Verde que te quiero ver

Por Daniela Gutiérrez
Ignora lo que ve, mas lo que ve lo inflama,
El mismo error los ojos burla e incita.
¿Por qué persigues en vano, crédulo, simulacros fugaces?
Lo que buscas no está; lo que amas, te retiras y lo pierdes.
Esa que distingues es sombra de imagen reflejada.
Ovidio, Metamorfosis
Verde manzana. Mucho verde manzana. Con la salida de Ibarra se empezó a borrar lentamente, ese naranja holanda, que como este verde daba muy bien con el negro. Ahora se usa colorear vivamente los fósiles de lo urbano.
Eventos tan importantes y al que concurren invitados extranjeros se preparan con mucha anticipación. Es por eso que durante estos tres días a + ba, la actitud buenos aires, tan pregonada debió llamarse a silencio. Cual regreso de los muertos vivos, Buenos Aires volvió a ser, al menos durante estos tres días, ciudad abierta.
En los carteles en la calle sí se las ingeniaron para travestir a+ba de verde y entonces al costado bien abajo y chiquitita quedó la actitud. Pero en el lugar donde las cosas sucedieron, no hubo actitud alguna: ninguna postura especial del cuerpo fue requerida, y sobre todo ninguna disposición determinada del ánimo.
El encuentro promovió el pensamiento, ese ausente en los sitios donde lo que se requiere es tan sólo y nada menos que la pura actitud.
La sala Casacuberta del Teatro San Martín es un sitio intimista, y cuando no se lo usa para una obra de teatro, resulta propicio para la conversación. La disposición de las butacas rodeando el escenario lo pone en el centro pero a la vez permite que la gente pueda también verse.
A cada lado de la larga mesa que serviría a los panelistas, sendas pantallas grandes proyectaban al interlocutor lejano en la videoconferencia, el PowerPoint del experto o bien –y casi en forma permanente– el logo gigante que estaba detrás de la mesa. Nadie podía confundirse, era imposible no saber qué era eso que allí sucedía.
Es difícil escenificar ponencias tan diversas. Y ciertamente me gustaría tener la magnífica capacidad de síntesis de Reinaldo Ladagga para contar más la circulación del deseo en esos días que la crónica de un encuentro siempre imposible. Que si sucede, bien lo dijo, es solo efímero o ilusorio.
La mesa larga donde los panelistas se ubicaban según el turno previsto, estaba “vestida” con un mantel hasta el suelo del mismo verde manzana y flanqueada por dos floreros de diseño cool. Dentro de los floreros sendos ramos rústico-chic de calas blancas de tallos larguísimos atados con hilo sisal, languidecían con estilo.
En una época las calas eran flores de muertos, pero ahora no. Ahora son flacas, altivas y su lujosa sobriedad ofrece al espacio que las aloja, un tono elegante y ligero. Tenue y delicado.
No se marchitan las calas con facilidad, eso es bueno. Además, un evento cultural no debe estar perfumado. Las calas son inodoras.
Buenos Aires Ciudad Abierta, conservó entonces ese registro del progresismo clásico, tan contrapuesto a la actitud positiva (sí, porque “+” no era indicio de una suma como yo pensé al principio, sino un nuevo destino urbano: su positividad)
Es difícil un encuentro de pensamiento urbano en la Ciudad de la Actitud, porque se presenta el intercambio intelectual, el polemos, la argumentación y la puesta en común, también fetichizada como mercancía.
Telerman inaugura el evento. Ese hombrecito inquieto, dinámico y en extremo personalizado, se puso con gran incomodidad (aun con las calas allí para hacerlo sentir un poco más cómodo) al frente del asunto.
Habló de la “diversidad” y “pluralidad” de las ciudades –la nuestra por ejemplo– pero no lo hizo en el sentido del espacio público que abierto se ofrece a la circulación de todos, al encuentro, de cada uno, y de los otros, sino dándole otro tono. Como si la ciudad tuviera ofertas para cada uno, y entonces la diversidad y pluralidad fuesen sólo en términos de elección…y me pregunté: ¿no serán, en realidad nuevas formas de control social disfrazadas de pseudodemocratización e “individuación” que intensifican aún más las desigualdades en vez de promover las diferencias?
Más que Telerman, cuya angurria política probablemente lo deje sin nada, no me gusta que los slogans para la promoción de la ciudad en la que vivo legitimen modelos de conducta y estilos de vida que exaltan el individualismo narcisista .
Detesto los discursos seductores que hacen publicidad en vez de hacer política, me da ganas y me divierte cuestionar e inducir a que otros también lo hagan esa fascinación que ejercen las promesas de soluciones inmediatas (+ salud, + educación, + seguridad, etc…) en un mundo que parece subestimar el esclarecimiento y sentirse feliz con las ilusiones bien contadas, que propone una suerte de ‘reencantamiento’ de la ciudad.
En el encuentro, efectivamente, pasaron cosas muy interesantes. Graciela Speranza y Matilde Sánchez supieron sí de qué se trataba el evento y allí estuvieron: en lo suyo. Presentes sin atosigar, sueltas pero diligentes, atentas menos a las calas que a lo demás, inteligentes y solventes, pudieron reponer el sentido cada vez que hizo falta.

Comentarios (un comentario)
agudo. las miserias se explican con Power Point.
aydesa / Agosto 31st, 2006, 4:27 pm / #
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