa Justa de Osvaldo Lamborghini donde ante la fusión de los antónimos aparece la Muerte, Tokuro, que tiene en sí toda la violencia de esa canallada que se repite década tras década. O, ya lo dije, Norep de Omar Genovese (que estuvo en primera línea para combatir a la neolengua cartabiertista en sus dichos que insultan la inteligencia, y que ahora derivó en lo que él llama “lengua criminalis”, a partir de encubrimiento que hizo del asesinato de Nisman), que nos entera cuánto se parece el infierno liderado por Perón -nombre invertido- que se mete en el bolsillo a Hitler, Stalin y demás para seguir violándonos, dándonos por el culo desde el infierno hasta que hagamos una copia “justa”. A la historia no le puedo fallar, dice Genovese: si toma el tren ya no se equivocará, es la vía del abolicionismo. Este tipo de obras disuelven al público como público y lo enfrentan a una crisis de identidad que se quiere negar mediante lo festivo, y que cada día se agrava más.

De ahí puede salir algo creativo, un cuerpo inédito que es imposible de ser colectivizado por las sinonimias que han causado miles y miles de muertos -Perón como prenda de paz, los militares como salvadores de la patria, etc.- en un santiamén porque las vuelven imposibles: hay que aprender a leer, algo más imposible para estos zartistas y analfa ilustrados que se las saben todas. En cuanto a los clásicos, la representación del nacional populismo ya tiene su obra top: El Mercader de Venecia que CFK aconseja a leer a los niños de las villas como hacían los nazis para mostrar los usureros que son.

El Mercader exaltado en clave antisemita por un doble de Lady Macbeth que es terrorista de estado. ¿No es lo más sexy y obsceno que hay ser cómplice del terrorismo de estado?, pregunta el niño del cuento de Andersen a la jauría.

La desconstrucción quiere ser su propia verdad sin resto e idéntica a la nada que es todas las sinonimias: del mismo modo que el FPV ya ganó según el inmenso aparato de encuestadores y publicistas, la obra es ya revolución.

Los teóricos del pos porno son inclusivos: quieren incluir en la perfomance los cuerpos que no encajan en los estándares de normalidad, como discapacitados o los tullidos, pero no se los vio como tampoco a los qom o a los wichi, objetos de la violencia estatal –es que podrían llegar a tomar la palabra, incluso con sus propias lenguas, anteriores a la nuestra en esta tierra infame- como tampoco a los miles de cuerpos desnutridos que siguen sin existir.

El público, reinfantilizado, debe limitarse a ver y aplaudir, o reír como en un programa de Tinelli, que al menos no presenta lo suyo como arte ni le pagamos. El sujeto festivo depre es el mismo. Se le muestra el micrófono penetrando una vagina como si se le diera un biberón. En el Pos porno aparentemente se rompen todas las convenciones menos la del público que es el personaje más importante y se trata desesperadamente de capturar.  El porno preparado para orinar al Partido Obrero habla de la impotencia y el fracaso de estos intelectuales al intentar generar una neolengua. Ha quedado en evidencia que Zurdolandia -el hábitat de los zartistas que narro en mi novela Milagro Infame, donde coexisten cartabiertistas y poetas supermediocres- no tiene nada que ver con la clase obrera y ni sus reivindicaciones, y sí con un universo de pequeños zares, los zartistas, financiados por los ciudadanos: por eso defienden a este engendro blanqueando el ataque al PO acusándolo de puritano. Lo que molesta del PO es que revela la impostura de los zartistas de Zurdolandia al luchar por reivindicaciones concretas: por la democracia sindical o la supresión del impuesto a las ganancias, o el absurdo IVA del que son beneficiarios los zartistas paraestatales. También esa chica que vende tortillas, que aparece en un video de Youtube, y se rebela ante la policía del municipio recordándole la palabra dignidad -excluida del vocabulario zartista- con sus actos…

Contrariamente a los que desde las buenas costumbres se escandalizan con este tipo de obras o exaltan su sexualidad robótica, la considero un plomazo trasnochado incapaz de excitar a los muertos vivientes a la que está destinada junto con la gran noticia del descubrimiento de la pos pólvora.
Coger no está para nada mal, todo el mundo lo hace, lo zombie es que se tome esto como referencia o ejemplo de una conducta, y a la obra como genial, y se quiera “romper el espacio público, tan politizado, para sexualizar un lugar carente de estas expresiones”, según Laura Milano, su autora, que lo considera una “investigación” sobre el pos porno norteamericano de los años ochenta. Todo llega muy vaqueteado y trasnochado. ¿El resultado? El tren del auto atentado del sujeto contra sí mismo en una sociedad que cabalga sorda y ciega hacia su autodestrucción.

