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Posguerra

Por David Wapner

—¿Y? ¿Se vende?
Nos damos vuelta, es el esposo de la vidente, los colonos con los que discutimos durante por la ubicación de nuestros puestos en la feria.
Ahora se nos acerca en plan conciliador, tal su papel en su pareja. Su esposa, la que habla con Nasrala, es la vanguardia de la ocupación.
Nos ubicamos ahora en un sitio mejor, frente a la pizzería de los argentinos, entre la vendedora de ositos de peluche y la de cajitas decoradas.
—Algo se vendió, pero siempre piden rebajas,
—Es el síntoma de post-guerra, la gente está en estado de shock, ya van a volver a comprar como antes.
—Pero los turistas también piden rebaja.
—Pronto las cosas van a mejorar.

¿Es así?
En esta depresión de post-guerra hay algo más.
Hace una semana, el Yediot Ajaronot despliega a toda página en su portada una foto de su corresponsal secreto enmarcado por una Beirut en ruinas. El título:

Y. A. en el país de Hizbalá. Así se ve la famosa victoria que proclama Nasrala

¿Puede realmente el israelí envanecerse de los resultados de esta guerra?
La sensación es que la gente de este país sabe que lo que se le hizo al Líbano fue una guachada.

Lo sabe, pero sólo puede expresar la parte de víctima que le ha tocado en esta traicion de estado.

Los reservistas se movilizan porque fueron al frente mal preparados, con armas en mal estado, mal alimentados y con sed; piden la renuncia de la cúpula política y militar, “de otro modo no podremos enfrentarnos en una segunda vuelta con el Hizbalá, y mucho menos con Irán.”

La gente del norte que perdió sus casas por los misiles libaneses (o agricultores que perdieron sus cultivos aplastados por los propios tanques israelíes) se moviliza por sus indemnizaciones.

En tanto, el último jueves, 60.000 personas se reunieron en la plaza Rabin, frente a la municipalidad de Tel-Aviv, para pedir por la liberación de los soldados capturados, dos en el Líbano y el restante en Gaza. El Gran Rabino de Israel, uno de los oradores, se dirigió de esta forma a Nasrala:

“Usted, que ha perdido un hijo en la guerra, puede comprender el dolor que nosotros sentimos.”

En la carta a su  joven esposo cautivo que su flamante esposa lee frente a la multitud, se dice:
“… y cuando estés de regreso a casa, a lo mejor podremos sumar a nuestro amor, otro amor pequeño.”

Pero a nadie se le ocurrió pedirle al gobierno que negocie, que deje de pensar en una segunda vuelta, que se olvide de Irán: que negocie y que libere a los
palestinos y libaneses presos en cárceles israelíes.

Muy difícil para un israelí medio.
Ya es mucho que se movilizó.
Aunque aún no sabe por qué.

 

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