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Miseria bonaerense

vomitandoPor Leonardo Sai

Podríamos acuñar la palabra “des-saber” para designar este juego en que todos saben —y no quieren saber— que todos saben —y que no quieren saber— cuál es la verdadera naturaleza de los intercambios.

Pierre Bourdieu

El Estado de la Provincia de Buenos Aires fracasa, visible y groseramente, en la integración, en tanto fuerza de trabajo, de los jóvenes del Conurbano, en las redes productivas. ¿Qué hace? Estadística y empirismo radical. Se miden las infinitas variables del asistencialismo, las subas, las bajas, al dictat de la recaudación y el sostenimiento de los caciques. No se trata de un problema del gobierno nacional, así nomás. Los estados provinciales tienen un enorme campo de intervención sobre “los jóvenes”. El llamado “clientelismo” es un fenómeno complejo. Complejo no quiere decir “imposible de ser superado”. Complejo quiere decir: Grueso íntimo de complicidades que tienden a reproducir sus propios contenidos, de no verse alterada, conmovida, sustancialmente, la forma social. Dicho de otro modo: Retírese al cacique, ármese la famosa asamblea democrática, vótese representantes y solitos irán a peticionar al Dios (no de la Meca sino de la Merca) por los beneficios del Maná Electoral. No puede entenderse este problema político como una “falla” una “ausencia” o una “eficacia selectiva” en la dominación sino respecto de su diminuta variable específica: Sadismo. En efecto: Lo único que esperamos del “pibe chorro” es que siga siéndolo. Detengámonos en una insignificante pesquisa teórica.

Los sociólogos repiten una frase que reza “quien nomina, domina” como si tal proceso pueda darse de modo unilateral. De allí que surja una actitud-escuela llamada “miserabilista” donde todo el poder de nombrar está, sea en una estructura sin sujeto de la cual el nombrado surge como efecto, sea respecto de un actor que impone su sello con eficacia simbólica. La actitud unilateral inmediata es su contrario simétrico: El “populismo”. Allí no hay dominador, ni estructura condicionante o estructurante sino una plenitud que se auto-afirma con sus “propias banderas”. Pero la dominación es dialéctica y Occidente la compacta en el Mito (Edipo) Es una fantasía donde el otro es una necesidad del amor y odio propio, esto es, una necesidad de Amo, de reflejarse, especularmente, como una imagen invertida que el dominado hace propia. Cuando la dominación se vuelve indiferente respecto de su objeto, ejerce un poder sádico. ¿Qué decimos? Los pibes chorros son el fracaso de la resistencia a ser instrumento del poder de policía.

Las mesas redondas donde, mediáticamente, se discute sobre los mayoristas del vicio y “la juventud” tiende a sí su mantel moral sobre la micro-economía del Intendente con la cual la noche-mercado goza una clientela dócil y violenta: Bares, Remiseros, Maxi Kioskos, Boliches, Estaciones de servicio, Hoteles, los Micros repletos de pibes para trasportarlos a la disco; etc. Es una complicidad, un proceso complejo, donde la dominación se despliega como indiferencia. La sociedad argentina no concibe ningún proyecto para las villas, la marginalidad creciente, que su financiamiento (asistencia social y obra pública penal) y tibias reformas de tipo institucional. Pero integra, lascivamente, al margen como objeto de consumo. La juventud expulsada del deseo de la sociedad, vuelta un objeto del cual no importa demasiado si resultará aniquilado o no.  No se puede perder el tiempo con este asunto: Los planes asistenciales y el mercado de trabajo son el corto plazo de la reproducción de la marginalidad adolescente, administrada, directamente, por el sistema penal. Peatonal céntrica de San Martín, sábado a las tres de la mañana: A disposición del “pendejo” todos los excesos que tolere su cuerpo bajo el límite de su propia resistencia, de un lado. Del otro lado, el Plus, la Bonaerense.

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No deja de sorprender: Todo el mundo sabe que entre las 5:30 am y las 6:30 am, las villas se van a encontrar con una excusa a la cual se la denomina “cheto”. Entre la avenida Perón y 25 de Mayo se define la esquina del enfrentamiento territorial. Numerosos bares rodean a dos de las más importantes discotecas de la localidad de San Martín. Es una zona neurálgica por la cual se transita, incluso para dirigirse a otros bares y boliches de la zona. La Villa Cárcova no “para” en este “espacio de fricción” entorno a una estación de servicios donde los tarjeteros de los boliches hacen marketing. La fricción es un cruce de miradas entre lo que será percibido como “cheto” y como “negro cabeza”. El ring alrededor de la nafta es un paseo para quienes, cual miniaturas de Chiche Gelblum, disfrutan con “los boludos”, esto es, “los borrachos” que se “cagan a piñas”. Y todo lo que se dice y se hace de esto será luego procesado por la mediática personal: La foto, el Facebook, el chateo con el celular. La noche-evento es puro alimento, entretenimiento para una nada sin bordes.

¿Se trata de un objeto en disputa? ¿Una cuestión de pertenencia o de su negación absoluta? ¿Una fricción por “quién manda”? ¿Quién es El Macho? En todo el Conurbano existe esta “fricción” que se observa en la nocturna de Perón y 25 de Mayo. No es un lugar lo que está en disputa, ni un territorio, ni un “modo de habitar”. No es una cuestión de traducción futbolística. Tampoco es algo inaccesible. Recordemos que Gustavo Posse, intendente natural de San Isidro, intentó solucionar la expresión violenta de la violenta desigualdad social con un Muro; Ocasión para el discurso progresista de Stornelli y unas declaraciones, soberbiamente, patéticas y ridículas del bigote de la Municipalidad “que es distinta”. Es incuestionable que esta problemática se disuelve atacando sus causas estructurales: Más educación, salud, empleo. Sucede que no nos motiva escribir para decir lo obvio: ¿Quién puede negar que la polarización social extrema en el Gran Buenos Aires, Córdoba, Mendoza destruye la alta integración histórica de estas sociedades y produce, fundamentalmente, en los jóvenes desocupados altos niveles de violencia delictiva cuya víctima principal es la población local?