Que viva la fiesta de las sinonimias de la miseria erótica y espiritual.

O sea: se busca un equivalente sexual de un equivalente político depreciando la mercancía “política” y poniéndole un sobreprecio a la sexual. Aquí el lugar es el lugar, el santuario donde ahora la deconstrucción se legitima a sí misma a través del espectáculo ante el cual la iglesia se queda corta por la carga de religiosidad sexual, que simula traducir las historias irreductibles a lo público y la política a lo sexual, en una indistinción de fronteras: todo es lo mismo porque todo da lo mismo (todos pueden ser un Pibe Barulo). Y es el dinero público el que sostiene semejante mercancía a medida de los zombies contestatarios. En su religión sexual es que la cosa va mal y la mejor prueba son estos farsantes instructores.

Este tipo de obras son dirigidas, ante todo, a un público que cree en el sexo y expulsa al amor que es algo que excede al narcisismo del “vos sos yo y yo soy vos”… Esta especie de Sexo para Todos se presenta como progre pero se podría considerar fascista, como atentado contra una singularidad que el arte lleva al extremo. La estafa mayor queda silenciada: la exclusión del amor, que es una frontera no traducible aun si está en crisis. La creación siempre ha nacido de una crisis. Aquí no hay ninguna. Los cuerpos están completos y las palabras vacías.

Lo veo desde una perspectiva poética -la que viene desde Aristóteles- y que no se limita a comparsas de maniquíes sexuados. Esta violencia al amor no es idéntica, pero no del todo ajena, a la ola de violaciones y femicidios o asesinatos como el del fiscal Nisman, que habla de una catástrofe simbólica que incide en toda la sociedad. El rasgo común de esta violencia, que va desde los crímenes cotidianos hasta el terrorismo de Estado, es un Nadie por exclusión -incluido Luciano Arruga, el soldado Ledo- aspirado por una Gran Matriz que los devuelve circularmente a la sociedad y se alimenta con ellos. ¿No habría sido mejor hablar de esto, en vez de intimidar como fascista o molesto al que no se pliega a la Fiesta perpetua financiada desde el Estado? Nuestra sociedad está llena de personajes que, siguiendo las normas de la decencia, practican el sexo todo el tiempo…

Algunos lo hacen por placer, otros por oportunismo y ascenso social, como el que empieza como extra o escolta y avanza a medida que seduce mujeres. Canallas o caballeros, es difícil que se les pueda enseñar algo metiendo un micrófono en una vagina. Tampoco las mujeres que caminan por la cuerda floja, mientras vociferan sexo sexo sexo, son una demanda desesperada de amor. Difícilmente el pos porno les dirá alguna verdad de ellas. Ahí aparece el montaje perverso donde unos payasos sexuales oponen el espectáculo a la escena donde cada fantasma responde a la escena del sujeto. Como una escena para todos es imposible se opta por expulsarla a priori. Carta Abierta ha pasado del fracaso de querer instituir una neolengua de estado al tren del autoa tentado pos porno. Pero también en la cultura ha habido un fracaso del lector que es inmenso y del que no se habla.

Así, para hacerlo gráfico en términos teatrales, el boletero que vende  pasajes para el tren del auto atentado del sujeto contra sí mismo. Atente contra su vida, su pasado, su historia, su trama de síntomas, sus lecturas, es algo bárbaro, le faltó decir con tono evangelista. Y algunos se apuran a comprar su boleto.

Santo Tomás -que en determinadas ocasiones justificaba el crimen político cuando el soberano no cumple las leyes que juró- llamaba a quien lo realizaba un magistrado de sí mismo: alguien que no tenía otra ley que la que ejerce en su acto.

A este instituto lo llama tiranicidio y hoy se la rechaza como terrorismo, del cual el que lleva a cabo el estado es el de peor tipo. El atentado contra sí mismo no tiene institución: es un homi-suicidio que habita la misma guerra del lenguaje.

