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Una secta del delirio

cocainómanos-mansalva[Sobre Cocainómanos chilenos de Gonzalo León – Mansalva - Agosto 2012 - 112 páginas]

Por Omar Genovese

Un grupo de ingenieros empecinados en descubrir cierta armonía musical divina en el Palacio Barolo (mítica construcción de Buenos Aires, que evoca los cabalísticos numerales de la Divina Comedia del Dante), puede ser una secta del delirio, con ritos paganos y un tanto estúpidos. Pero describir las luchas intestinas así como los titánicos esfuerzos por lograr la partitura celestial, es de otra índole, algo que requiere el conocimiento de las distintas funciones literarias que hacen a la novela. Gonzalo León recorre Buenos Aires con esas armas, y como si aquella construcción tan compleja se hubiese derramado entre las calles: más aún, como si el tiempo contenido en ella, el de su perduración, fuera el aire entre sus habitantes. La ciudad puesta así, es un laberinto en acto. Detalle no menor, los recursos utilizados para construir la trama provienen de los distintos recortes (fractales despedazados en la caída iniciática), que se adhieren a un recuento sencillo a manos de una dependiente de supermercado, alguien translúcido (un ánima madrina, otra Alicia) que abre y cierra la fantasía, que atesora el cuaderno marca “Cocainómalos Chilenos” del que nos llega la obra. Anómalos nomás: León mismo, lanzado por la Ariadna humilde, sin héroe a la vista que lo asesine, exhibe su ojo único de cíclope adormecido. Pero el efecto no es de la cocaína; si la huella blanca está, es una alegoría, cierta luz entre rendijas, pues antes existe el tránsito del monstruo que piensa ante cada descubrimiento. Piensa, perdón, escribe lo que piensa, piensa en lo escrito, escribe a los que escriben que creen escribir sobre eso que no ocurre.

Existe un segundo nivel habitado: el culto oculto de las relaciones derivadas de cierto círculo de intelectuales contemporáneos y sus circunstanciales adscriptos. Cocainómanos Chilenos es la road movie de la experiencia sensible ante el desborde de egos, la nada misma del ser autoproclamándose genio, figura y referente literario. Y allí también obtura el ciclópeo, ahora niño Gonzalo León, que adolece de comprensión y pregunta a la jaula de fenómenos que se representan absurdos: Armando Casas, Aria Rasec, Maiakowski, Eneas, Emecape… Trama de coincidencias y desaciertos, abandonos y tedios. Como fresco de época, en Buenos Aires se necesita perder el tiempo de otra manera o estamos condenados la extinción. Luego está el tono del estilo, la percepción que constituye: Gonzalo León tal vez sea uno de los mejores escritores argentinos, nacido en Chile.

El presente artículo se publicó en el Suplemento Cultura de Perfil Diario, el 06-01-2013.

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