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La pregunta japonesa

Por Omar Genovese

Identificar con antisemitismo al antisionismo, o –en la mayoría de los casos– a las críticas que se hacen a lo que hacen los sionistas, no me parece distinto de la operación que calificaba de “campaña antiargentina” a las denuncias de los secuestros, las torturas y los asesinatos que se cometían, en la segunda mitad de los ‘70, en la Argentina.
Daniel Freidemberg

 

La advertencia de Freidemberg no es osada, sino lapidaria. En lo que se entiende como entorno social argentino (o argento, sin ese tintín de joya sucia tan evidente), lo judío viene arrastrando lápidas de la ingominia histórica que nos acosa: desde el hoy, injusticia y encubrimiento multiplicados por dos atentados; y más allá, el desprecio racial de cierta influencia germánico-militar que aún hoy podemos ver en las tapas de cámaras eléctricas de la marca Siemens, dispersas por Barracas al norte, con la svástica así de enorme, simbólica. 
Cierta vez, un peronista (quién no conoció uno, de esos que se legitimaron con la experiencia descamisada, de primera mano) me expresó lo siguiente: “Perón se encontró con las arcas del estado repletas de dinero pagado por los nazis durante la guerra, a cambio de carbón, fueloil, trigo y demás. Luego, aumentó el caudal refugiándolos en la postguerra. Pero nos quedamos fuera del Plan Marshall. El error fue militar: no mandar al muere un grupito de soldados en el desembarco en Normandía nos quitó la posibilidad de cierta independencia y crecimiento internacional. Fijate en Brasil, a ellos les sobra industria. A nosotros, peones de campo sin futuro. Es un desperdicio… Encima, tenemos pocos negros, ya que murieron en la guerra de independencia y en las civiles, por lo que hoy seríamos la potencia blanca de América Latina.” Desde ya que el dicente peronista lucía una piel bastante oscura, y no por insolarse en la cosecha del tabaco. Otro de tal estirpe, pero judío, pelirrojo, iracundo, adolescente y algo desaforado cerró –desde otra experiencia militante de captación setentista– esa visión contradictoria: “El peor problema que enfrenta la Orga, es que los interlocutores de las otras organizaciones armadas son todos judíos comunistas.” El autoproclamado movimiento tenía algo extraño, contradictorio, absolutamente delirante y enfermo. Tuvo ese algo que lo hizo mágico y adictivo entre los advenedizos, y siniestro entre sus propios integrantes. Todo era posible, como una anticipación del postmodernismo, pero en el plano político concreto, en el de la construcción del poder a cualquier precio. Sabido es el caso de cierto periodista de origen judío que cantó loas a la Junta Militar desde la revista Gente, a la vez que una gran cantidad judíos, militantes de las organizaciones clandestinas, fueron evacuados por la Embajada de Israel en Buenos Aires. Como los militantes judíos del PC argentino (sí, conocí a varios) que ponían paños fríos ideológicos para con el régimen genocida, convertido en el mayor proveedor de granos de Moscú. A lo que voy: podemos sustraer la palabra judío y reemplazarla por cualquier otra nacionalidad, etnia o confesión religiosa, y afirmaremos algo con la misma certeza: Argentina es tan dispar como impredecible en muecas reflejas de lo que pasa en su entorno como país. Y la “cuestión judía” ha sido tan utilizada por los adictos al Eje, como por la propia comunidad para victimizarse, generando el límite goy, aún inaudito, como que uno de los mayores cómplices del encubrimiento de los atentados de Buenos Aires, es un dirigente surgido de sus propias filas.
