Ingreso

Articulo

De la imposibilidad del amor

Por Omar Genovese

Sobre Las mujeres que amé, Daniel Guebel, Literatura Random House, 208 p., febrero 2015.

Oscila entre la novela y el ensayo. También adquiere la forma de exposición analítica de una teoría sobre lo inalcanzable que, como noción general, parece blandir la finitud del deseo, su escaso valor al lograrlo, su poder de tracción mientras se aleja de quien busca satisfacción. El que escribe, ése yo tan inocente como crédulo, puede ser el niño Guebel que, en una parábola de pesadilla, trata de comprender sobre la materia convertida en escritura, el acto mismo de narrar, la vigilia de la relectura y el espanto final ante un tiempo que solamente volverá como recuerdo desfigurado. El ser deseado es un sueño que retorna con la duda sobre lo real, otra vez, y otra. Lejos del espanto que supone el abismo de un pozo, como ocurre en las novelas de Pablo Farrés, Guebel retoma la reiteración del suceso en la obsesión más absoluta, evoca al apasionado por la Lolita de Nabokov, evoca a la lógica monolítica de un Kafka atrapado en una celda donde lo han encerrado a escribir sobre cómo quedó condenado a escribir: “La literatura es siempre una expedición a la verdad”.

La verdad es la imposibilidad del amor. El yo del escritor se sacude entre el malentendido ante un premio y el escaso reconocimiento de su obra puesta en justo lugar por el éxito repentino de un solo libro. Así, la primera parte titulada Una herida que no para de sangrar, señala el ingreso a la gruta de la tristeza: ni abandonando los placeres del mundo seremos salvados, pero al escribir todo estará permitido, como compensación ante el dolor. Es aquí donde se abre una segunda parte bajo el título del libro en cinco capítulos con notorias diferencias entre sí, ya por el método con el que Guebel aborda las temáticas, ya por la deriva de estilo que sugieren. En M. Diario de una obsesión, el apasionado que escribe (¿acaso un enamorado en una celda aislada?) crispa su existencia en la negativa de la amada a someterse a su círculo de dominio asfixiante. Pero, ¿es así o se trata de un delirio para soportar el abandono? A continuación, Las reglas de la abstinencia aborda la constitución de un sujeto amante en el molde católico, histórico en su justificación, donde lo sacro avala la pasión por el número excesivo de amantes, tan grande él que diluye su personalidad en una memoria talada hasta la disolución. Tal vez aquí la brevedad conspira, y la posibilidad de una experiencia mística que justifica el amor divino (y a la pureza de esa madre que consagra) queda omitida por la herida que dejaría abierta a mitad de la novela, una falla imposible de cerrar así se incorpore una Enciclopedia del Amante Eterno, siempre incompleta y en constante corrección. En El pequeño escribiente argentino y en El miedo a la revolución, el narrador deja de ser él para reinventar otro comienzo, ya por la prueba de amor cuasi filial en el sacrificio, ya por la torpeza adolescente en el desconocimiento de que la pasión es una correspondencia mutua de obsesiones. Las mujeres que amé cierra la saga con Orígenes, que como en un juego de espejos, muestra el borde de la sospecha: el crimen como salida de lo abisal del pliegue donde agoniza la escritura.

Aquí cabe notar que la deriva del estilo de Guebel se convierte en un hito geográfico, un límite que ha dejado atrás y sobre el que es posible que vire el timón de su pasión literaria (ahí el amor está, sembrando una prosa que seduce). El salto, o el gesto sutil de sacudir el propio pasado al abandonar los escombros de otra prosa (la que pasó, perdida entre dudas y el reconocimiento esquivo de un medio literario de dudosa calidad crítica), genera una expectativa en el lector: ¿a qué otro tema universal convertirá en fruta cuyo sabor será un misterio que leer? La alusión no es inocente: borrado el artista, la representación alquímica de un nuevo Arcimboldo nos espera.

Publicado en el Suplemento Cultura de Perfil Diario, 29-03-2015

Comentarios (no hay comentarios)

no hay comentarios para este post.

Dejar un comentario