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Tras los pasos de nadie III

Por Eduardo Montes Bradley

4 The Julio.

O cinco, que viene a ser lo mismo en este relato de viaje eclipsado. El mexicano ya no sirve, el calor me tiene refugiado debajo del puente de la calle 59 donde cementa sus reales The Food Emporium. Buen café (palmeritas frías), lindas minas –ocasionalmente gélidas –. Lo de anoche fue una borrachera de fuegos artificiales sobre los muelles del Hudson. Si los cálculos no fallan debió haber sido precisamente allí donde el Loco aborda el vapor desde el que verá los Palisades. Tengo pendiente ese viaje de Sarmiento. Si tan solo se callara el idiota que le habla a su hija de tres como si tuviera dos… El idiota es ostensible, no oculta su imbecilidad y pretende jugar a las muñecas con su hija Sydney. Ahora que lo pienso, la niña tiene un cierto parecido físico con la hija de Daniel Guebel. No me lo imagino a Guebel hablándole como tonto a su hija en un café. Aunque quien sabe, tal vez lo haga cuando nadie lo ve. Todos hacemos cosas estúpidas cuando nadie nos ve. Por momentos eso implica un elevado riesgo, por ejemplo en Nueva York donde los ascensores tienen cámaras que transmiten a un panel en la recepción de la Planta Baja donde todos, y digo todos, pueden ver cómo uno se saca los mocos. Big Brother lives in my elevador. Tocqueville, como Sarmiento, también habla del Hudson y todos hablan de Tocqueville pero pocos recuerdan el viaje del Loco y ya nadie menciona la incursión americana del joven Dickens. Esta última me sigue pareciendo el más curioso de los tres, particularmente su posterior enmienda, o disculpas. Los escritores ya no se disculpan. Saramago debió haberse disculpado antes de morir.

EMB_9889Junto a Abe en Gettysburg.

Hace treinta años Manhattan era una isla de hombres y mujeres con gatos; mientras que París era claramente una ciudad reservada para perro-propietarios. Creo que eso ha cambiado. En New York hay una erupción de gente con minúsculos canes. Se me ocurre que la especulación inmobiliaria y la soledad puede tener algo que ver con esa transfomación. Lo primero daría cuenta del tamaño (del perro), lo segundo que fuera perro y no gato. Según lo anterior, el neoyorquino de hoy sería menos independiente emocionalmente que el de los años setenta. Es sabido que los amos difieren –al menos en eso– de los gato-propietarios cuya relación o vínculo con sus mascotas no puede establecerse en términos que contemplen el concepto de amo. Yo, que pertenezco a la especie de los primeros sólo se de mi desesperada dependencia.

Me pregunto si los vecinos le habrán dado de comer a mi dueña.

EMB_9892Patea el primer penal la selección del general Robert E. Lee. 1-0 ganan los confederados.

EMB_9894El equipo de Grant se prepara para la derrota del primer día. La victoria final les está asegurada.

EMB_9896Un lejano pariente de Petrarca en las tropas unionistas.

EMB_9936Un lejano pariente de Quintín entre los confederados. Siempre del lado equivocado este muchacho…

EMB_9950Victoriosos confederados de regreso al campamento tras la primer jornada, el partido termina 1-0.

EMB_9960

Montes-Bradley toma las armas.

EMB_9975Soledad ocupa su lugar en retaguardia.

EMB_9988Una vista al campamento.

Todavía traigo polvo en los zapatos, polvo de Gettysburg. Eso fue hace tres mil años, es decir: el viernes. Mientras los jugadores se disponían a ingresar al campo de juego en el fin del mundo para dirimir una copa que se escapa, aquí disponen lo propio las tropas de Grant (equipo azul) y las muy grises de Lee. La batalla de Gettysburg duró y seguirá durando tres días. Cada año, ante una concurrencia de padres con hijos, y madres, y madres-abuelas, los soldados de uno y otro equipo juegan a sostener el tiempo con interpretación meticulosa. El relator del encuentro hace notar que hace 147 años la temperatura –a esa misma hora– era tres grados inferior. Dicen que hubo quien mantuvo registros atmosféricos de la batalla con el objeto de mantener registros atmosféricos de la batalla.