La llegada del sionismo pone una proa única al frente de la comunidad víctima de la diáspora. Es orden y progreso. Es orden y organización. Es orden, por sobre todas las cosas. Un orden puro que baja desde la comunión de las fuerzas militares, religiosas y políticas que prevén la perduración de una misión (mesiánica, como cualquier misión) de un pueblo señalado, o autoproclamado. El sionismo puso un ancla al cuello en los ciudadanos de Israel, y así el peso es mayor, hasta ahogar el entendimiento para convertirlo en fanatismo incoherente: una raza sobre otra. La mínima fórmula que los lleva a una guerra tribal asistida por tecnología de alta perfomance, a desconocer los mínimos derechos básicos de todo ser viviente y generar focos de violencia racial en su propio territorio. El pez se muerde la cola, y se convierte en su peor enemigo. Todo esto me lleva a pensar que el mayor interesado en que la “cuestión judía” siga siendo una cuestión punzante, es el mismo sionismo. Como elemento de presión a su propia comunidad, para que la paranoia y la fidelidad sean absolutas, dignas del sacrificio y la contribución sin cuestionamientos, como un arma de opresión de circulación social y cotidiana. Lo endogámico se ha convertido en asfixia: el hogar es Israel, un estado que juega un papel geopolítico expansionista en la región del Medio Oriente, y a él se debe la mayor sumisión como judío. Un ancla más, para que la conciencia del hombre judío no pueda cuestionar las acciones bélicas en Beirut, por dar un ejemplo, para que también se convierta al fanatismo, pero matando mujeres y niños de origen árabe como ratas. Justificándose por defender a sus colonos (palabra que arrastra un desprecio visceral por cualquier habitante originario: indígenas, amarillos o negros, según el continente a elección), con la grandilocuencia de una potencia colonial. Es muy llamativo que la irracionalidad del sionismo se obsesione por una inteligencia militar por sobre la sabiduría de un pueblo tan ancestral. Que reinterprete la escritura hasta convertirse en sordos absolutos para cualquier otra voz que no sea la propia, en el rezo. ¿O acaso el pueblo árabe no ha caído en la misma tentación fanática?
Hay una palabra que no es simbólica, sino que se ha cristalizado más allá de lo real: sed. Los pueblos de la región del Medio Oriente tienen sed de todo, y mucho más de venganza. Y luego, el sutil engarce de la joya: el odio. Pero infinito, inexpugnable en las convicciones más íntimas. De uno y otro lado, con o sin justificativo racional, el conteo de muertes está en franca competencia y, según parece, los últimos acontecimientos tan sólo fueron una escaramuza de la guerra por venir. Y ahí está la cuestión, la fórmula que los japoneses –empresarios exitosos de la década del ’70– se hacían ante una propuesta, tal vez inviable: Y esto… ¿en qué me beneficia? Con cortesía, el intento del timador quedaba ahogado en el mismo interrogante. Hoy, desde la distancia geográfica, valdría preguntarse a quiénes beneficia el rearme y preparativos bélicos de ambas partes. ¿Por qué el problema no se toma como corresponde y se declara zona de exclusión con un plan de desmilitarización? ¿Quién enciende la mecha para vender el combustible y así aumentar el incendio? Hay alguien que se enriquece con una guerra, por algo Audi, BMW, Mercedes, ZF, hoy son líderes de un intercambio de riqueza cada vez más circunscripto a minorías. Detengan a los que ensanchan sus cuentas bancarias sin importar las actividades, y la paz –o el intento de paz– será posible. Y dejen a las razas que se mezclen, que circulen por el mundo. En la diversidad, el odio será imposible.

