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Sinceridad de un festejo

Por Leonardo Sai

A Tato Bores.

La mirada cansada, condescendiente, con la cual todavía muchos miran el pasado, clausurando la interpretación, merece, sin duda, una condena ética. Es, en cualquier caso, un signo de indigestión histórica. Quienes desean a buenos de todo bien y a malos de maldad absoluta, en última instancia, claman por chivos cuyos sacrificios susciten ideas de progreso: Un pasado que se perciba como superado, temores disipados, la fuerza de la repetición enmohecida por la superficialidad de una (pseudo) dialéctica. Que la historia se viva como la vida propia es el enlace que la actualiza, la desmitifica y su estudio cobra cierta relevancia; Con una reserva: Debe ser desterrada la gran desconfianza sobre el presente.

Nuestro festejo bicentenario, acaso implique, el paso urgente hacia la reconstrucción de una confianza[1] que haga posible la pregunta que muerda lo porvenir: La tierra es condición y fidelidad de todo pensamiento. Apartar la óptica del desprecio, del argentino porquería, no es nacionalismo barato. Es estar abierto a un pensar no apocalíptico que, en la medida de abandonar ese miedo pendular que retorna al origen, conciba presente para la Argentina en el siglo XXI. Pesimistas y optimistas se debaten en torno a Dios, poco les importa las necesidades del país y la forma más eficaz de forjar a la política. Resulta claro: No salimos de la decadencia con un pensamiento, a la par, decadente.

No se trata aquí de clasificar el aplauso y la alegría acontecida sino del decir. El decir es una necesidad (obviamente no del concepto) de los nervios, ojos, de la lengua, que quieren conservar lo palpitado, lo que han visto, sentido, quiere expresarlo. La palabra es siempre derivada. Creo que estamos hartos del auto-desprecio, nacionalmente, sufrido como carga. Alguna mujer declaró: “salimos a la calle y somos argentinos no solo en el Mundial”; Unos pibes afirmaron: “queremos estar mejor en el futuro”. Condensaban, estrictamente, al unísono: Masivo manifiesto de amor propio. El estado de ánimo colectivo demandó este evento, lo teníamos que confesar: La historia nos duele. Y esa Fuerza Bruta, rompió, artísticamente, con cualquier tentación de ceder al Billiken. Proyectamos la sangre en el Cabildo, la industria, la guerra, la revolución, la moneda débil, en un crudo desfile que demuestra que estas formas de impacto del arte son genuinas hacedoras de auto-conciencia en la sociedad. Los historiadores, profesionales del mitrismo, no son auto-conciencia de nada. Al pueblo lo iluminan la sensibilidad de sus artistas, no la chispita ocasional del rumiar de aparato de Estado. Frente a este puño de la expresión artística también nos parecen redundantes, restos, toda la cortesana maraña del parásito correcto: ¡Apúrense! ¡Apúrense! ¡Que a la cámara no se le vaya a perder un brindis con Néstor! Sucede que las babosas también tienen derecho a existir en nuestra naturaleza argenta. Volvamos.

Cristina Kirchner marcó el tono de este sincero festejo con su carta y rechazo, honesto y legítimo, al rejunte opositor en el Colón. Destacable que la porquería del chocolate hijo del padre, Susanita, la familia PRO, el menemismo compacto hayan brindado en la reapertura mientras millones saltan en la 9 de Julio. Solo un Pueblo dividido puede ser real, puede ser Pueblo, de lo contrario es una masa amorfa. La caminata de los líderes del MERCOSUR fue significativa, emocionante, por la diferencia histórica, por la diplomacia, por el estilo: Evo, Pepe, Lula, Chávez no tienen nada que fingir al lado de Cristina. Brilla en la tarima; Seducción de una dama no equivale a hipocresía de cancillería: La máscara adquiere así textura.

Brindamos por este Pueblo: Pueblo dividido, real, Pueblo Argentino, que se congregó en las calles bajo el grito ¡Viva la patria! La única unión en la unidad es la de la muerte y su llamado de síntesis.


[1] Confiar en nosotros mismos. Me asquea su música y es ganado el cierre del salieri de Charly. Fito Páez enuncia, con su arte de tapa, la intuición que hace a lo porvenir: CONFÍA, su último trabajo.

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