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Los nuevos burgueses y su desvinculación del espacio público

Por Ana Wortman

Hablar de nuevos burgueses nos remite, necesariamente a buscar precisiones en torno a los conceptos de burguesía/ burgueses. Para Marx, la emergencia de la burguesía constituye una transformación singular en la historia de las sociedades, así lo expresa en el Manifiesto Comunista “Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. [...] para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel ‘pago al contado’ [...] En una palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal”. Así dialécticamente concibe a esta nueva clase social, como el germen de la futura transformación del capitalismo, los proletarios.
En la teoría sociológica, tanto Sombart como Weber analizan la dinámica capitalista otorgándole un lugar especial a la emergencia de una nueva subjetividad representada en los burgueses. Sombart, identifica la figura del burgués por una concreta mentalidad económica basada en el espíritu de empresa, el afán racional de ganancias, el gusto por el orden y el ahorro. En Weber, el burgués –consecuencia del mito calvinista– encarna la acción social más dilemática: la acción racional con arreglo a fines. A medida que el capitalismo deja de ser liberal, como consecuencia de las guerras mundiales, de la masificación de las sociedades y la emergencia del Estado de bienestar, se produce el debilitamiento de su ethos fundante, como argumentará Daniel Bell, generando una sociedad consumista pautada por la cultura de masas. Las clases medias del capitalismo organizado, dominante en el mundo occidental entre los años 20 y 70 serían una consecuencia de este cambio. Por su parte, los nuevos burgueses son la expresión de la etapa de la desorganización del capitalismo fundado en la tercerización, a partir de mediados de los años setenta en adelante en el mundo en general y de los noventa en la Argentina. Si bien la nueva burguesía hace un culto del individualismo, sólo posible en la diversificación de la sociedad de consumo, este constituye la expresión de un mundo dominado por la corporación trasnacional. Para Lash, la desaparición de la clase obrera como “motor” de la historia ha incidido en la conformación de un orden con escaso potencial utópico, produciendo la estabilización de los nuevos burgueses y la legitimación de una sociedad conservadora.
Por su parte, un sociólogo de nuestro tiempo como Bauman afirma que lo que importa en el capitalismo consumista es la demostración de la riqueza. Esta acumulación de riqueza no está acompañada por inhibiciones morales, ni menos por intereses públicos, en consecuencia desaparece la figura del self made man. Es en estas reflexiones donde situamos nuestro trabajo fundado en la pregunta: ¿Hay una nueva Argentina? La cultura mediática que tomó un fuerte empuje en los noventa, en el marco de la reorganización de la esfera económica y estatal, acompañó este nuevo ethos subjetivo que goza exhibiendo su fortuna en forma avasalladora como ejemplo de la felicidad al conjunto de la sociedad empobrecida. Así la publicidad de autos carísimos y los estilos de vida asociados a ellos, paradigma de una supuesta felicidad familiar, los perfumes y cremas que conducen a la juventud perdida, los productos seudoadictivos orientados al consumo juvenil asociados a la conquista de la libertad y la autonomía, los estilos de vida de las estrellas mediáticas que imitan desde el subdesarrollo las mansiones de Beverly Hills, su mundo privado hecho público, dan cuenta de nuestra pobreza. A diferencia de los burgueses de Marx, los representados en las publicidades, los ejecutivos de las trasnacionales sin dueño, no producen proletarios sino excluidos, vagabundos como los denomina Bauman ironizando acerca de la cultura turística, la cual sintetiza en parte la estética del capitalismo actual. En ese mundo  privado, hecho publico a través de la televisión, los vagabundos, los pobres son arrojados a los espacios públicos por donde los nuevos burgueses no entienden por qué no pueden circular.
Vinculados a procesos globales, pero con características “nacionales”, los nuevos burgueses están asociados a la expansión de una cultura mediática. Su estilo de vida se escenifica en el circular de las 4×4 por las autopistas, asi como tambien en el crecimiento de las llamadas urbanizaciones cerradas, en la proliferación de nuevas propuestas de servicios de corte hedonista, el gusto por el buen comer y beber y en las nuevas formas de ocupar el espacio urbano. Lo urbano ya no es concebido como un espacio público, se mercantiliza en todas sus facetas. Así podemos entender, el goce por los centros de consumo, los barrios cerrados, los lugares de juegos infantiles, las propuestas vacacionales “encerradas” en espacios ficcionales rodeados por la exclusión social. Estos nuevos burgueses prescinden de los viejos proletarios, ya que no es la fábrica el motor del desarrollo. La clase obrera es brutalmente transformada en trabajadores precarizados, fácilmente desechables, ya que en su perspectiva no existe el bien común y universal como para los antiguos burgueses de Marx y Weber. En ese sentido los noventa han caído en términos políticos, pero no terminan de hacerlo en términos sociales, económicos ni como modelo representacional, a pesar de que emergen formas de resistencia cultural. Como señalan las estadísticas, luego de un breve intervalo entre fines de 2001 y comienzos de 2003, la clase media alta ha vuelto a consumir ostensiblemente las marcas caras que disfrutaba en el marco de la convertibilidad de los noventa. Por su parte, en términos ideológicos y políticos su preocupación por la pobreza que generan –visible en la persistencia y crecimiento del trabajo en negro– no redunda en una preocupación social sino autoritaria y persecutoria como podemos observar en la obsesiva referencia a la inseguridad asociada al delito.

Bibliografía

Wortman, Ana (comp). Imágenes publicitarias/nuevos burgueses. Prometeo Libros. Buenos Aires, 2004.
Bell, Daniel. Las contradicciones culturales del capitalismo. Alianza, Buenos Aires, 1976.
Harvey, D. A Condição Pós-Moderna, Loyola, 1993, Parte 2.
Marx, Kart y Engels, F. Manifiesto del Partido Comunista, Burgueses y proletarios: http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/47mpc/i1.htm
Lash, Scott. Sociología del posmodernismo. Amorrortu, Buenos Aires. 1997.
Bauman,  Zygmunt. Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Gedisa, Buenos Aires, 2001.

Este artículo fue publicado por el diario Clarín en noviembre de 2004.

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