¡Por dios, callen al padre de Sydney!

También cuentan que el excesivo movimiento de jinetes que vemos desplazarse del frente a la retaguardia responde a la necesidad de comunicaciones. Antes de la batalla –y cuando fuera posible– se tiraban por tierra los cables de telégrafo para para evitarle a los jinetes la corrida. Al parecer Gettysburg tomó por sorpresa a las partes y hubo que prescindir del recurso. Dato curioso: Si bien el frente y la retaguardia permanecieron comunicados merced a las corridas de jinetes y voluntariosos infantes. Lincoln – en Washington – no dejó de recibir informes por cable.

“Avanza por el flanco interno junto al arroyo una escaramuza de seis valientes… cinco valiente, cuatro valientes, dos valientes. Ups!

Volveremos a intentarlo por el flanco izquierdo buscando la protección que ofrece el granero de los McCormick”

Otros jinetes son abatidos por el fuego de las baterías de artillería: tres para ser precisos. Ahora Juegan con el pasto o duermen el sueño de los soldados. Dice el narrador que las balas de una onza no matan, pero que resultaban devastadoras de cualquier modo. De impactar el plomo en el estómago, o en el pecho, habría de auxiliarse al condenado arrimándolo a la sombra de algún árbol. Lo que sigue es una muerte lenta y poco piadosa. No sé porqué me acabo de acordar de La mancha venenosa. Finalmente se fue el idiota con su hija Sidney. Si la herida fuera en alguno de los miembros, la amputación resultaba irremediable. Gettysburg fue una carnicería que cambió la manera en la que habrían de pelearse las próximas batallas hasta la irrupción de los aeroplanos en la guerra del ´14.

Aviación:

El cielo sobre el Hudson está sembrado de helicópteros en los que asoman hombres-pájaros armados. Una escuadra de algo remonta el río hacia Westchester y todos aplauden. Hoy es 4 The Julio, día de celebrar. En Argentina se celebran dos días de la independencia, aquí sólo uno. Los gringos no saben lo que se pierden, por eso están como están.

EMB_0232Los neoyorquinos pueblan la rivera a la espera de los fuegos de artificio del único día de su Independencia.

Junto al río hay miles, decenas de miles. En esta ciudad –que sobrevivió al delirio de un 11 de setiembre– la gente se junta y celebra con vino blanco y un mazo de cartas sobre mantas dispuestas en el césped. Son de todos los colores las mantas y las gentes; vienen de todas partes, siguen viniendo: Made in Everywhere. Entre las tropas del Norte hubo voluntarios de Garibaldi y entre los espectadores de ayer algunos de sus descendientes. También mis antepasados anduvieron por allí, por los muelles y por Gettyburg. El dato carece de relevancia.

Decía: traigo polvo en los zapatos.

EMB_0268The End.

Comentarios (3 comentarios)

[...] Montes Bradley viaja por USA a la busca de apaches. Pero se encontró con un lejano pariente del referí bobo de San Clemente. [...]

Phantom Circus » Blog Archive » Encuentros inesperados / Julio 6th, 2010, 6:52 pm / #

todo esto porque cuando eras niño no te regalaron soldaditos de plomo, a Soledad sin embargo le queda fenomenal el gorrito de la casa de la pradera.mmmmy cómo se llama el padre de Sydney? es fundamental en la historia!

Pilar / Julio 6th, 2010, 9:53 pm / #

Usted se ha perdido en el pasado que modifican las representaciones de una cultura ahogada en lo que consume y consumida por el ahogo. Hace documental antropológico con síntomas. Bien.

Felix / Julio 8th, 2010, 10:42 am / #

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