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No se oyen los helicópteros

Por David Wapner

1.
El primer fenómeno asociado al cese de fuego es, para nuestro descanso, es la desaparición de los helicópteros y aviones militares que día y noche, sin solución de continuidad, cruzaban el espacio aéreo de Bat-Yam.
Los helicópteros pasaban de a dos; mirándolos desde la playa, tomando como patrón de medida nuestra mano, volaban separados uno del otro por dos palmas.
“Esos son nuestros los nuestros que nos defienden de los terroristas”, explicaba com orgullo un padre a su hijo de nueve años.
Estos aparatos verdes volaban bajo, y su ruido compuesto (silbido de turbina más tartamudeo de rotor), impregnaba cualquier instante de toda hora.
Los aviones de combate, el cambio, casi no eran visibles, salvo a veces de noche, y aún así rompían los nervios.
Los más grandes éxitos de Israel en esta guerra los obtuvo la fuerza aérea a expensas de la población e infraestructura civiles.
En tierra, los combatientes israelíes no supieron pelear; sólo por obra de su superioridad de fuego causaron grandes bajas al Hisbalá.
Según parece, y de acuerdo a los testimonios de los soldados que van regresando al lado israelí de la frontera, no había buena preparación, el equipo era deficiente y, créase o no, estaban mal alimentados.
Cualesquiera que sean las conclusiones a las que lleguen las futuras comisiones investigadoras que se ocuparán de explicar lo sucedido y encontrar a sus responsables, hay algo que está claro: el Tsahal, el Ejército de Defensa de Israel, sólo sirve para reprimir palestinos: matarlos y demoler sus casas.
¿A qué me recuerda esto?
2.
Durante los días que preceden al día de la independencia, los israelíes acostumbran a instalar banderas en sus autos y viviendas.
Los coches portan una o dos, una de cada lado; para la época en que llegué a esta país, era común que la segunda bandera fuese la norteamericana (ahora ya no se usa).
Pasados los festejos, las banderas siguen en su lugar, hasta que la erosión del viento, el calor, la arena y la polución las van transformando hasta que desaparecen.
Pensábamos que en esta guerra que ha quedado en suspenso la gente iría a llenarse de banderas, nos equivocamos: apenas un coche entre cien, casi ninguna en las casas, de tanto en tanto alguna tendida en el asfalto, pisada una y otra vez.
Entre tanto, el diario Maariv regalaba con sus ediciones un autoadhesivo, “Israel es fuerte”: no vimos ninguno pegado, puertas afuera al menos.
Siempre nos preguntamos con Ana qué es lo que piensa en realidad el israelí: ¿cuál es su verdad, lo que expresa o lo que oculta?
¿Por qué no aparecieron esta vez las banderas?
¿Por prudencia?
¿Por falta de entusiasmo?
¿Por rechazo implícito a una guerra impuesta?
¿Por pudor?

3.
Uno de los sucesos que más conmovieron a los israelíes fue la muerte de 12 soldados de la reserva, mientras acampaban en la frontera, a la espera de las órdenes para entrar al Líbano.
Estos soldados hacían picnic al aire libre; comían, bebían y hacían juerga mientras veían cómo caían los cohetes sobre la vecina ciudad de Kriat Shmona.
Hasta que uno cayó directo sobre el campamento.
Un artesano argentino, veterano en Israel, compañero circunstancial en la feria de Najalat Biniamin, opinó:
—Y, los mataron por boludos.
Los niños, para redención de la especie, son más inteligentes y sensibles; dijo un chico de 9 años. cuyo padre había muerto en combate,  “¿qué hacía mi papá en la guerra, si él era médico?”

4.
Tres horas después de haber llegado la noticia del secuestro de dos soldados israelíes, y la muerte de otros ocho que desató la guerra, el jefe del Ejército de Defensa,  Dan Jalutz, llamó a su sucursal del Banco Leumí y pidió vender su cartera de acciones.
Le piden la renuncia.
Muchos ya piden la renuncia del primer ministro Olmert y del ministro de Seguridad Nacional, Amir Péretz, por mal manejo de la guerra.
Alguien preguntó, “¿cómo van a renunciar todos ahora, con quién vamos a hacer la segunda parte de la guerra?”

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