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Los primos

Por David Wapner

Salimos a comprar comida para los gatos, eran las 19.50.
Cruzamos Atzmaút, y ya estamos en la vereda del supermercado.
Uno, dos pasos:
—¡Qué hacés, David!
Giro hacia la voz: en la esquina, por Anilevich, mi primo Maty en el asiento de acompañante de un coche que a lo mejor es el suyo, pero no reconozco. En el asiento de atrás, mi prima Zuly. Al volante, Andrés, esposo de Zuly,
Giran por Atzmaút a la derecha, buscan espacio, estacionan.
—¿Y cómo andan?
—Aquí andamos, ¿y ustedes?
Zuly y Andrés viven en la Galilea, ahora están refugiados en la casa de mi tía.
Les digo:
—¿Vieron que comenzaron a evacuar?
—Ah, sí, en Kiriat Shmona.
—Pero —insisto— la Hasvará (el servicio de información al exterior) está en un problema. Por un lado, necesita mostrar que en Israel también hay refugiados por la guerra, pero por el otro no se puede mostrar debilidad en la retaguardia.
Andrés:
—Esa es la inteligencia judía.
La conversación se desplaza de inmediato a los sucesos de la guerra, de este modo:
MATY (a David y a Andrés): ¿Viste que se supo que en la aldea Qana no hubo sesenta muertos, como habían dicho, sino veintitrés?
DAVID: ¿Cómo?
MATY: Fraguaron la escena; bombardearon al edificio, sí, pero cuando filmaban, fotografiaban lo mismo desde ángulos diferentes, todo muy manejado.
DAVID: No entiendo, ¿en dónde salió eso?
ANDRÉS: ¡Un periodista que estaba ahí lo reveló.
DAVID: ¿Pero en dónde salió?
MATY: Salió en todos los diarios, no sólo acá, afuera también.
DAVID: Yo no leí nada.
MATY: ¿Cómo que no? Y no sólo eso, ¿viste que en las fotos aparecen voluntarios de la Cruz Roja? ¡Eran de Hizballah! Actuaban, hacían que recogían los cadáveres.
DAVID: Pero eran cadáveres, esa niña muerta era de verdad, ¿de dónde irían a sacar cadáveres sino de las ruinas?
MATY: ¿Y qué se yo de dónde los sacaban?
ANDRÉS (toma a David de un brazo: ¡Estaba todo arreglado! ¡Lo dijo el periodista alemán! ¿No te das cuenta?
DAVID : No entiendo hacia dónde van ustedes, ni siquiera el gobierno desmintió el suceso.
ANDRÉS: ¡Claro! Pero no hubo 60 muertos, sino 23, ¿entendés?
DAVID : ¿Qué me querés decir con eso? ¿Bombardean a los civiles en sus casas o no?
Andrés me toma a David del  brazo, lo aparta del grupo, le habla en voz baja, por si alguien escucha (en castellano, sólo nosotros entendemos:
ANDRÉS: ¡Pero vos no entendés! ¡Hizballah oculta armas en las casas de la gente!
DAVID: La gente apoya a la guerrilla…
ANDRÉS: ¡Les pagan! ¿Entendés o no? (oprime el brazo de David) Les pagan, les dicen, muchachos, guárdennos estos cohetes —o bombas, o lo que sea—, cuidado que están activadas. Escuchame (oprime el brazo), yo estuve en la guerra anterior, ¿entendés?
DAVID: Ya sé.
ANDRÉS: Y yo mismo, con mis propias manos, saqué toneladas de armas escondidas en sótanos. ¡Todas las casas están conectadas por túneles! ¡Redes de túneles!
DAVID y ANA: De todos modos…
ANDRÉS: ¡Pero qué les pasa a ustedes! ¿De dónde salieron? ¿Sabés quién es Nasrallah! ¡El dueño del negocio de la heroína del sur del líbano! La mitad de las ganancias son para él, y con la otra le da a la gente, construye hospitales, escuelas… ¿Qué se creen? Ustedes piensan todavía en la guerrilla latinoamericana.. acá no hay ideales, hay droga, hay millones…
ANA: Nada de eso justifica la invasión y la destrucción del Líbano.
ANDRÉS: Ana, yo trabajo con árabes y drusos, ellos respetan a los fuertes, si te mostrás débil, te pasan por encima.
ANA: ¿Quién pasa por encima a quién?
No responde. Reparte caramelos:
ANDRÉS: Vamos, agarren: son mentas, no guerra.

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