Comentarios (14 comentarios)

[...] Una pregunta que tiene respuesta, siempre. Posted in Incontinente | [...]

el fantasma » Blog Archive » / agosto 24th, 2006, 1:57 pm / #

Genovese: no hay razas.

David Wapner / agosto 25th, 2006, 9:48 pm / #

Seguro, podemos llamarlas etnias. Es más elusivo, fino, antropocéntrico, ¿piola?

Omar / agosto 26th, 2006, 8:18 pm / #

Tampoco etnias; cómo usted bien lo dice, es otra forma de aludir a lo mismo.
Pueblos, migraciones, culturas, grupos lingüísticos: no hay razas ni etnias.

David Wapner / agosto 27th, 2006, 1:23 pm / #

Genial!! Según Bataille usamos palabras para designar lo que no tenemos, pero según vos usamos palabras para designar lo que no existe. Es interesante. Eso corre también para los canes y los felinos?

Albert / agosto 27th, 2006, 5:08 pm / #

También para canes y felinos. En cánidos tenemos tres familias: lobos, zorros y perros. El perro es una derivación del lobo, producto de la domesticación por el hombre. Los felinos, en tanto, se dividen en dos grandes familias: panteras y gatos. Las llamadas razas, tanto en perros como en gatos (también en bovinos y equinos), son manipulaciones del hombre, otorgándole al témino manipulación todas sus acepciones.

David Wapner / agosto 27th, 2006, 5:36 pm / #

Cambiá de provedor de merca, David, que la que consumís te está quemando el bocho.

Albert / agosto 28th, 2006, 11:46 am / #

Su falta de argunentos, Alberto, lo ha hecho mear fuera del tarro.
Saludos,

W.

David Wapner / agosto 28th, 2006, 1:29 pm / #

Más allá de la virulencia escatológica, tengo entendido que el análisis del material genético de lobos, zorros y perros, ha dado por resultado que no pertenecen a una misma familia, sino que son especies distintas, aunque morfológicamente parecidas. Los perros salvajes de la sabana africana sí son los antecesores genéticos de nuestros cánidos hogareños, aunque conserven una estructura social que los ha hecho sobrevivir hasta el actual estado “limite” de su funcionalidad vital.
Otra: el gran felino conocido como tigre, no está emparentado con nuestros tiernos mininos de biblioteca o jardín botánico. Es, también, otra especie distinta.
Una última duda: ¿el perro evolucionó (involucionó) como doméstico por culpa del hombre o porque es más económico que alguien le provea alimento? Hay, allí, una rara mezcla de lo social con lo animal, de lo histórico con lo biológico. De todas formas, prefiero a mi perro que a mi vecino.

Omar / agosto 28th, 2006, 6:11 pm / #

Genovese: no hay que confundir familia con especie Una familia está constituida por más de una especie, las cuales pueden agruparse en géneros o subgéneros, de acuerdo a sus características morfológicas. Todos miembros de una familia están relacionados genéticamente. En el caso de la familia Canidae, tenemos cuatro especies: perros, lobos, chacales y zorros. Perros, lobos y chacales son casi idénticos y compatibles genéticamente: esto es, pueden cruzarse (recordará Colmillo Blanco, de Jack London).
Los felinos, en tanto, pertenecen a la familia Felidae en la cual se reconocen tres sub-familias: Felinae o Gatos (gatos domésticos, gatos salvajes, linces, pumas), Pantherae (leones, tigres, leopardos, jaguares) y Acinonychinae (chita o guepardo).
No vamos repasar la taxonomía del reino animal completo, a nosotros nos interesa llegar a la especie humana. Los humanos pertenecemos a la familia Hominidae, que a su vez integra la superfamilia Hominoidea, compuesta por los simios y los humanos. La familia Hominidae alberga a los grandes simios (chimpancés, gorilas, orangutanes) y a los humanos.
Los humanos actuales pertenecemos al género Homo, nuestra especie es Sapiens. Hubo otras que se fueron extinguiendo, como la Neandherthalensis, la Habilis, la Erectus: sólo quedamos nosotros, los Sapiens. Todos los humanos que pueblan nuestro planeta son una única especie, originada en Africa y desparramada luego por todos los continentes. La variedad de color, estatura y otros rasgos externos son adaptaciones a climas y geografías. No existen razas, un bantú se mezcla con danés, este con un coreano, el descendiente de estos con un colla. Raza y etnia son conceptos creados por opresores para oprimir, por conquistadores y colonizadores para justificar la sumisión del derrotado. Los caribes, los primeros humanos con los cuales contactaron los españoles cuando comenzó la conquista de América, se salvaron por poco de no ser considerados humanos de no ser por la intervención en su favor de Fray Bartolomé de las Casas. El racismo, la ideología basada en la ficción seudocientífica de que los humanos se dividen en razas, sirvió tanto para que Europa esclavizara y someta a genocidio a Africa como para la teoría de la raza superior del nazismo que condujo al genocidio de judíos, gitanos, homosexuales, enfermos mentales.
Al concepto raza hay que combatirlo y destituírlo.
¿Qué más, Genovese?
Que el conflicto entre israelíes y árabes no sucede por razones raciales ni étnicas, en primer lugar porque no existen razas o etnias. Tampoco por razones religiosas, aunque se cuando convenga se invoque a sitios sagrados. Se trata de una disputa territorial, por un lado, en un territorio más pequeño que Tucumán. Y por el otro, de una situación en donde un grupo oprime a otro, a grosso modo los israelíes a los palestinos. Pero hilando más fino, la cosa es más compleja. Como toda lucha de clases, que sí existe.

