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Azul cuervo

Por Eduardo Montes-Bradley

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Impreso en Argentina. © de la presente edición: Edhasa, 2011. El auto que se ve en la tapa es un Saab.

Los cuervos son criaturas extraordinarias. También sociedades secretas. Digo: hay sociedades secretas que hacen honor a los cuervos, y hay cuervos que se apiñan en secreto elaborando estrategias de supervivencia. En Charlottesville se dan ambos casos. La Universidad de Virginia alberga a la Raven Society, en el bosque -que encapsula el lugar donde vivo- hay cuervos que insisten en demostrar que son capaces de guardar secretos. Es cierto, son azules, de un azul metálico que también puede encontrarse en el interior del abalón, en la profundidad del mar. No de todos los mares, de algunos. Por ejemplo: frente a la playa de Copacabana.

“Azul Cuervo” es también una novela escrita por Adriana Lisboa. Las críticas se empeñan en decir: “una novela de la brasileña Adriana Lisboa”. Digo: la crítica no entiende, se empeña en clasificar, etiquetar, describir lo indescriptible. Lisboa no es una ciudad, Lisboa no es fácil de catalogar, de doblar, de acomodar, de institucionalizar. Terminé de leer la novela de la mujer que tiene el mismo nombre de capital tercer-mundista-europea cuando el Dash 8-100 de United Airlines tocaba el extremo Norte de la pista de aterrizaje en el aeropuerto en Charlottesville: “Y lo fue”, fueron las últimas palabras con las que la escritora que ya no es de Brasil concluyó. El aterrizaje fue violento, la lectura no. Me gustó terminar el libro justo en ese momento. Ni antes ni después. El avión y yo acabamos juntos.

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El reflejo sobre la traducción de Teresa Arijón es del atardecer sobre North Carolina.

Me gusta como escribe Lisboa en portugués. También en español, en inglés y en francés. Curiosamente Lisboa puede leerse en cualquiera de esos idiomas conservando su condición de surfista. Es curioso: ni siquiera los traductores consiguen hacer que la escritora vuelque. Dice: “El frío no necesitaba personas que lo inventaran”, y acierta. “Azul Cuervo”, que poco y nada tiene que ver con la búsqueda de una identidad precaria (qué más preocupa a los críticos que a los escritores de verdad) esboza un recorrido curioso, único, del que no hay retorno. Por momentos creo estar releyendo a Martínez Estrada. Lisboa es una antropóloga de la sensualidad, “Azul cuervo” un manual que sirve para entender el origen de las substancias anti-tropicales, para descubrir el paisaje lunar del desierto, la singularidad de una vida hecha de retazos.

Lisboa escribe cuervos, como ninguna Lisboa tiene pena de malecón: “Mi padre podía ser un hombre demasiado viejo, demasiado joven, raro, demasiado lindo, demasiado flaco, brillante, esquivo, calvo, con buen humor, muy gordo, extrovertido, religioso, melenudo, feo, bastante culto, un poco miope, atlético, bastante pendenciero, barbudo, exitoso, dueño de un gran talento musical. Mi padre podía ser padre de otras hijas y otros hijos”

Debería haberlo dicho: en la novela el personaje centra que es una niña de trece años, pareciera estar buscando a su padre. Pero eso no es más que una excusa para confundir a los críticos.

Lisboa escribe con ritmo inusual: canta. Ese ritmo –si hubiera que ponerle un rótulo- leería: “Cadencia atonal que construye melodías incómodas y dulces como el mamey”.

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El avión tenía un asiento en el medio, junto a la pared del fondo, como en los colectivos de línea.

Me gusta como escribe Adriana Lisboa, que no importa que sea carioca, y que escribe para una multitud de miradas desde un lugar carente de nombre. Digo: hace años que un escritor latinoamericano (por llamarlo de alguna manera) no irrumpía fuera de los márgenes mezquinos de la irracionalidad nacionalista para postularse universal. Lisboa hace precisamente eso, quizá sin proponérselo. Aunque me permito dudarlo.

En enero voy a entrevistarme con la mujer que lleva el nombre de una capital tercermundista-europea. El encuentro tendrá lugar en Denver, el objeto: un film documental. Hace mucho que no filmo escritores. Hace mucho que un escritor no despierta en mí esa curiosidad de la que pocos fueron dignos. Por ahora, la idea de regresar a Denver me entusiasma con el rigor de un azul poco frecuente.

Comentarios (un comentario)

[...] Uma resenha de Eduardo Montes-Bradley de Azul-corvo/Azul cuervo para o Nación Apache. [...]

Nación Apache « caquis caídos / Diciembre 22nd, 2011, 5:59 pm / #

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