Hoy no sólo la sociedad actual en su cara más siniestra demanda un mundo judenrein -limpio de judíos-, ante su impotencia para elaborar los núcleos letales en el discurso del siglo XX que retornan sino limpio, amputado de la escena que mediante el lenguaje amortiza la violencia. Por más que haya culos o lo que sea, si se amputa la escena por el espectáculo, el efecto es el nihilismo de todo es lo mismo, es decir, nada.

El Pos porno es ni-ni: ni político ni sexual. Su ideal es un sujeto sin pasado, sin historia, salvo las que adapten a un presente digitado y celebrado porque tiene como referencia a todos en relación a nadie. El sujeto representa en esta trama una sucia memoria por el sólo hecho de recordar por su sola existencia que hay efectos de retorno en el lenguaje y que es diferente ser un sujeto expuesto -expósito- que ser objeto de exposición y mero síntoma del goce de otro. Esta vanguardia tiene como objeto que cada narciso persevere en su síntoma sobre el modelo del incesto colectivo. Ni siquiera pueden articular una historia: no se trata de iletrismo sino por la impotencia de entrar en contacto con sus orígenes y tramar un continuo.

Expuesta, la novela trabaja en la lengua y la va haciendo: de todos, de nadie, de alguien, pero siempre en relación al que la escribe y un intenso entre dos con quien lee. Va tramando la escena donde el fantasma -que condensa las crisis de identidad del sujeto- funciona como una amortización de la violencia.

Al suprimirse esa escena la violencia aflora “desde arriba” y arrastra a los sujetos a la cultura de la servidumbre voluntaria -iniciada por Carta Abierta como pornografía de los ideales del setenta hacia el 2003, como primera gran clonación- y que culmina en el pos porno para producir una Usina multiplicadora de zombies, para algo que no tiene nada que ver con el infierno y las pasiones, sino con un jardín de infantes de reinfantilizados y crédulos a quienes venden que están contemplando una obra de Warhol o de Artaud, cuando en verdad están repitiendo la aparatología de Apold y alimentar la Matriz.  Johannes Kepler era un hombre religioso, quería ser teólogo pero al abocarse a la ciencia se dio cuenta de que “Dios puede ser celebrado también por la astronomía”, y sus hipótesis fueron confirmadas tres siglos después por la geometría tetradimensional del espacio-tiempo. Buscaba a Júpiter y encontró a Venus. Quiso describir el movimiento de los planetas en su órbita en torno al Sol por la circunferencia y encontró la doble elipse.
A partir de Kepler dejó de resonar la música de las esferas celestes pero el ave de Minerva siguió revoloteando sobre el silencio de las sirenas que nadie oyó, según Kafka.

El obtuso descubrimiento del Pos porno es que el sujeto puede ser reducido a sus órganos perpetuándose en la figura ahistórica y mítica del Adolescente. Se trata, como viene sucediendo desde los sesenta, de una muerte blanda y vegetativa para una nueva generación.
“Todos corremos peligro”, dijo Pasolini.

El uso del micrófono -el fetiche por excelencia de la cadena nacional- como instrumento erótico, o mear la mesa del PO, son parte de este aguachento descubrimiento post de una pólvora más podrida que mojada, impotente si el espectador no compra el boleto de su propio auto atentado, adopta una posición de combate y comienza a jugar con meta códigos antizombies, así como con diagramas abstractos de acción, haciendo del arte la vía de una singularidad extrema hacia un tercero en una forma desconocida -y no formateada- por el Estado depredador y criminal.

 

Comentarios (un comentario)

Yo creo que lo que ha sucedido en la Facultad de Ciencias Sociales,presentando las escenas del Pos Porno con la pretensión de SER en el sentido metafísico de Heiddeger,nos aproxima a aquel Berlin decadente de la époco cercana al advenimiento del asesino serial más espantoso de la história de nuestra trágica civilización,ya que ,asesinó utilizando la moderna organización industrial,con los resultados ya harto conocidos.Lo que demuestra nuestro Caro Amigo Luis,es el peligro de ingresar en la dimensión del “POS” sin tener la menor idea del horizonte cultural o plítico que se quiere alcanzar.En esa tenebrosa oscuridad mental,el animal humano vuelve al principio de las cosas y que mejor y más elemental principio que la vagina de una mujer.

Mario Sterman / julio 10th, 2015, 6:33 pm / #

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