Los últimos poemas de amor de Válery
Poeta de gélida perfección, Paul Valéry (1871-1945) cayó fulminado, al final de sus días, por una suerte de amor fou terrible y total. Su musa, 30 años menor, acabó abandonándole. Dos meses después, Valéry moría dejando un conjunto de 150 poemas inéditos, Corona & Coronilla, rescatados en Francia el año pasado y que lanza ahora Hiperión en versión del propio editor, Jesús Munárriz. Amor hasta la víspera de la muerte. El poeta Paul Valéry vivió los últimos siete años de su vida una intensa y secreta historia de amor, que le colmó de ternura, de poesía y desgarro, por este orden. Su amada, Jeanne Loviton, novelista, independiente, culta y de ajetreada vida sentimental, le hizo tensar al poeta su vena más lírica y escribir al final de su vida centenares de poemas de amor, desconocidos e inéditos desde entonces. Muchos de ellos, hasta 150, han sido recogidos en el libro Corona & Coronilla (en español en el original), que publicará Hiperión en edición bilingüe dentro de unos días.
Él tenía 67 años y ella 35. Fue en París y en 1938 cuando se conocieron. Paul Valéry era ya por supuesto el gran poeta y el influyente pensador que fue, y Jeanne Loviton (“Jean Voilier” firmaba sus novelas) era una abogada divorciada, dueña de editoriales jurídicas y de un largo y documentado recorrido amoroso entre conocidos escritores de la época. (Editores de NA)
Il Disperato
Lo que será, pronto ya no será;
mañana está muriendo en este mismo día:
detrás de mí, que perderé lo que amo,
huye en verdad el flujo del tiempo por venir.
Días que llegaréis, estáis ya concluidos,
gentes que naceréis, hijos que el amor siembra
en el futuro con colores de poema,
muertos estáis, pues viviréis superfluos.
La vida es rica en falsa pedrería;
si acaece que la hora te sonríe
detén a la esperanza, una vieja fulana:
bajo su maquillaje mira la eterna mueca,
retén tu boca, o teme que al llegar la mañana
descubras que has besado a una inmunda babosa.
A la profunda rosa…
Umbría y honda rosa, fragante gruta en sombra,
oh Rosa de placer, cuyo placer es llanto,
rosa húmeda a la espera de una caricia errante
por sus bordes de cáliz donde la carne es flor,
con tu agua deliciosa, oh blanda Rosa, embriaga,
hasta el divino exceso de la dicha animal,
a un corazón que huyendo de la horrible aventura
de vivir, el veneno de su extraño mal bebe…
Deja que en ti se fundan los labios favoritos
cuya labor tan tierna y sinuosa aviva
en ti cada vez más, siempre más dulcedumbre;
mientras que la belleza que te lleva palpita
y palpitante inspira una ternura hermana
que su suspiro llama y que se precipita…
Lo siento, amor, pero no…
Lo siento, amor, pero no, no son flores,
rosas no son, ni crespos crisantemos,
son versos que imaginan que me amas,
versos sin más, tontos como las lágrimas.
Lo siento, amor, no son flores, tampoco
claros diamantes ni piedras de color
para entibiarse con tu dulce calor;
son versos que a tu paso voy sembrando.
Los voy robando a esa punzante pena,
pena por ti que siempre hacia la noche,
no importa dónde esté, festivo el rostro,
se hinca en mi ser y lo hace estremecerse…
Ah si pudieran, tan pronto como se hacen,
huir de mi cabeza hacia tu corazón…
Querido veneno mío
¡Querido veneno mío,
todo, todo en ti, la carne,
la profunda cabellera,
la Venus de tu garbeo
y la Psique de tu espíritu,
y el corazón que me entiende,
que parece responderme,
todo en ti, todo me quema,
me enloquece por unirme
a ese caudal de emoción!
Era hermosa, con un corazón lleno…
Era hermosa, con un corazón lleno de contrastes:
le gustaban los patos, el amor, los pederastas
que llevan el correo en bandeja de plata.
Seguía los cursos de los Maestros, pero soñando
en una lección bien distinta,
en claridades menos austeras
en tales enseñanzas de otras complementarias,
en tal saber, seguido en la sombra, de un suspiro.
Era tierna. Era dulce acurrucarse
voluptuosamente, como una gata, en Ella.
Ver cómo iba muriendo el día en su pupila
muy cerca, y esperar en silencio el amor.
De tus frutos, oh Jeanne, fresa…
De tus frutos, oh Jeanne, fresa, durazno, almendra,
conocemos el tierno y potente sabor:
son frutos que han crecido gracias a tu fervor,
que se aprietan, se muerden, se chupan, beben, besan.
El jugo de Ternura más el zumo de Amor,
mientras va canturreando el alma con el alma,
al exprimir tus frutos, uno brota, otro cae,
y tanto uno como otro en tu sedosa estancia.
—


Comentarios (un comentario)
¿y si fuera Francia quién lo expuso a la caducidad?. El tiempo de la belle epoque ha concluido, la boheme y los sueños de otros modos para la vida debieron esperar hasta el 68 en esta Francia del 38 que se retira de sus luces como de una promesa incumplida. Pobre Rimbaud discreto a quien se le oscurece su último rincón.No es la traición de la vieja humanidad que se pasea con Byron por Saint Germain des Pres, sino la otra que viene taconeando con su ritmo testarudo
enrique / Diciembre 31st, 2009, 7:00 am / #
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