Panorámica
Por Leonardo Sai
La interpretación coyuntural de la economía argentina en el contexto de la economía mundial queda clavada al eje respecto del cual se mueve toda la decisión del Estado y, a su vez, la especulación de la política electoralista (cortoplacista, oportunista, una oposición fragmentada aglomerada, intermitentemente, por un poder económico tradicional y mediático que, cabe no olvidar, jamás precisó una unificación “de concepto” para llegar el gobierno) esto es: El tipo de cambio. Desde el 2003, hacer la exégesis de la política y la economía del país es entender este norte y el movimiento de las fichas a su entorno. Todo lo que la Argentina, económicamente, posibilita e imposibilita, consulta al tipo de cambio como astrología de supersticioso: El tipo de cambio real multilateral se ubica todavía un 60 o 70% arriba que en diciembre de 2001 y con un dólar a 4.20 todavía el tipo de cambio sería un .0 o 40% superior al ocaso convertible. Brasil, atraso cambiario y el REPRO explican el sostenimiento del empleo PyME y la recuperación del 95% de lo perdido desde el 2008, o sea, 160 mil empleos que fueron, directamente, destruidos por el nervio de la crisis.
La entrada de divisas, acumulada por el Banco Central, alcanza la suma necesaria para que la gimnasia especulativa de la fuga de capitales de la burguesía no envíe, de conjunto, al sistema económico nacional a un nuevo precipicio. Cualquier faltante de dólares queda cubierto para los próximos 15 meses. ¿Y la inflación? Existe, es una obviedad, pero no tiene una dinámica de ascenso en espiral porque la demanda tiene techo, esto es, control vía paritarias y el gobierno financia acceso al crédito a “tasas blandas” (Banco Nación y Banco Central, principalmente, y ANSES respecto del financiamiento de infraestructura, automóviles y energía, es decir, Atucha II) a las PyMES que funcionan al tope de la capacidad instalada, o tienen margen de capacidad ociosa porque están rindiendo, productivamente, las inversiones 2008-2010, con lo cual la inflación está, relativamente, administrada, debiéndose poner el énfasis, fuertemente, sobre los el rubro alimento donde se condensa el eje de presión del poder opositor agrario sobre el conjunto de la sociedad. Pero el primer interesado en la inflación es el fisco.
En términos monetarios, al crecer la inflación, sube la recaudación y quedan financiados los sectores subsidiados (energía, trasportes, servicios públicos, etc) que incluyen los aumentos a jubilados, empleados públicos, asignación universal. La economía argentina se estima, oficialmente, que crecerá al 7% este año, Hillary Clinton felicita a Kirchner por su rol en la mediación del conflicto Colombia-Venezuela y la “patria financiera”, para el período enero-mayo, desembolso utilidades por 3938 millones de pesos, 46.4% más que igual período 2009. Dicho de otro modo: Cristina Kirchner llega a las elecciones 2011 sin riesgo serio de golpe institucional ni mediático.
A lo largo de la historia del capitalismo desenvuelto en el país, por lo menos, desde 1914, la forma de la acumulación estuvo hasta 1976, cada diez años y un poco más, aproximadamente, en constante disputa. El 30’ no equivale al 45’, el 45’ no es el programa del 58’ ni el 58’ el de Onganía, ni éste el de la CGE ni el del 73’ asoma una similitud al desatado desde el 76’ al 2001. Afirmar que desde el 76’ hasta el estallido del 2001 se trató de una valorización financiera sin más, es, unilateralmente, reducirlo a una caricatura en donde los bancos y las finanzas oprimen a la industria. Desconocer el peso del capital financiero durante este período es una torpeza, simétricamente, extrema: Ramas enteras desaparecen, otras se achican hasta volver irreconocibles, la fábrica se vuelve un bolichito miserable, solo en los 90s desaparecieron el 30% de los establecimientos fabriles y una proporción semejante de empresarios, técnicos, trabajadores. La literatura sobre la destrucción industrial de este período es abundante y, parte de ella, toma en cuenta a los poderosos que lograron, dólar barato mediante, la potenciación tecnológica de la productividad de sus plantas industriales y empresas. El conjunto de la sociedad lejos de desarrollarse, empeoró, groseramente, y su empiria se manifiesta en los aparatos educativos, en la industria cultural y del entretenimiento. Las condiciones de la economía argentina hacia 2003 regeneraron la dirección de la acumulación con mayor necesidad de mano de obra intensiva, motorizando la percepción de un “modelo productivo” cuyo opuesto, en aquél entonces, suponía la completa dolarización de la economía y, actualmente, la oportunidad de la derecha para que, atada a los BRIC, termine la devastación de la tierra con glifosato. Andrés Carrasco. Y si no superamos el “commoditie” con China e India la oportunidad emergente denominada “armoniosa” por la Presidenta se trastocará como “relaciones carnales asiáticas”. (La última gran compra fue la mitad de la petrolera BRIDAS a la china Cnooc)
Lo que se debate, políticamente, en el presente es inédito desde hace más de 30 años. Desde 1976 no tenemos una experiencia social para una diferencia histórica: ¿Cómo pensar un desarrollo del mercado en el capitalismo del siglo XXI que no nos sepulte a la dinámica, ajustadamente, financiera que durante la convertibilidad secuestró al Estado el concepto mismo de política económica? La carga, el peso, de aquellos debates y disputas económicos marcan el eco latente del presente, donde cada uno se imbuye de su propia receta y cada sector esgrime un particular dibujo de “modelo económico”. Es menos una especie de revival de “unión democrática” que un cúmulo de intereses y ambiciones individuales. No es por democráticos que tienen que aguantarse hasta el 2011. Que la bilis de Carrió, Solanas, PRO y compañía no nos infecte el alma con asco simétrico.
Los argentinos vivimos dos pasiones: el miedo y el acuerdo en no estar de acuerdo en nada. Frente a esto, Cristina Kirchner interpela al conjunto de la sociedad, las llagas de su historia reciente, lo cual explica su legitimidad y candidatura. Es también la ocasión para un proyecto de política productiva como inserción en el capitalismo tecnológico del siglo XXI, pese a la crisis mundial, cimiento de una sociedad menos injusta.


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