Tras los pasos de nadie V
Crónica-catártica
Por Eduardo Montes-Bradley
No hay negro con perro. No hay negros con perro (s). Los negros y los perros no se llevan bien. No es un prejuicio, es el resultado de una meticulosa observación de campo en New York. Mi observación que concluye así: “No hay negro con perro, ni su plural. Los perros son cosa de blancos”. Doy fe. Un negro con perro no hace verano, yo detecté uno en Wall Street. El tipo paseaba a su novia, el cachorro iba atado. La novia era del negro, no del perro. Creo que ese negro no sabía que los perros son cosa de blancos. Los chinos tampoco tienen perros. Los perros en New York son cosa de blancos y blancas. En cualquier caso de occidentales de tez clara.
Hay muchos franceses en New York, demasiados. Algo debió de haber pasado en Galia que de repente todos se vinieron para este lado. Hoy me crucé con uno que tenía muy mala leche, y que me trató con arrogancia. Muy francés el francés. Creo que los franceses están amargados porque tuvieron que contratar africanos para perder el mundial que no pudieron jugar. También porque ya no impresionan a nadie en los salones, porque su idioma es prescindible, porque la literatura francesa dejó de existir con la consagración del desodorante. Estoy enojado con Francia. El bidet es un adminículo hipócrita, colapajista. Estoy cabrero con el francés de mierda que me quiso atropellar con la bicicleta mientras paseaba por la promenade del Brooklyn Bridge. Dije promenade para que no se sientan tan mal por haber dejado de tener un lugar de preeminencia en las letras, en los vinos, en la moda y en la gastronomía. Debe ser jodido ser francés en estos tiempos en los que Francia solo produce vergüenza. El presidente blanco de Francia manda a la ministro blanca de Francia a que levante en peso a los jugadores en Sudáfrica por haber traicionado a la patria. ¿A cuál? Los negros no tienen perros, los negros no nadan; los blancos no saltan ni saben bailar. Fin de las observaciones de campo. Antecedentes: Cortázar se hace el idiota cuando Aurora le menciona la noticia: “Tres argelinos aparecieron flotando boca abajo en el Sena”. A Cortázar no le importa Indochina, a Cortázar no le interesa Argelia, a Cortázar no le importa que 16 de los mejores hombres del aparato de inteligencia del Ejército de la République française, (ʁepyblik fʁɑ̃sɛz), asesoren al régimen de Videla. A Cortázar no le importa. A Cortázar le lavaron los pies en la India y el bocho en Montparnasse.
Leo el diario: En Caracas El idiota resucita al libertador para comérselo en una celebración caníbal-socialista. Cada uno de sus ministros deberá chupar un huesito de Bolívar para que el espíritu del muerto transmute en revolución. ¡Cristo Vive!, vocifera el simio. Estamos en el siglo veintiuno, y la estamos pasando bomba. La inteligencia argentina brinda su “apoyo estratégico” a El idiota. La inteligencia argentina es una vergüenza. Francia es una vergüenza. Cortázar un mal recuerdo, un pasatiempo de colegialas cachondas. España está condenada a lo suplicios de un sietemesino que manda personal técnico especializado para contribuir al esclarecimiento del crimen del siglo (XIX). México desespera, África espera, Argentina vende peras. En un quiosco de la Calle 42 venden peras de Neuquén. Me siento orgulloso de la pera. Me siento patriota, henchido de orgullo le digo al paquistaní que esas peras vienen de un lugar que –como Manhattan– conserva el nombre originario. Los originarios me tienen las pelotas por el piso: no hay nada originario, siempre hubo algo antes del idiota que se cree original.
Edificio paralelepípedo. Peor es Gaudí. También: Copia del recurso de una foto consagrada.
Aquí no hay apaches, lo lamento por Piro y Genovese. Vine buscando apaches como les prometí y no encontré ninguno. Todos los apaches están al otro lado del Mississippi. De este lado hubo, por ejemplo: comanches. Pero los Comanches la fregaron, se equivocaron demasiadas veces. La primera por afiliarse con los ingleses en tiempos de la Revolución, la segunda cuando se pusieron del lado de los Confederados en tiempos de la Guerra Civil, o Guerra entre los Estados como la llaman los correctos, o Guerra Imperialista del Norte como la llama el boticario de Charleston que no me quiso vender preservativos. Primero Washington, después Grant tuvieron a su cargo enseñarle a los comanches el verdadero significado de la derrota. Más de 20000 de los puros viven en Oklahoma, que alguna vez fue reserva y hoy es estado. Oklahoma está llena de originarios de Irlanda y de América. En cualquier momento me voy a Oklahoma y que los franceses se vuelvan a Galia.
Los comanches no lloran; los negros no tienen perro (s).





Comentarios (un comentario)
Muy divertido Eduardo. Tu alegia por los bidets me hizo acordar de la frase del rey Alfonso XIII: Con este asunto de los bideces el coño no tiene gusto a na!!!
Abrazo:
LAO
LAO / Julio 21st, 2010, 8:02 pm / #
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