Tragedia y fracaso
Por David Wapner
Foto: RonG LevyZ
Esta tragedia es un fracaso.
El fascista es implacable, arrolla con su discurso e hipnotiza a un auditorio de ciudadanos que mastican frustración y se intoxican a causa de ella. El fascista les da el remedio, droga de efecto inmediato: miedo, odio, receta infalible.
Ante estas artes de brujo, los buenos de los organismos de derechos humanos israelíes no tienen respuesta. Incapaces de interpretar la realidad en su dinámica, limitados en dialéctica, lentos de reflejos, fracasan en anticipar los movimientos como rayo del fascista, siempre quedan pagando. Pero ellos sobreviven, la peor parte la pagan aquellos necesitados de su intervención.
Sudaneses del Sur en Arad, el 17 de junio de 2012, día de su expulsión.
¿Cómo puede ser que nadie advirtió a los refugiados de Sudán del Sur que al firmar un acuerdo para abandonar en forma voluntaria Israel, perdían en forma automática la posibilidad de pedir asilo en un tercer país? Quién se rehuse, será llevado a la cárcel y no se salva de la deportación, pero, al menos, conserva al menos la chance de luchar. Esto no está ocurriendo, hoy partieron (todavía no, Morán Mekamel nos avisa que aún esperan en el aeropuerto Ben-Gurión ascender al avión búlgaro que los llevará), están por volar, los primeros 120 expulsados por delito de refugio. Hoy, Arad, epicentro, junto a Tel-Aviv, de esta tragedia, los expulsados,esperaron desde las ocho de la mañana hasta las 11 pasadas del mediodía, sobre el asfalto de la explanada de la Terminal de óminibus (no adentro del edificio), bajo un calor de fuego sin que ningún representante de ACNUR se hiciera presente. Gente de buena voluntad repartía bizcochos y golosinas, pero a nadie se le ocurrió que lo que más necesario era agua. A cincuenta metros, el edificio de la Terminal de ómnibus con aire acondicionado y baños limpios, no se abría a los refugiados, jóvenes adultos y niños, expulsados también de ahí. A los organismos de derechos humanos, casi ausentes hoy, salvo dos o tres representantes encabezados por Morán Mekamel, no se les pasó por su imaginación un escenario en donde agua y baños eran esenciales.
Pero lo peor es que, ante la velocidad de movimientos del poder, encabezado por el Ministro del Interior Eli Yishai, quien lanzó un verdadero líbelo de sangre contra los inmigrantes africanos (infiltrados que ponen en peligro la identidad judía de Israel, que violan mujeres y las contagian de sida), ante esta feroz campaña “antisemita” contra los refugiados, que incluyó pogroms en Tel-Aviv, los organismos de derechos humanos y la ACNUR fracasaron en demostrar lo que todo el mundo sabe hoy: que Sudán del Sur y Eritrea son trampas mortales, que no se puede devolver allí a los refugiados, es ilegal devolver refugiados al mismo póquer de la muerte del que huyeron: bombardeos, sequía, hambre, malaria. Bombardeos, sequía, hambre, malaria.
Hay complicidad entre los gobiernos de Israel y Sudán del Sur, de otro modo no se entiende que los representantes del nuevo país africano hubieran aceptado tamaña barbaridad. Israel ayudará a los sudsudaneses en el desarrollo del riego y agricultura. Detrás del riego, debajo de cada gota de agua, hay armas.
Los organismos de derechos humanos en Israel demostraron su insolvencia para desmontar las mentiras de Yishai y de los diputados del Likud, y de rebatir sus argumentos, falsos a todas luces, pan comido para abogados lúcidos.
ACNUR, es cómplice, en tanto que sus representantes locales tienen todos nacionalidad israelí, son parciales, y no actúan, No aparecen. Dejan hacer.
Así, los fascistas tienen la victoria servida en bandeja. No sólo el pueblo raso de Israel calla y /o asiente, sino que sus intelectuales y políticos también.
No se presionó lo suficiente.
No hubo campañas de esclarecimiento.
No se hizo uso de la imaginación.
Todavía podrían salvar a muchas personas de la deportación.
Tienen que cambiar en forma radical su estrategia, de otro modo, el fracaso total.



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