Del melodrama como último recurso
[Sobre De vidas ajenas - Emmanuel Carrère - Panorama de narrativas – Anagrama - 264 páginas - Julio 2011]
En la contratapa de este libro se citan conceptos de la “crítica francesa” que distan de lo que depara la lectura, o es evidencia de una escabrosa ironía: “Maestro de la non fiction novel a la francesa”, “nuevo Dostoievski”, “…en el sentido de La Condición Humana de André Malraux”, “nueva literatura, que afronta la realidad…”, entre otras tantas. Toda contratapa es un artificio de sospechosas sugerencias, seductoras o repulsivas, tendiendo a lo general en lo anodino. A tal afirmación, y con su discontinuidad contradictoria, De vidas ajenas también adscribe fiel al ego escurridizo y autorreferencial de Carrère. Pero, ¿cuál es el arabesco del escritor para plasmar las tragedias contemporáneas? Porque el hilo conductor son dos situaciones extremas: la muerte de una pequeña niña, la muerte de una madre (la cuñada de Carrère). Como testigo de ambos, el escritor (en lo real, además cineasta) dispara el testimonio en un tono documental engañoso, al punto que el yo se instituye como privilegio y toma nota, para lo que nos es dado como libro. Eso se reitera al punto de que las vidas ajenas llegan a convertirse en la propia vida de Carrère atravesada por el abismo del objeto: estar ahí como una cámara postrera, registrando –sin mucha más profundidad que una cita breve de Céline o Susan Sontag. Tal postura opera como amortiguador de toda otra conjetura, expresando la dificultad de ser fiel al pasado en la forma crítica de alcanzarlo. Por eso queda fuera el dolor, la valoración existencial del mismo (su dimensión devastadora), a cambio de una suma de objetivismos-placebo, entre ellos, la descripción del sistema judicial de primera instancia en los pueblos de provincia franceses… Carrère plantea, y con ello “su todo” cobra sentido, una obligación familiar: quiere dar testimonio a las sobrinas de quién era su madre. Para ello incluye dos escenas finales, la de la revisión documental del texto mismo por parte de los deudos, la de sus sobrinas sobrellevando la ausencia materna entre llantos y desplantes. ¿Crueldad? ¿Flagelación de lo escrito para aumentar su verosimilitud? Un poco de eso y también el melodrama como recurso último, barato. Carrère parece desconocer todo límite de su persona y lleva el sentimentalismo a un punto irónico: el de que sus sobrinas, ya maduras y luego de leer tal legado-documento, expresen sin vacilación, “gracias, pero no era necesario”.
Publicado en el suplemento Cultura de Perfil Diario, el 31 de diciembre de 2011.



Comentarios (un comentario)
[...] Última crítica del año (el 2012 será peor). Esta vez le toca a un tal Carrère, rara mezcla de una Poldy Bird arrepentida y un Enrique Molina devenido guionista de culebrones venezolanos (¿o ahora son mexicanos?) con aires de memorias de un médico forense. ¡Fuera Luis Miguel! [...]
Phantom Circus » Blog Archive » En el estribo lector / Diciembre 31st, 2011, 10:36 am / #
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