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Vonnegut, de Bioy Casares a Roussel

2-26indexPor Omar Genovese

Juego de espejos y de expedicionarios. Si en la traducción de Moby Dick de Herman Melville realizada por Enrique Pezzoni (1970) (luego reimpresa por Sudamericana en formato pocket con prólogo de Jaime Rest), leemos la fabulosa elusión inicial a la cacofonía traidora: “Pueden ustedes llamarme Ismael”, no es de extrañar que en la traducción de Cuna de gato (1963) de Kurt Vonnegut, la cita y el homenaje coincidan con guiños cómplices. “Pueden ustedes llamarme Jonás” es la primera oración, traducida por Carlos Gardini, de donde Vonnegut invoca a Melville, que Chitarroni –editor de La Bestia Equilátera– marca como pista, en un catálogo que extiende su base no exenta de exigencias. Es que aquí se invoca al lector, a la memoria del lector que se construye: Funes universal, párpado que no puede cerrarse y sueña.

Números, ¿cuándo fue escrita Cuna de gato? 1958, 1959, marca de una generación, el comienzo del beatnik, el ocaso del baby boom, como la imposibilidad de un cambio sin el advenimiento de la catástrofe planetaria con misiles anidados en desiertos y estepas. Época de amenaza, pero de una única y definitiva. Para ello las escenas dantescas en Nagasaki e Hiroshima, y el personaje científico –con su progenie– sobre el que gira la novela, Felix Hoenikker, premio Nobel, de cuyo aporte al contenido del Enola Gay queda un último invento terrible: hielo 9, contracara de la deflagración radioactiva, un arma silente, fábrica en cadena de estatuas naturales. Pero, sin anticipar la trama, puede pensarse en que Jonás no es quien narra (al fin biógrafo perdido), ni el mismo Vonnegut trasvasado a la fantasía de una parábola ideal, en un territorio azaroso, como la Isla de San Lorenzo, tan bananera y prosaica, improvisada y frugal. ¿Será un Hemingway arrepentido del heroísmo? ¿Qué farsa de París será la fiesta a celebrar en un peñón imposible, rediseñado por el aeromodelista (miniaturista) Franklin Hoenikker, el único hijo con vocación “científica” del premio Nobel? ¿Es la isla ideal la contracara de La Invención de Morel, escrita en 1940? Famoso relato de Bioy Casares, llevado al cine en 1961, con adaptación de Alain Robbe-Grillet, por Alain Resnais bajo el título El año pasado en Marienbad… (La influencia en Vonnegut, resulta inevitable, al menos, la recurrencia de nuestra limitada apreciación.)

Pero lo humano no es pura arquitectura ni arqueología de una Nínive maldecida por la pobreza situacional, nota al margen de los poderes mundanos. Al diseño adviene el molde social, el subtexto de la palabra/verdad revelada, como anticipo del misticismo de Jim Jones, reverendo autocrático masacrador en la Guyana: bokononismo, mentira sobre mentira. ¿Qué es la creencia sino el fatídico deambular de un engaño general? ¿Cómo el orden inalterable de una sociedad fabrica sus mitos para persuadirse sobre la necesidad de lo eterno? Nos llegan las citas al margen, y por fuera de toda circunstancia, el ave rapaz del pensamiento atacando las certezas, es la invocación de los Libros de Bokonon. Profeta descarriado de la realidad, pero indispensable para el flujo inútil del poder establecido, o abandonado, Bokonon es la función teatral del disconformismo para el viejo dictador “Papá” Monzano, quien dejará su lugar al que sea, o quien quiera, da lo mismo. Otra gratuidad, y más causalidad literaria, el tono remite  a las Impresiones de África (1910) de Raymond Roussel, y también a su Locus Solus (1914) –traducción de Marcelo Cohen publicada por Capitán Swing en Madrid, diciembre 2011–, donde el científico Canterel revive muertos con una substancia para, de manera cíclica, utilizarlos en un ready-made. Luego, el chiste a los escritos severos de Darwin, también el homenaje a Tristres Trópicos de Lévi-Strauss, en el guiño de que la ciencia no está a salvo igual que todos nosotros. Según la díscola cronología, será este libro tomado por la Universidad de Chicago como tesis de Vonnegut para su doctorado en antropología, pero en 1971. ¿Es esto una tesis? ¿O en pleno flower power la experimentación inundó la lógica del claustro?

Ahora bien, la gnoseología religiosa o praxis mística casera, remite a lo contemporáneo durante su escritura: el acuerdo cuasi fantástico de 1958 entre Trujillo y Papa Doc Duvalier, entre República Dominicana y Haití, para la continuidad de las dos dictaduras míseras más flagrantes del siglo XX. Pero entre el ansia predictiva del bokononismo (ya forma zen degradada) y una ficción abandonada al desasosiego, aparece la más fina ironía en que el aparato militar crea el hielo 9 como su propia condena, capaz de desmontar el artefacto de poder aunque arrase la vida planetaria. Esta novela es anterior a Matadero 5, e instruye a Vonnegut como pequeño faro independiente y centrípeto. El escritor fracasa en el suicidio dos veces, pero es lo casual, una caída, lo que pone fin a su tarea. Tal vez la prosa cortada, la condensación de situaciones y tejidos fluctuantes, eran el laberinto para posponer lo inevitable. Una secuela parecida deja la lectura de Cuna de gato.

Publicado en el Suplemento Cultura de Perfil Diario, 25-11-2012.

Comentarios (un comentario)

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