Saludos,

W.

David Wapner / agosto 29th, 2006, 10:22 pm / #

Addenda:

No nos olvidemos: perros y gatos domésticos, caballos, vacas, cerdos, son especies únicas. Las llamadas razas animales son imposiciones humanas, demostraciones de poder, por manipulación genética o lingüstica.

David Wapner / agosto 29th, 2006, 10:32 pm / #

Creo que, involuntariamente, hay ciertas pisadas en el poncho del razonamiento. David: en tu addenda afirmás que existen especies únicas, y en el comentario anterior que las mismas están relacionadas entre sí bajo el paraguas del término familia.
La Antropología Genética, rama de la ciencia muy joven, y derivada de la práctica Antropología Forense, ha encontrado, por ejemplo, que ni los grandes simios, ni los homínidos descubiertos a la fecha, tienen relación alguna (ya sea evolutiva, morfológica o de cualquier otra índole) entre sí. El análisis de los genomas indica que sí son mamíferos, sólo eso. Todo lo demás es relleno social, teorización, invento para sustentar el peligroso discurso del poder. Ese y otros estudios -los que no he tenido tiempo de buscar y chequear-, tiran por la borda cualquier tipo de clasificación e incluso, destruye la teoría evolutiva de Darwin. Que existan parecidos no implica parentesco, derivaciones y mutaciones. Cada código genético se ha construido con una complejidad única, manteniendo constantes características de aquello que se denomina (muy a tu pesar) “especie”.

Respecto al conflicto árabe-israelí, por su complejidad y dinámica, ni el reduccionismo marxista, ni la sociología de masas, ni la crónica policial y política, alcanzan para brindar una explicación única, lógica y englobadora. Es más, creo que ningún conflicto humano tiene una lógica interna que permita interpretar lo que ocurre. La complejidad, es una constante que va desde ese genoma nuestro hasta nuestros actos salvajes. A veces el tiempo, la lejanía que permite el tiempo, ayuda en el análisis de los sucesos cuando se convierten en historia. Mientras ocurren, como la fuerza gravitacional que migra por el universo, somos involucrados en el mismo, saliendo de foco. De todas formas, el mundo se sigue manejando por la diferenciación étnica, pues existe el poder y la acumulación de riquezas. Es así, como que la muerte nos espera. Desde tal verdad lapidaria es que afirmo que dejen a las “razas” migrar y mezclarse. Si la libertad acude, seguramente, el mundo dejará las diferencias. Pero como van las cosas, es sólo un ideal.

Omar / agosto 30th, 2006, 9:36 am / #

Genovese, no me contradigo: una familia alberga una o más especies únicas, emparentadas entre sí.
Si tiene acceso a tales estudios, pásemelos o, en su defecto, la bibliografía.
Le concedo que no hay una explicación englobadora para el onflicto árabe-israelí.
Que se contradice con “tal verdad lapidaria”.
Pero, bueno,

un abrazo,

W.

David Wapner / agosto 31st, 2006, 10:04 am / #

Pregunta: ¿por qué será que la gente que nunca toma, tomó o tomará merca, ni de la buena ni de la mala, y aunque haya tomado alguna vez, “una noche de éxtasis, locura, furor”, para descalificar al otro, siempre la invoca?

Respuesta: por pura, simple y llana pelotudez.

disculpas por el desvío-

Pablo Chacón / octubre 2nd, 2006, 4:14 pm / #

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