La compleja empresa criminal, esto es, la aceitada economía de la droga, las armas, las personas, los secuestros, los piratas del asfalto, los desarmaderos, el sistema policial-judicial que convive con todo esto (gobernadores, intendentes, etc) se escinde de la referencia a “marginalidad-desocupación-desigualdad social”, tiene autonomía propia y allí donde producen, es decir, donde despliegan las bases operativas, logísticas para su desarrollo, la intervención de grupos con diferentes escalas de organización, desenvolvimiento e inteligencia, regulados y administrados por las policías, producen la prensa que necesitan para trabajar tranquilos: Los Pibes Chorros son el espectáculo que permite legitimar y ocultar la economía política del crimen organizado. La Mano Dura le sigue, como anillo al dedo.

Dicho de un tirón: Se trata de sustraer el “proletariado pordiosero” al poder político del sistema penal y de la empresa criminal organizada, transformándolo en fuerza de trabajo bajo la planificación de un Estado, regionalmente, integrado a cadenas de valor supra-nacionales. No se trata de “planes de asistencia”, sino de relación y lucha salarial. No se hace preguntando si quiere o si no quiere, sino bajo régimen de trabajo obligatorio (entre 550.000 para Sileoni y 900.000 para Casaretto, jóvenes NI NI, es decir, que “ni estudian ni trabajan”) Tampoco con un Estado centrado en una economía nacional sino integrado a una economía regional con grandes necesidades de producción y de mercado; No se trata de “servicio militar obligatorio” sino del uso productivo de las inmensas tierras y galpones del Ejército Argentino, a lo largo del territorio nacional, para el desarrollo asociado regional y local, de repensar y actuar sobre la distribución poblacional desproporcionada del país. ¿Qué duda cabe que “las mafias” encontraran otros nichos y presentarán sus resistencias acusando estos intentos de “estalinismo” “nazismo” con chácharas sobre la democracia y el mercado y la libertad? Pero el mercado debe constituirse en un instrumento de poder del gobierno para reducir, sustancialmente, la población excluida de la Producción. La “empresa privada”, sencillamente, jamás alcanzó en una economía dependiente.

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Hace años que el Estado, por derecha y por izquierda, delega en el sistema penal y en su brazo policial la población excluida de la producción de la vida social. No es casualidad que la obra pública “cárceles” no deje de aumentar, con el consiguiente aumento de la delincuencia y superpoblación del encierro. Se podrá seguir financiando ese depósito de carne humana agigantando su estructura, agregándole mucho hospital, mucha escuela, mucho deporte y capacitación para el trabajo, redoblando un personal de psiquiatras, psicólogos, pedagogos, docentes, etc. Todo esto puede y será deglutido por el estómago del sistema penitenciario; Forma parte de su esencia adaptarse a la reforma y la escuela, el hospital y el baile de los científicos sociales son todos hijos suyos.

La completa indigencia política para decidir sobre estos asuntos sostiene una inmensa miseria social y sufrimiento colectivo, la inutilidad de millones de argentinos, la recreación continua de depósitos de exclusión económica: La pertenencia (identidad) que negamos a las nuevas generaciones no solo envilece y degrada nuestro presente sino que amenaza la posibilidad de que el destino nacional, en caso de existir, pase a otras manos. La determinación del rechazo a estos adolescentes marginales cava la fosa de cualquier política progresista de largo plazo, caldo de cultivo para sucesivas e interminables explosiones de dolor y manipulación de extrema derecha. Pensar un proyecto para estas generaciones desperdiciadas no es otra cosa que la relación a establecer entre voluntad y estado: No puede sino existir en las villas miserias un irascible localismo o territorialismo porque la exclusión de la relación con el trabajo es un rechazo al acceso a la condición enajenada del ser humano, esto es, a una relación genérica. El “Pibe Chorro” o “el rock chabón” no puede escapar de la condición de particular, de local o de visitante, carece de una totalidad desde donde pensarse. La endogamia aparece, entonces, como toda trascendencia. Algunas puntualizaciones.

No nos hemos ocupado de los “jóvenes marginales-marginados” porque consideremos la utopía de una sociedad sin desocupación, mediando la acumulación del capital, sino el problema de ejércitos de reserva que cada vez son menos de “reserva industrial” y cada vez más de depósitos de carne; Hablamos de una integración a la totalidad del Estado en una economía política regional que es el único horizonte, por la magnitud del mercado, que puede permitir la incorporación masiva, a través del Estado, al mundo del trabajo; Tampoco nos ha interesado una reflexión ontológica sobre la figura del lumpenproletariat o “proletariado pordiosero”; Nos pareció más urgente, imperiosa y coactiva su dimensión sociológica como un problema político, sin duda, no para “La Revolución”, sino para el desarrollo de la democracia y el capitalismo argentino. En todo caso, su ineludible condición material.

Nuestra pereza histórica, nacionalmente delimitada, se enuncia: “Sensación de inseguridad”.

29 de julio de 2010

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